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6 DE DICIEMBRE
El abrigo de la Constitución
  UPYDLasNavas  | 6 de diciembre de 2013

España se constituye en un Estado social y democrático de derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

Artículo 1.1 de la Constitución Española

Thomas Jefferson comparó el rechazo a modificar leyes y constituciones con pedir a un hombre que siguiera vistiendo el abrigo que le sentaba bien cuando era niño. La Constitución Española de 1978 ha protegido a los españoles de la intemperie: de la desigualdad, de la injusticia, del totalitarismo y de otras inclemencias del invierno social, de aquel mundo prepolítico en el que, según Hobbes, "la vida de los hombres es solitaria, pobre, sucia, brutal y corta".

El abrigo constitucional está bien diseñado en lo básico. Contempla "como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político" (artículo 1.1). Muchas de sus disposiciones han funcionado correctamente y ha dado a España los mejores años de su historia. Nadie puede negar esto, salvo desde la mitificación del pasado.

Hay algo frágil y bello en confiar a un texto elaborado por personas la convivencia y el desarrollo de una sociedad. No es tan común como creemos. Muchos países, a día de hoy, todavía están regidos por un libro supuestamente celestial que interpreta una casta de sacerdotes. Naturalmente, no es posible alterar un texto así: si ese abrigo se queda pequeño, deberá ser la sociedad la que mengüe para acomodarse a él. En otros países no existe ley alguna o si existe está al servicio de un caudillo o de un único partido.

Las obras de los hombres, sean textos o sean abrigos, contienen errores y envejecen. Los principios constitucionales del 78 son impecables. Nada hay que cambiar a ese respecto. Pero el abrigo se nos ha quedado pequeño, algunas costuras han saltado y ya no nos protege del frío lo suficiente. Además, algunos tratan de romperlo. No se trata de tirarlo y hacer uno nuevo. No se trata de repudiar su patronaje. Se trata de arreglarlo para que nos proteja otros 35 años.

"España se constituye en un Estado social y democrático de derecho", comienza el Artículo 1. Sin embargo, si se pregunta a los españoles si creen que en España abundan la libertad, la justicia y la igualdad, si se puede definir a nuestro país como un Estado social y de derecho, muchos dirán que no o que a duras penas. Y esto es muy peligroso, porque si los ciudadanos piensan que el abrigo ya no les protege del frío podrían rechazarlo.

Alguien podría recordarnos que seguimos viviendo bien en comparación con casi cualquier otro periodo de nuestra historia, y que deberíamos conformarnos con lo que hay. La incertidumbre actual, provocada por una crisis que es política antes que económica, nos obliga a plantearnos qué funciona mal. Y el deseo de progreso, natural en todo ser humano, nos impide resignarnos.

La incertidumbre es mayor entre los jóvenes, entre los que nacieron en democracia. Ellos están familiarizados con los valores de justicia, igualdad y libertad. Sus expectativas son mayores, y por tanto también lo es su frustración. Quieren ser protagonistas del progreso como lo fueron sus padres, y no meros espectadores de la decadencia de su país. Probablemente sienten el frío más que nadie, porque estaban más acostumbrados al calor.

Hay que reformar la Constitución. No para dar una satisfacción a quien nunca va a estar satisfecho, sino para ofrecer un horizonte a los españoles. Algunos preferirían ser los sacerdotes que interpretan, siempre a su favor, un texto sagrado e intocable. Nos condenarían a todos al frío y terminarían por destruir aquello que, supuestamente, quieren proteger.

La Constitución no bajó del cielo. Su inmenso valor proviene de que es una obra humana, colectiva, el fruto de un propósito común. Los españoles se unieron en el 78 como nunca lo habían estado antes. Esa unión y ese propósito común están hoy en cuestión. Es el momento de renovarlos, pero no de forma retórica. Celebrar hoy la Constitución es pedir que se cambie, que se mejore, que se corrijan aquellos efectos secundarios que han terminado por desvirtuar los valores que proclama.

[fuchia]Unión Progreso y Democracia[/fuchia] pide la reforma constitucional desde el convencimiento de que, antes o después, tendrá que afrontarse. Hoy, felicita a todos los españoles por los 35 años de democracia y por un futuro que, sin duda, será mejor.


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