Las Navas del Marqués a 20 de noviembre de 2019   

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SENDA DE REIKI
ELECCIÓN
  Senda de Reiki  | 13 de febrero de 2014

El sol de junio era como un abrazo de hielo. La luz, la más terrible oscuridad. Las caricias, zarpazos. Los susurros, aullidos. Sus sentimientos, su vida y su tiempo estaban tan inmovilizados como ella, anclados en esa silla de ruedas colocada de espaldas al balcón.

Así era María cuando llegó a mi consulta.

-  No creo en nada ni en nadie. Estoy aquí por la insistencia machacona de mi madre. Me dijo cruzada de brazos reafirmada en una inmovilidad que iba más allá de su cuerpo.

Las primeras sesiones de Reiki las recibió en la misma silla de ruedas. Por su madre supe que dolores y amargura se mitigaban poco a poco. Al cabo de tres meses, consintió en recibir ayuda y tuvo su primera sesión tumbada en la camilla.

-  ¿Sabes? Me comentó un día. El médico no se explica que el dolor de mis piernas haya desaparecido en tan poco tiempo. Pero yo tengo otro dolor que él no detecta.

Mirándome desde el corazón con los ojos empañados susurró: Nunca estrenaré las bailarinas plateadas que me regalaron mis padres cuando cumplí los diecisiete, unos días antes del accidente.

El Reiki llevó mi mano izquierda a su corazón y la derecha a su plexo solar. Ambas cerramos los ojos y yo recordé “existe una remotísima posibilidad de que vuelva a andar, pero eso depende de ella”. Sin darme cuenta, lo repetí bajito, amorosamente, como una caricia.

Durante los cuatro años siguientes María peleó sin descanso. La sala de rehabilitación del hospital se convirtió casi en su casa. Primero se irguió –dolía-. Luego aprendió a dar pasos –dolía-. Cuando abandonó las barras y pudo desplazar sus pies ayudada por muletas, hizo una fiesta. Simultaneaba su constancia en el hospital con las visitas a mi consulta.

Hoy, al cabo de seis años, en plena noche de San Juan, María quema sus muletas en una hoguera. Abrazados, ella y su pareja se pierden en la danza infinita de la noche más mágica del año acompañados por el brillo de unas bailarinas plateadas.

Sobre el Reiki

Además de actuar en los problemas físicos, el Reiki llega a lo más profundo del ser y toca las teclas necesarias para que se realice el cambio de patrones mentales y emocionales imprescindible para lograr la recuperación.

En el caso de María le abrió la puerta a la esperanza, le proporcionó las herramientas necesarias y ella las tomó. Porque la decisión siempre está en nuestra mano. La responsabilidad de tomar y avanzar o dar la espalda y bloquearnos es solo nuestra. No podemos elegir las cosas que nos pasan, pero sí como vivirlas.

“Yo no soy lo que me ha ocurrido. Soy lo que quiero ser” Carl Jung

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