Las Navas del Marqués a 12 de julio de 2020   

23 visitas ahora

 

OBITUARIO
Felisa Manjón ha muerto
  José María  | 1ro de noviembre de 2011

Felisa Manjón, madre de Pipas, murió y fue enterrada ayer.

Mas en consonancia con el día no pudo ser. Desgraciadamente.

Los tiempos fueron testigos de su paso por el mundo. Ella fue testigo de un tiempo de sinsabores y desdichas y, por qué no, de alegrías. Que de todo hubo. Con su puesto de chucherías frente al cine hizo frente al destino. Porque en otro tiempo, ya pasado, Las Navas del Marqués tuvo salas de cine. Frente a uno de ellos, en la Avenido Principal, ponía su puesto. E hiciera frío o calor ella, allí, se asentaba desafiando al clima, a sus inclemencias. Hasta muy mayor de edad. Tenía que sobrevivir y llevar el sustento a casa. Con su marido, Felipe, trabajador del ayuntamiento, recogían peseta a peseta, porque los tiempos no estaban para derrochar el frío y el calor así porque si.

Desde su observatorio callejero, desde su puesto de chuches, contemplaría el ir y venir de las gentes. Los cambios de esas multitudes en rostros y vestimentas: desde los conocidos de toda la vida, los naveros, en los meses del crudo invierno, hasta la avalancha de foráneos, sobre todo madrileños, en los meses tibios o calurosos. Esos cambios, reflejados en sus caras, hablas e indumentarias. Y con los cambios, la manera de actuar, de comportarse, de ella misma, para no espantar a los posibles clientes de sus humildes productos: pipas, cigarrillos, caramelos...

La vida le iría enseñando la dureza de la vida. La vida le cubriría el alma con una coraza. La vida fue la que le impulsó hacia adelante apretando puños y dientes ante, por ejemplo, frases malintencionadas, risas irónicas, burlas... (que de todo habría) sabiendo responder, adecuadamente, a cada individuo ordinario que pasara por allí... ¡Ah, cuánta gente ordinaria navera! ¡Ah, cuánta gente ordinaria madrileña!

Aunque la recompensa llegaría de la mano de una frase amable al recoger sus chucherías, o de una sonrisa de reconocimiento a su esfuerzo por sacar a sus hijos adelante dándoles una carrera, o por una charla cordial con el niño que le compra sus caramelos o con el padre que se le acerca para darle la gracias.

Esa testigo del tiempo, la madre de Pipas y de Miguel, la esposa de Felipe, ha muerto. Fue enterrada el día de los difuntos.

Y aunque la historia presumiblemente no la menciones, porque la historia oficial burguesa hecha de monarcas, guerras, presidentes, y grandes conmemoraciones, olvida a los seres humildes, la historia oficial, repito; la otra historia, la historia real, está hecha de vecinos como ella; vecinos con heroicidades sin brillo de monarcas, sin entorchados de generales, sin banquetes presidenciales, pero que son los que hacen avanzar la historia de cada lugar.

Y vamos a ver, ¿quién, de verdad, merecería sobresalir en la historia del pueblo, aquel que nació ya rico y no tuvo que bregar en la vida o aquel o aquella que supo sortear las dificultades de la vida saliendo airoso? Sin duda el segundo. Y de esos segundones, de esos individuos, de esas personas la historia real saca los prototipos.

Por eso la madre de Pipas, y su padre Felipe, son un ejemplo de un buen número de naveros que se han abierto camino en la vida; lo han hecho trabajando, luchando, ahorrando. Y por ellos Las Navas del Marqués son hoy lo que son con sus defectos y virtudes. Descanse en paz Felisa Manjón. Trestigo de un tiempo que se fue.


COMENTAR

 1 comentario
  •  Felisa Manjón ha muerto  1ro de noviembre de 2011 20:43, por Juanjo

    En los imborrables recuerdos de la niñez de muchos naveros está esta mujer fibrosa, delgada, siempre abrigada de más, que había que tener voluntad para aguantar en esa sillita de madera desde la hora temprana de la mañana hasta la salida del cine. Ese puesto ambulante que siempre ponía en la misma puerta de la Bodeguilla. En el otro, Felipe, junto a la puerta del Maria Victoria. Y ya de noche cerrada, esa procesión hasta su casa, en la bajada del Mercado.

    Cuánta lucha por sacar a los cuatro hijos adelante. Cuanto frío, cuánta lluvia, cuánto calor, siempre en la calle. Y para mayor sufrimiento, la pérdida de dos hijos, Javi, de cuya amistad pude disfrutar menos años de los que hubiera querido, de algunas mañanas de domingo en ese puesto de la bodeguilla y esa alegría de vivir, su música. Y justamente un año atrás, Jose Pipas,

    Poca gente habrá en el pueblo más merecedora de que tenga una calle con su nombre. Mis condolencias a Felipe y Miguel (el hermano mayor no recuerdo el nombre).

Comentar con tu usuario de Facebook










© ElNaviero.com 2020 - Realizado con SPIP - Administracion y Redactores - Creditos - RSS RSS - Hosting