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AHÍ SIGUE CUARENTA AÑOS DESPUÉS
Recordando a Manolo.
  Jesús Pascual.  | 15 de junio de 2014

Cuando me compraron la BH azul con frenos de varilla supuso un gran paso en la conquista del "más allá", es decir, la bici me permitía llegar más lejos en menos tiempo. Era comienzo de verano y estaba de vacaciones. No había escuela, porque yo no fui al colegio, eso vino después, cuando yo era niño se iba a la escuela. "Mamaaaa,....que me voy". Salía de casa pitando para evitar el correspondiente interrogatorio: "¿dónde vas? ¿a ver cuando vienes? etc....."

Primera vuelta al vallejo, para ver si están los amigos: Mario, Jóse, Ángel, Quiqui, Luisfer, Alfredo, Ricar, Mariano......., pues no están. Alberto y Javi tampoco, me voy a dar una vuelta y luego vuelvo.

Tiro por la carretera vieja del Valladal, entonces en tierra (hoy carretera del polígono), cruzo la general (505) y llego al Camino del Cura.

Desde lejos mosqueo. ¿Qué hace ese hombre ahí? Con un poco de timidez, y porque no reconocerlo y un poco de "canguis" me acerco poco a poco. "Si parece que está regando, y tiene un azadón". Me acerco mas, ha hecho un pequeño cercado en forma de cuadrado, de más o menos 1,5m de lado, rodeando un cedro en el que hay una estampa del Cristo de Las Navas. Dentro del recinto hay un jardincillo, pobre pero cuidado, a modo de ofrenda para su venerada estampa.
Me recuerdo a mi mismo como ese perrillo que tiene hambre y no se acerca porque no se atreve a por el trozo de pan que le enseñas. Poco a poco va llegando, venciendo temores, y al final lo coge. En este caso el trozo de pan fue: "Buenos días, ¡¡qué alegría tener una visita!!". Así fue como conocí a Manolo.
Comenzaron las preguntas.
- ¿Como se llama?
- Me llamo Manolo, ¿y tú?
- Jesús, pero me llaman" Tebeo", como a mi padre.
- Yo soy hermano de Pepe "el Negro", el que tiene la tienda en la plaza y vivo con mi madre en la calle del muro.

- ¿Por qué has hecho todo esto?

- Ven y te lo contaré: "Vine por aquí con unos sacos a recoger piñotas, como las que había en el suelo no eran suficientes, me subí a ese pino que ves un poco más allá, y no sé qué pasó pero me caí del pino desde una altura considerable. Perdí el conocimiento y al irme recuperando a duras penas traté de levantarme y pude llegar hasta este cedro donde nos encontramos, en el suelo me encontré esta estampa del Cristo de Gracia y en ese momento comprendí que El me había salvado y me había llamado".

Cuando me lo contaba me recordaba a Moisés en la película, en concreto una escena, cuando baja del Sinaí con las Tablas de la Ley. Esa era la sensación que transmitía cuando me lo contó. Lo sucedido le caló profundamente, y a mí su manera de contarlo. Era de esas personas que transmitía algo con la palabra.
Puso la estampa en el cedro y todos los días iba a rezarla. Comenzó a hacer su jardín. Trasplantó una jara y "agarró", según él, otro hecho milagroso. Hicimos rápida amistad. Bajo un pino retorcido que había cerca, hizo una especie de chozo donde guardaba sus enseres. Yo iba a verlo casi todos los días.

Comenzó a correr la noticia y la gente venía a visitarlo. El, pacientemente le contaba a todo el que iba a verle y le preguntaba lo que le había pasado, y por qué estaba allí.
Ampliamos el jardín. Íbamos a por agua para regarlo, con un carrito y varias vasijas que se preparó a tal efecto. La fuente estaba bajo la carretera general, antes de llegar a la "Cruz del soldado", y en la que más de una vez nos encontramos con Faustino "el matamoros", caminero de la zona y buena persona. Con el que siempre charlábamos. Era un poco exagerado y eso le hacía divertido.

La bola de nieve creció y creció, cada vez venía más gente. Vinieron también los periodistas dándolo aún más bombo al publicarlo incluso en periódicos de tirada nacional. No le quedó más remedio que poner horarios para contar su historia. Yo me la sabía de memoria, y ya era muy repetitivo. Aquello me superó y poco a poco desaparecí. No sé si me echó de menos entre tanta popularidad, creo que no. No lo digo con resentimiento, es normal ante tal avalancha humana no se diera ni cuenta.
Manolo era mecánico tornero y trabajaba en Cataluña. Vivía con su madre en una casa modesta no recuerdo cuanto tiempo. Cuando se le acabaron las cuatro perras que tuviera ahorradas, tuvo que volver a trabajar y ya solo podía volver en vacaciones a cuidarlo. Así, y que yo sepa estuvo años hasta que falleció. Me consta que siempre tuvo en el corazón a su Cristo.

El jardín duró muchos años, fue un lugar respetado que se degradó poco a poco. Hace poco tiempo pasé caminando por la zona, encontré un trozo de friso que pusimos de adorno en la "ampliación" del jardín y que al cabo de cuarenta y tres años aún está por allí, y vinieron a mi memoria todos aquellos recuerdos.

Actualmente en el cedro hay tres estampas del Cristo con flores artificiales y está rodeado por un círculo de piedras.

Foto. El Jardín de Manolo en la actualidad.

Pensé que se merecía que le recordáramos, y eso es lo que estoy haciendo, recordar a Manolo.

Jesús Pascual Sanz.


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- Artículo realizado por Jesús Pascual.
- Publicado el 15 de junio de 2014

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