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El aforamiento y lo que esconde
  UPYDLasNavas  | 28 de junio de 2014

A favor del aforamiento del que fue rey de España hasta hace una semana, se suelen escuchar siempre los mismos argumentos. El problema es que dar por buenos algunos de ellos es tanto como reconocer algunos de los problemas más graves que aquejan a la democracia española y, al mismo tiempo, renunciar a solucionarlos. Veamos.

El aforamiento no es un privilegio, sino un inconveniente. El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, ya utilizó este argumento cuando Rosa Díez pidió, en nombre de UPyD, que se eliminaran los 10.000 aforamientos que existen en España, o al menos aquellos que no están contemplados en la Constitución. El perjuicio sería que el aforado perdería la ocasión de recurrir la posible sentencia adversa al juzgarse su caso en una instancia superior. Si es así, cabría preguntarse por qué se empeña el Gobierno en fastidiar al anterior monarca con tanta prisa. Es evidente que se trata de protegerle. Pero, ¿de qué?
Si en países como Alemania se las arreglan sin la figura del aforamiento, ¿por qué en España no es posible?
No es posible que el que fue rey tenga una estatus inferior al de un simple diputado. Ciertamente, pero el problema se solucionaría mucho mejor si los simples diputados dejaran de estar aforados. Como ha señalado la portavoz de UPyD, este aforamiento abre la puerta a que se amplíe aún más el número incluyendo a expresidentes, exministros... Si en países como Alemania se las arreglan sin la figura del aforamiento, ¿por qué en España no es posible?

En nuestro país hay costumbre de realizar denuncias falsas o temerarias contra personas públicas con la intención de dañar su imagen. La denuncia temeraria o falsa está regulada en la legislación española, pero está escasamente perseguida y poco castigada. En los ordenamientos de otros países, existen multas tan altas que desincentivan al que quiere hacer daño. Además, aunque es cierto que una figura como la de Juan Carlos de Borbón corre un mayor riesgo de recibir una denuncia falsa, los ciudadanos de a pie tampoco están libres de peligro. Reformar la ley en este sentido beneficiaría a todos.

El Tribunal Supremo protege mejor contra denuncias falsas. Este argumento es sumamente revelador. Lo que se está diciendo es que hay que garantizar al rey saliente una justicia de primera calidad, frente a la que ampara al resto de ciudadanos, que sería una justicia de segunda división. Es cierto que las instancias superiores están compuestas por jueces, en general, con más experiencia, o bien por profesionales de reconocido prestigio. Sin embargo, no puede insinuarse, como se está haciendo, que las instancias inferiores son incompetentes, porque si así fuera lo realmente urgente no sería el aforamiento del padre del rey, sino la reforma a fondo de la justicia.

El argumento que no se usa es el auténtico: que las instancias superiores son las más politizadasEl argumento que no se usa es el auténtico: que las instancias superiores son las más politizadas. Que a los miembros del TS los elige el Consejo General del Poder Judicial, un órgano compuesto por el sistema de cuotas que permite a PP, PSOE, IU y nacionalistas colocar a sus jueces, que les deben el cargo. Antes que por su competencia, llegan a tan altas instituciones por su afinidad política. Y, por tanto, son especialmente sensibles a las presiones. De modo que, lo que se espera de ellos, es que protejan al antiguo rey de las denuncias en general, sean temerarias o no. Porque no hay que olvidar que la Justicia no está, como suele decirse, para protegernos a todos. Protegerá a los que cumplan con la ley, pero perseguirá a los que la infrinjan. Los ciudadanos deben tener la certeza de que, si no hay impunidad para ellos, tampoco la habrá para nadie más.

La urgencia que está distinguiendo a este proceso tan chapucero, en el que además se rechaza la posibilidad de debatir sobre el aforamiento en general, revela que es el último argumento, el que no se dice, el que está moviendo al Gobierno, haciendo un flaco favor al antiguo rey y a la Corona.


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