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ANA GÓMEZ
Los abrazos perdidos
  Ana Gómez  | 30 de junio de 2014

Los abrazos perdidos

Ahora añoro los abrazos perdidos que no di, pero ¿por qué nos cuesta tanto abrazar?
Dos personas se encuentran en la calle y se abrazan para saludarse. Lo hacen en una celebración, en un entierro, en un arranque de felicidad o para consolar unas lágrimas. Es como que tiene que haber un motivo extraordinario para ello. ¿Y por qué reprimimos tantos abrazos que deseamos dar a nuestra familia? ¿Nos avergüenza hacerlo?

Tener un bebé en brazos y no abrazarlo es algo que no concebimos. Nuestro instinto nos crea ese deseo y le demostramos nuestro amor con achuchones y besos, ¿en qué momento de nuestra vida perdemos ese hábito, esa forma de demostrar nuestro amor a alguien sin tener un motivo? Y, ¿cuándo recuperamos las ganas?

Yo me pregunto (y no soy abuela) si todo ese gran amor que se da a los nietos es la añoranza perdida en los abrazos que dejamos de dar a los hijos. Estás abrazando a dos personas convertidas en una.
Ahora recuerdo los abrazos que no di a mis padres y a mi tía, mi segunda madre. Sí, nos besábamos, nos queríamos, pero... ¡cuánto añoro los abrazos perdidos!
Hoy me doy cuenta de que todavía estoy a tiempo de no perder ninguno más y, paradójicamente, la causa de mi desasosiego son los abrazos que doy todos los días a dos personas muy mayores que los necesitan, y aún con el daño que me causan día tras día, si no les abrazo cuando me voy, sé que se quedan perdidos.

Si un niño necesita el cariño de los adultos para crecer feliz, un anciano necesita los abrazos de los suyos para sentirse querido. Y vivo.


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 2 comentarios
  • image
     Los abrazos perdidos  8 de julio de 2014 15:29, por otro vecino

    Chica: llevas tanto dentro y tan bueno, que eres capaz de contagiar. No cambies.

  • image
     Los abrazos perdidos  7 de julio de 2014 14:48, por Senda de Reiki

    Así es, Ana, el contacto físico es necesario e imprescindible para vivir. Hay enfermedades de la piel que tienen mucho que ver con la falta de caricias. En esos casos nuestro cuerpo nos recuerda la necesidad física de sentir la caricia, el calor, el contacto del otro. La capacidad terapéutica de los abrazos está sobradamente demostrada.
    Gracias por recordarlo y gracias por esos abrazos tuyos tan amorosos y generosos.

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- Artículo realizado por Ana Gómez
- Publicado el 30 de junio de 2014

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