Las Navas del Marqués a 19 de noviembre de 2019   

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MARIANO GÓMEZ
Aire

Otra nueva colaboración. Mariano Gómez se apunta al proyecto del Naviero. Bienvenido. Os gustarán sus relatos. Para abrir boca, Aire.

  LEIZAEL  | 23 de noviembre de 2014


Apenas nos separan un delgado cristal y un par de metros de aire limpio, frío y ajeno, y parece como si toda la inmensidad del Gobi se extendiera entre nosotros con su inconmensurable presencia, querida. Hace escasos minutos que has entrado en la calidez de este local, que nos acoge cada noche como si de un útero amigable se tratase, con un suave revoloteo de pestañas, con un coqueto aunque discreto taconeo.

Tu aparición ha logrado, como tú ya sabías, captar la atención de todos los presentes; nunca falla. Las mujeres sisean sus viperinas envidias, su tan femenino despecho ante la hermosura ajena cuando los machos la admiran; nosotros, pobres polillas deslumbradas por tu luz, giramos hacia ti en círculos enloquecidos, sin esperanza y sin mañana, seguros de tu elección y deseosos de ella, tal es el espejismo que nos abrasa, la mentira magnífica que tejen tus ojos y tus piernas.

Te sabes admirada, adorada por sistema, y evitas mis ojos, que te contemplan con avidez, intentando no perder detalle sin llegar a ofenderte. No sé, ni me importa, cómo te llamas ni quién eres; de dónde vienes, a quién conoces y a quién no. Semejantes conocimientos no me hacen falta para enamorarme de ti, tanto más cuanto que sé que la mía es una lucha perdida de antemano, porque no repararás en mí más que para regalarme un sutil pavoneo, un elegante intercambio de miradas que me haga saber que sabes que te observo, y nada más.

Actúas para mí -eso creo yo, al menos- desplegando todos tus encantos con una sabia dosificación; alargas tu intervención como mostrándome el espléndido catálogo de mortales delicias que regalarías a tu amante, ese vergel lozano, fresco y sombrío en el que nunca podré recostarme, siempre hambriento de ti.

Y, súbitamente, con la misma rapidez con la que apareciste, decides abandonar la escena. Te incorporas, recoges tu bolso y te colocas, con un gracioso mohín, la pesada y espesa cabellera castaña que enmarca tu hermoso rostro; se acabó. Está claro que nos dejarás, a todos los aspirantes a amarte esta noche, con la miel en los labios. Te vas con un tipo que se me antoja insignificante, sin brillo ni interés alguno… como no podía ser menos, tratándose de otro macho rival.

Me hubiera gustado, amor, hablarte de mis jardines secretos, de mi búsqueda incansable; hubiera querido indagar en tu historia, en tu particular singladura, por saber cómo quererte; me hubiera ahogado felizmente en la prometedora oscuridad de tus negros ojos, luminosos y crueles, contento de mi última victoria, de mi postrer conquista.

Tal vez en otra ocasión, en otro tiempo, en distinto lugar. Quizá el contoneo de tus caderas vuelva a captar mi atención, o tu mirada hechicera repare de nuevo en mi, con distintas intenciones, en ese feliz día. De momento, apuro mi copa y guardo muy dentro un nuevo dolor, el de tu ausencia, bella desconocida. Lo pondré junto a muchas otras penas y esperaré a que el suave bálsamo del olvido borre el contorno de tu figura.


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- Artículo realizado por LEIZAEL
- Publicado el 23 de noviembre de 2014

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