Las Navas del Marqués a 21 de noviembre de 2019   

56 visitas ahora

 

SENDA DE REIKI
LA RESPUESTA
  Senda de Reiki  | 25 de noviembre de 2014

De haberlo sabido, nada de lo que le estaba ocurriendo le habría extrañado. Mira que hoy me he levantado tonta, pensó mientras de manera ensimismada daba vueltas al café del desayuno. Desayunar sola los domingos era algo que no le había gustado nunca, pero de un tiempo a esta parte hacía de esos momentos de soledad su refugio. Un refugio muy especial eso sí. Que si qué vamos a comer hoy, Que si qué planes haremos con los hijos. Que si como no llueve aprovecho y pongo una lavadora… Esta retahíla casi siempre acababa con algo como: de hoy no pasa que pruebe la mascarilla para la cara que me dieron de muestra el mes pasado, las sales de baño, o, a ver si empiezo el libro de este verano…

Pero hoy daba vueltas y vueltas al café muy lentamente, sujetando la cucharilla. Observaba el remolino dentro de la taza, una espiral sin fin que parecía querer engullir cualquier cosa que cayera en su interior.

El otoño había dado paso a un invierno frío y seco que le encogía los huesos. Su marido se reía cuando lo decía, pero era tal cual su sensación. Sus huesos se estrechaban y ese movimiento desplazaba y contraía los músculos de manera dolorosa. Todo su cuerpo se encogía. Echaba de menos estirarse, sentir la caricia del sol en su piel recuperando su estructura interna. Sentirse ella por dentro y por fuera. Un buen masaje. Eso es lo que necesito. La espiral del café seguía ahí engulléndolo todo.

Pilar tenía lo que ella denominaba una vida normal por la que, y así lo decía constantemente, se sentía agradecida. Tres hijos como tres soles. Eso sí, en edades tontas, 12, 14 y 16 años. Y un buen marido. También estaba su trabajo que aunque no era el sueño de su vida, sí le había permitido compaginarlo con las obligaciones familiares. Por eso lo eligió, porque cuando se casó tenía muy claro que lo primero era la familia.

Los ruidos de la casa fundidos con los aromas del café y pan tostado pusieron la nota de normalidad a esta mañana de domingo que supondría un antes y un después en su vida. Pero ella aún no lo sabía.

El aperitivo

-  Que dice tu hermana que si nos vemos en el aperitivo.
-  Si. Si. Estupendo. En el sitio de siempre ¿no?

Otra cosa que agradecer. La cercanía de su hermana. Solo dos calles las separaban. ¡Una gloria! Los niños habían crecido juntos, compartían confidencias, compras, planes…

Varias cañas y otras tantas raciones dieron paso a una situación muchas veces repetida:
-  ¿Y si comemos juntos? La propuesta surgió, también casi como siempre, de la boca de su marido. Juntamos los menús y ya está.
-  De acuerdo, pero en mi casa. La pequeña necesita dormir siesta. Pilar sonrió dando la razón a su hermana. Su sobrina era una dormilona de libro.
-  Esperadme entonces allí. Voy a por las cosas.

Nunca supo cómo, pero lo cierto que es que de repente se paró en mitad de la acera, una manzana antes de llegar a su casa. Y en su corazón surgió el gran interrogante, ¿qué es lo que realmente quieres hacer ahora mismo? Para eso no tenía respuesta. Pero sí para todas y cada una de las cosas que les gustaban a sus hijos, su marido, su hermana, su cuñado, sus sobrinos, sus padres e incluso alguna de sus mejores amigas…
El frio que recorría su interior nada tenía que ver con el viento helado que chocaba contra su cara pero sí con las tibias lágrimas que resbalaban por sus mejillas.

Cuando metió la llave en la cerradura ya lo había decidido. De nuevo su corazón le dio la clave. Encontró las palabras adecuadas. Con amor, calidez y ternura explicó a su marido que estaría fuera unos días. A su hermana le mandó un whatsapp. En la maleta metió el bañador.

Entra en Senda de Reiki
Y también en Facebook


COMENTAR

Comentar con tu usuario de Facebook










© ElNaviero.com 2019 - Realizado con SPIP - Administracion y Redactores - Creditos - RSS RSS - Hosting