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NAVERISMOS
DE ANSIAS, ABANTOS Y OTROS BUITRES
  Taller de periodismo  | 25 de diciembre de 2014

Ansias. Angustia, anhelo, define la Real Academia Española (RAE). Para un navero puede haber dos significados: tener ganas de vomitar, venirle a uno aguas a la boca. Y también es un ansias aquel que come con avaricia y excesiva rapidez hasta que revienta. "No me extraña que caigas malo, te está bien empleado por ser un ansias". En la vida un ansias es aquel sujeto que intenta acaparar todo lo que le queda a mano con el fin de no dejarle nada a los demás.

Abanto. Además de un ave rapaz, la RAE aclara que se trata de una persona torpe y aturdida. Para la Real Academia Navera es todo lo contrario. A diferencia del ansias -que es un baboso y un maleducado-, el abanto acredita ciertas habilidades; es decir, es un hacha en algo y como lo domina intenta acaparar. El abanto es primo hermano del buitre. "Es un buitre cogiendo mízcalos. No he visto alguien tan abanto como él."
Acoquinar. Para la RAE significa amilanar o acobardar a alguien. No van por ahí los tiros. Acoquinar, en Las Navas, de toda la vida, significa `pagar tu parte´. "Anda, acoquina que ties mucho morro". Los amigos del despistado llevan cuatro rondas pagadas. Cuando le toca pedir una ronda más, ¡oh casualidad!, se acuerda que tiene que ir a echar de comer a los gorrinos.

Ay má. Estará mal escrito fuera de nuestras fronteras, pero el ay má es más navero que el pote y que el castillo de Magalia. Es nuestra denominación de origen. No intentar refinar con ay madre, el perfume es distinto.

- ¿Sabes que fulanita está pa´lante del chico de menganito?
- ¡Ay má, preñá, y yo sin enterarme! A cuenta que vamos de boda.
- Uy, esa moza, de la familia que viene..., no sé yo. Son poco de sotanas.
- A lo mejor se arrejuntan y no nos dan un triste café.

Ventestate. La RAE no lo contempla. Dícese, según la Real Academia Navera (RAN), de la persona, animal o cosa que está a la intemperie. Sospechamos que el navero asocie ventestate con la ventisca. "Mira, pobre hombre, ahí arrecío de frío, a la ventestate".
Arrecío. Perdida la d en medio de las dos últimas vocales, arrecío es cómo se siente un navero o navera -ya no hablemos de un madrileño subiendo a Las Navas en un día equivocado- cuando el fino aire baja por Malagón y se distribuye por las callejas del pueblo.

-Estoy arrecío, no siento las orejas ni los dedos de los pies.
- Ponte calcetines gordos.
- Llevo tres pares, uno encima de otro.
- ¡Exageraaao!
- Exagerao el frío que hace.

Encacinao. Ya que hablamos de frío habrá que hablar de cómo combatirlo. Para ello necesitamos un buen montón de leña de roble, de encina o de pino negral en la leñera. Pero como ésta no es muy grande hay que encacinar la leña; esto es, colocarla de suelo a techo perfectamente apilada y que no se desmorone según vayamos gastando. Una ciencia que el navero conoce de generación en generación y que el madrileño nunca ha llegado a aprender.


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