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El extraño
  Juanjo  | 7 de enero de 2012

EL EXTRAÑO

Unos cuantos años después que yo naciera, mi padre conoció a un
extraño, recién llegado a nuestra pequeña población.

Desde el principio, mi padre quedó fascinado con este encantador
personaje, y enseguida lo invitó a que viviera con nuestra familia.
El extraño aceptó y desde entonces ha estado con nosotros.

Mientras yo crecía, nunca pregunté su lugar en mi familia; en mi mente
joven ya tenía un lugar muy especial.
Mis padres eran instructores complementarios:
Mi mamá me enseñó lo que era bueno y lo que era malo y mi papá me
enseñó a obedecer.

Pero el extraño era nuestro narrador.

Nos mantenía hechizados por horas con aventuras, misterios y comedias.

El siempre tenía respuestas para cualquier cosa que quisiéramos saber de política, historia o ciencia.

¡Conocía todo lo del pasado, del presente y hasta podía predecir el futuro!

Llevó a mi familia al primer partido de fútbol.

Me hacía reír, y me hacía llorar.

El extraño nunca paraba de hablar, pero a mi padre no le importaba.
A veces, mi mamá se levantaba temprano y callada, mientras que el
resto de nosotros estábamos pendientes para escuchar lo que tenía que decir, pero ella se iba a la cocina para tener paz y tranquilidad.
(Ahora me pregunto si ella habrá rogado alguna vez, para que el
extraño se fuera.)

Mi padre dirigió nuestro hogar con ciertas convicciones morales, pero
el extraño nunca se sentía obligado para honrarlas.
Las blasfemias, las malas palabras, por ejemplo, no se permitían en
nuestra casa Ni por parte de nosotros, ni de nuestros amigos o de
cualquiera que nos visitase.
Sin embargo, nuestro visitante de largo plazo, lograba sin problemas
usar su lenguaje inapropiado que a veces quemaba mis oídos y que hacia que papá se retorciera y mi madre se ruborizara.

Mi papá nunca nos dio permiso para tomar alcohol.

Pero el extraño nos animó a intentarlo y a hacerlo regularmente.
Hizo que los cigarrillos parecieran frescos e inofensivos, y que los
cigarros y las pipas se vieran distinguidas.

Hablaba libremente (quizás demasiado) sobre sexo.
Sus comentarios eran a veces evidentes, otras sugestivos, y
generalmente vergonzosos.

Ahora sé que mis conceptos sobre relaciones fueron influenciados
fuertemente durante mi adolescencia por el extraño.
Repetidas veces lo criticaron, mas nunca hizo caso a los valores de
mis padres, aun así, permaneció en nuestro hogar.

Han pasado más de cincuenta años desde que el extraño se mudó con nuestra familia.
Desde entonces ha cambiado mucho; ya no es tan fascinante como era al principio.

No obstante, si hoy usted pudiera entrar en la guarida de mis padres,
todavía lo encontraría sentado en su esquina, esperando por si alguien
quiere escuchar sus charlas o dedicar su tiempo libre a hacerle compañía...

¿Su nombre?
Nosotros lo llamamos Televisor...

Nota: Se aconseja que este artículo sea leído en cada hogar.
¡Ahora tiene una esposa que se llama Ordenador y un hijo que se llama móvil!


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 1 comentario
  • image
     El extraño  8 de enero de 2012 11:40, por Mariano Moral

    Enhorabuena Juanjo, un buen relato (empezando por el título) que da pie a un buen debate. Creo que en tú escrito das en el punto clave: como la televisión puede llegar a suplantar (negativamente) a los propios padres en la tarea de educar a sus hijos y, en general, como este medio se ha colado "como un extraño" en todos los hogares convirtiéndose en el miembro más importante e influyente de la familia. Durante la mayor parte de la trama creemos que ese extraño es el típico tipo misterioso y desconocido de lás películas que llega a una casa de paso y por un tiempo rompe la monotonía de sus pobladores. El extraño supera un par de malentendidos con la familia y lleva a cabo otro par de actos herioicos y al final estos le aceptan como uno más. La diferencia entre el extraño cinematográfico y el de tú relato es que el primero se suele marchar cuando ve que su mito se empieza a desvanecer y el del relato se queda aun cuando ya es considerado como algo ajeno y desagradable. Es aquí cuando nos preguntamos ¿que clase de extraño es este? Solo al final comprendemos que se trata de la televisión.

    Algunos dirían que trajo la modernidad al hogar del narrador y sin embargo esa modernidad choca frontalmente con los valores de los padres, valores que son atemporales y que nada tienen que ver con la idea de carca o anticuado si no con una ética que es y será respetable ahora y en el 2050. Pasa la vida del narrador y solo la tele permanece en su sitio original, en cierto modo este chisme (que cuando es usado honestamente es de una utilidad indiscutible, aunque esto no ocurre generalmente) supone en tú relato, y creo que tambien en la realidad, una invasión y colonización de la privacidad de la familia y con ello la progresiva destrucción de la comunicación familiar...Después de leer el escrito nos preguntamos como serían los hogares (y la sociedad) sin televisión, y seguro que mucha gente respondería "aburrida". Entonces nos viene a la cabeza el padre de tú relato intentando hablar con su hijo y el hijo respondiéndole "espera a que acabe el programa" sin dejar de mirar la pantalla.
    El relato abre la puertas del largo debate televisivo, bienvenido sea.

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- Artículo realizado por Juanjo
- Publicado el 7 de enero de 2012

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