Las Navas del Marqués a 17 de septiembre de 2019   

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ANDRÉS BARTOLOMÉ
NAVALPERAL, FRENTE DE GUERRA

Periodista y autor de diversos reportajes y relatos sobre la Guerra Civil en Navalperal de Pinares, ha realizado dos exposiciones –en 2001 y 2011– con todo el material bélico que ha recuperado desde hace más de 30 años en lo que fueron las posiciones republicanas en 1936. Su ilusión sería que algún día fuera realidad un museo permanente sobre los hechos.

  ANDRÉS BARTOLOMÉ  | 13 de noviembre de 2015

En el verano de 1936, España entabló una batalla de ideologías irreconciliables que convirtió al país en un hervidero de grupos armados dispuestos a imponer su razón a toda costa. El 18 de julio, una parte del Ejército se subleva contra el Gobierno de la República. Madrid, como capital y objetivo estratégico de la recién iniciada sublevación, se dispone a defenderse. Surgen entonces esas espontáneas salidas “a la sierra” en pequeños grupos que se llevan el almuerzo junto con el Mauser para regresar a casa a última hora, después de “pegar unos tiros”. Pero se forman también importantes agrupaciones armadas, que pasan a conocerse como “columnas”, que salen en busca del enemigo en forma de pequeños “ejércitos” móviles.

Una de las más célebres en aquellos primeros días fue la que organizó el teniente coronel Julio Mangada Rosenörn desde su oficina de alistamiento en la madrileña Puerta del Ángel, junto a la Casa de Campo. El veterano militar organiza un variopinto grupo de casi un millar de hombres en el que no faltan guardias civiles y de Asalto, mineros asturianos, sindicalistas y paisanos de a pie, entre los que hay presidiarios y algún que otro personaje sin demasiados escrúpulos.

El alcalde de Navalperal de Pinares, Juan Pedro Herranz, amigo de Mangada, le ha animado para que viaje hasta la zona, poco protegida. El militar sale enseguida hacia la provincia abulense. Tras dejar atrás Cebreros y El Tiemblo, llega a Navalperal el 23 de julio por la noche. A la mañana siguiente, dejando un grupo de guardia (*), sale con el grueso de sus hombres en dirección a Aldeavieja con la intención de tomar Ávila. En el cruce de Aldeavieja, al parecer, alguien le informa de que la ciudad amurallada está llena de tropas. Los vencedores dirán más tarde que la mismísima Virgen de Sonsoles fue la que se le apareció para hacerle desistir de su propósito. El caso es que el teniente coronel cambia su rumbo y se dirige a Villacastín, ocupando brevemente este importante nudo de comunicaciones. De regreso a Navalperal, establece una línea de defensa en arco en dirección a Ávila –llega a controlar la situación hasta el arenense Puerto del Pico– y dispone su cuartel general en La Pila, junto a la estación de Renfe, donde se habilita un refugio para él y su escolta. Ya cuenta con unos 4.000 hombres.

No tardarán en sucederse los ataques contra las posiciones leales a la República. El 31 de julio lo intenta una columna al mando del comandante Lisardo Doval, tristemente célebre durante la represión en la revolución de Asturias. Una escuadrilla de Breguet-19 llegada desde Getafe y dos trenes blindados fueron decisivos en la victoria de Mangada. El 4 de agosto, un nuevo avance, al mando esta vez del comandante Reina, tampoco consigue su objetivo. El general García Álvarez nada logra tampoco el día 19. La columna Mangada, que el día 17 ha sido recibida en loor de multitudes en la Puerta del Sol de Madrid, impone a su jefe el fajín de “general” en un emotivo acto en el mismo Navalperal.

Llega septiembre con nuevas tentativas rebeldes. En octubre se recrudecen los ataques. La columna del coronel Nevada se acerca desde San Bartolomé de Pinares. Desde La Cañada han partido Rada y Merlo, que someten a Navalperal a violentos ataques de artillería. También avanza el teniente coronel Santa Pau. El 8 de octubre entran finalmente en el pueblo las tropas de Franco. La columna Mangada ha retrocedido el día anterior. Llega a Santa María de la Alameda, donde se dispersa. El “general” reagrupa a sus hombres en Madrid y parte hacia el frente del Tajo, donde se enfrenta a la Legión –con nulo resultado– en la sierra de Guadalupe. La estrella de Mangada declina. Desempeñará importantes cargos burocráticos –fue, por ejemplo, gobernador militar de Albacete– pero no vuelve a dirigir ninguna tropa en el frente.

(*) Es la jornada en la que tiene lugar la muerte de los quince guardias civiles llegados desde Las Navas del Marqués, que analizaremos en otra entrada

El teniente coronel Julio Mangada (Foto: Efe)


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