Las Navas del Marqués a 21 de octubre de 2019   

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CUARTA ENTREGA
“TENIENTE, NOS ESTÁN ESPERANDO”
  ANDRÉS BARTOLOMÉ  | 8 de enero de 2016

El viernes 24 de julio, cuando el grueso de la Columna Mangada ha partido en dirección a Aldeavieja, un grupo de guardias civiles morirá a la entrada de Navalperal en circunstancias nunca del todo aclaradas. En el pueblo ha quedado una pequeña guarnición -unos 100 hombres- al mando del "camarada responsable", Heredia, segundo de Mangada.
A primera hora, una llamada en la estación de ferrocarril de Las Navas del Marqués alerta de que "un grupo de incontrolados se ha apoderado de Navalperal de Pinares". Al parecer, Rafael Velasco, factor de la estación, avisa al teniente Moreno Vega que, sin hacer ninguna comprobación, emprende la marcha al pueblo vecino con los diecisiete guardias a sus órdenes.
Testimonios como el de Alfonso Soto Barderas, cuyo padre, oficial de la Benemérita, conocía a José Moreno Vega, ponen en duda esta forma de actuar absolutamente irregular por parte del oficial de la Guardia Civil, y explican la partida a que aquél obedecía órdenes del teniente coronel Almoguer Martínez, primer jefe de la Comandancia, que había urgido a la concentración en la capital abulense de todos los efectivos de la provincia, familiares incluidos. Lo extraño es que fuera Velasco quien le diera el aviso, cuando en las Compañías y Líneas de la Benemérita había teléfono, por lo que no tendría sentido que se hubiera usado el de una estación ferroviaria y por parte de un civil.
José Moreno Vega Astola tenía 29 años y había ingresado en el Cuerpo, procedente del Arma de Infantería, el 5 de marzo de 1934, por lo que era un oficial más bien bisoño, aunque debía conocer perfectamente cuál era el modo correcto de actuar, esto es, a través de órdenes emanadas directamente de sus superiores. Pero también era amigo de Rafael Velasco, así que se fió por completo del factor de la estación, sin preguntarse de dónde procedía la información que éste le facilitaba. También hay testimonios como el de Segundo Herranz, que combatió en Navalperal a las órdenes de Mangada, quien afirma que después de esa llamada Velasco hizo otra, al alcalde de Navalperal, para advertirle: "Ya van para allá".
Los guardias civiles salen de Las Navas en el autocar de línea que hace el trayecto de la estación de ferrocarril a la plaza del pueblo. Al llegar a Los Escoriales, comienzan a recibir disparos desde ambos lados del camino. Moreno Vega ordena al conductor que dé la vuelta y regrese a Las Navas con un joven voluntario -Santos Rodríguez, futuro alcalde navero- que se había unido a la comitiva. Saltan sus hombres del vehículo y se refugian en una casa solitaria -el hotel de Marina- ante la mirada atónita de sus ocupantes, que no sufrieron daño alguno. Durante dos horas, bajo un calor intenso, los dos grupos intercambian disparos, hasta que la munición de los guardias se agota. La mayoría muere cuando intenta huir por las ventanas. Al menos dos guardias civiles lograron escapar, ocultos entre el centeno. Ambos lograron llegar por Campo Azálvaro hasta Ávila. Uno de ellos, "el cabo Isidro", seguía años después en el puesto de Las Navas en el que tenían que presentarse periódicamente ex combatientes republicanos como Segundo Herranz y Andrés Bartolomé, que no guardaban mal recuerdo del trato recibido por el superviviente del asalto.

En la imagen, sepultura de los guardias civiles en el cementerio de Navalperal.


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