Las Navas del Marqués a 17 de septiembre de 2019   

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ANDRÉS BARTOLOMÉ
LAS HUELLAS
  ANDRÉS BARTOLOMÉ  | 19 de febrero de 2016

Julio Mangada estableció su puesto de mando en Navalperal de Pinares en La Pila, donde vivió durante su estancia en el pueblo junto a sus hombres de confianza. Tenía contacto directo con las posiciones que ocupaban sus fuerzas por medio de una línea que instaló su hijo Luis, telegrafista. Mangada recibió en numerosas ocasiones la visita de la prensa, que retrató profusamente al militar y a sus milicianos en sus andanzas por tierras de Ávila.
Frente a la estación de Renfe, en las naves de la fábrica de madera que allí existía entonces, se instaló una buena parte de los batallones de la columna.
El grueso de los republicanos tomó las alturas al norte del pueblo. Contaban con morteros, ametralladoras y piezas de artillería. La Cuerda Alta, La Modorrilla y la Porqueriza se llenaron de trincheras cuyos surcos jalonan todavía hoy las lomas que ocuparon los leales a la República.
Si hay algo que abunda hasta la saciedad en La Modorrilla son los restos de latas de conserva. Lógico, si tenemos en cuenta que formaban parte de la dieta regular de los milicianos allí apostados. En Navalperal existía una zona en las Eras habilitada para preparar la comida de los diferentes batallones. Para ello se usaban enormes ollas, aunque también había cocinas de campaña móviles. En la medida de lo posible, la comida se subía hasta las posiciones en camiones y, para llegar allí donde no se podía, se usaban animales de carga –bueyes o vacas–, pero era habitual un rancho frío. En la retaguardia de las trincheras existían zonas de evacuación, descanso, primeros auxilios, munición y vertedero. Siguiendo los ramales de comunicación de la línea republicana puede verse hoy uno de estos “basureros” de latas, aunque lo normal es que haya trazas de envases por cualquier parte.
Otros objetos hallados también en La Modorrilla y la Cuerda Alta y que pudieron verse en sendas exposiciones en 2001 y 2011 son cargadores para fusil –con capacidad para cinco proyectiles–, las piezas sobrantes tras efectuar los cinco disparos –conocidas como “peines” y en las que iban encajadas las balas– y metralla. Gran parte de la munición cuenta con las inscripciones “México 1930” o “México 1931”, por lo que procede del material enviado por el Gobierno mexicano a la República.


En las imágenes, fábrica de madera (hoy desaparecida) donde se acomodaron algunos batallones de la Columna Mangada y reparto de comida enlatada (carne de buey, en este caso). La fotografía no corresponde a Navalperal, pero sirve de ejemplo a lo que era común en el resto de zonas en guerra


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