Las Navas del Marqués a 22 de enero de 2019   

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LAS NAVAS DE ALLENDE LECHA, 1389
  Juanjo  | 26 de abril de 2016


Manuel Fernando Ladero Quesada, nacido en Valladolid en 1957. Licenciado en Filosofía y Letras (sección de Historia) por la Universidad de Valladolid en 1979 con Premio Extraordinario. Doctor en Historia por la misma Universidad en 1987. Miembro, desde 1981, del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), en el que es Profesor Titular desde 1988. Su ámbito de investigación es la historia bajomedieval de la Corona de Castilla, en especial los temas relacionados con el mundo urbano sobre el que versan la mayor parte de sus publicaciones, tanto libros como artículos en revistas especializadas. Es miembro de la Sociedad Española de Estudios Medievales y del Instituto de Estudios Zamoranos.

Ha desempeñado diversos cargos académicos en el seno de la UNED (Secretario de la Facultad de Geografía e Historia, Coordinador de Centros Asociados, Vicerrector de Alumnos y Relaciones Institucionales y Secretario General del Centro Asociado de Madrid) y Coordinador (Vicedecano) de la Comisión del Título de Grado en Historia.

El profesor Ladero Quesada, o mejor dicho su familia, tienen casa en el Barrio de La Estación desde hace noventa años. El pasado viernes, 22 de abril, presentó en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, un primer volumen de la historia medieval de los señoríos de Villafranca y Las Navas, antes de convertirse ésta última en marquesado. Amablemente nos ha pasado al periódico ElNaviero la intervención íntegra, una interesante exposición de nuestros ancestros. Gracias, y aquí estamos para divulgar su trabajo, dentro de la Institución Duque de Alba, patrocinada por la Diputación de Ávila.

Encuadre histórico y plan de la investigación

Desde el punto de vista cronológico, esta investigación se inicia en las décadas centrales del siglo XIII. Momento en el que el territorio abulense pierde su condición fronteriza, internamente, por la unificación de los reinos de Castilla y León con Fernando III, y, frente al dominio musulmán, por el avance de la repoblación hacia Andalucía tras la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 y la posterior conquista de Córdoba y Sevilla.

Esta circunstancia obligó a los monarcas del momento -Alfonso X y Sancho IV- a buscar fórmulas que impidiesen la despoblación del territorio y garantizasen el mantenimiento de la actividad económica agraria.

Una de estas fórmulas consistirá en la entrega de tierras y lugares a miembros de la caballería villana de las ciudades de la Extremadura castellana como recompensa a los servicios bélicos prestados. Se trata de un modelo de repoblación señorial a costa de enajenar lugares pertenecientes al realengo a través de la jurisdicción concejil y en beneficio de las oligarquías urbanas.

Un ejemplo pionero de esas donaciones regias, lo constituye la concesión hecha en abril de 1256 por Alfonso X a Esteban Domingo, alcalde del rey en Ávila -llamado el viejo-, del lugar de Villafranca con sus aldeas. Apenas cuatro meses después, el 25 de agosto, Esteban Domingo otorga carta puebla a dicho lugar, la primera que se conoce en territorio abulense. Como luego veremos con más detalle, pocos años después concederá el heredamiento de Las Navas a otra rama de la familia Dávila
Ciento treinta años después, el 19 de marzo de 1389, el rey Juan I dicta sentencia definitiva en el conocido -entre los estudiosos de la historia medieval abulense- como Pleito de Villafranca (que transcribimos en su integridad por primera vez). En el mismo habían contendido hasta tres ramas de los descendientes del citado Esteban Domingo, con Juan Sánchez Redondo, vecino de Arévalo, a quien se lo había adjudicado el rey Enrique II tras desposeer al anterior titular –Gonzalo González de Ávila- por su apoyo a Pedro I. La sentencia de Juan I adjudica la titularidad del señorío a Pedro González de Ávila, hijo de Esteban Domingo IV -el mozo- y Jimena Blázquez, señor de Las Navas por herencia de sus padres y tataranieto del fundador del linaje. De este modo, a partir de este momento quedarán unificados bajo un mismo titular los dos señoríos generados por una de las ramas de los Dávila descendientes de Esteban Domingo, los conocidos como Dávila de los Trece Roeles.

A partir de la posesión de este señorío binuclear, los sucesivos señores de Villafranca y Las Navas a lo largo del siglo XV desarrollarán una serie de estrategias –transmitidas de unos a otros como si fuesen parte de la herencia- tendentes no solo al control total de estos territorios bajo su jurisdicción, sino también destinadas a expandir su presencia por las tierras intermedias del sexmo de Santiago –al sureste de la actual provincia de Ávila- en los territorios limítrofes con Las Navas (Navalperal, Quintanar, El Helipar, etc) y, más hacia el oeste, en torno a enclaves como Burgohondo, Navaluenga, Navalmoral o Sotalvo, donde pretenderán crear un nuevo señorío. La intencionalidad parece ser doble, por un lado, naturalmente, el incremento patrimonial, por otro, el control del paso de ganados a través de la denominada "cañada leonesa", una fuente de ingresos de primera magnitud.

Para desarrollar esta estrategia expansiva, los sucesivos señores de Villafranca y Las Navas en el siglo XV dispusieron de una serie de puntos de apoyo que la hicieron posible. Señalaría tres a mi juicio fundamentales. En primer lugar, su preeminencia social y política en la ciudad de Ávila –cabezas del bando-linaje de San Juan, regidores “eminentes”-. En segundo término, su lealtad a la monarquía y, como consecuencia de ello, un reconocimiento por parte de ésta materializado en recompensas de todo tipo y, en bastantes ocasiones, una actitud permisiva hacia sus abusos de poder. Por último una política matrimonial orientada a elevar su status social; su culminación será el matrimonio del primer titular del señorío en el siglo XVI –Esteban de Ávila, hijo de Pedro de Ávila, que fallece en 1504- con doña Elvira de Zúñiga –nieta del primer duque de Béjar- que sentará las bases del destacado papel de sus hijos en la corte del emperador Carlos y la elevación de su título a la categoría de marquesado.
El objetivo primordial de la investigación que se inicia en el presente volumen, consiste pues en el análisis exhaustivo de este proceso de expansión señorial y de los fundamentos políticos, institucionales y sociales en que se sustenta, mediante el seguimiento de las actuaciones públicas y privadas de los cuatro titulares del señorío de Villafranca y Las Navas a lo largo del siglo XV, es decir, Pedro González Dávila (1389-1407), Diego Dávila (1414-1436), Pedro Dávila, el viejo (1436-1473) y Pedro Dávila, el mozo (1473-1504).

Como apoyo para el desarrollo de esta tarea contamos, en primer lugar, con los estudios que, sobre el conjunto del territorio abulense en los siglos bajomedievales, han venido desarrollando investigadores de reconocido prestigio como Carmelo Luis, Ángel Barrios, José Luis Martín, Gregorio del Ser o José María Monsalvo, plasmados en los volúmenes de la Historia de Ávila que ha publicado la Institución Gran Duque de Alba y en una amplia nómina de libros y artículos en revistas especializadas.
Además de ello, disponemos de un importante bagaje documental que hasta ahora ha permanecido prácticamente inédito. Nos referimos a la documentación que, sobre el señorío de Villafranca y Las Navas, alberga el Archivo de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli y que se incorporaron a dicho archivo a finales del siglo XVIII -más de una treintena de legajos repartidos en las secciones de Villafranca, Las Navas, El Risco, Archivo Histórico y Privilegios Rodados-. Complementariamente, también ha sido de utilidad la que se encuentra en otros archivos abulenses y estatales –sobre todo el Archivo General de Simancas y la Chancillería vallisoletana, especialmente útiles para nuestro propósito, como testamentos y cartas de mayorazgo o el pleito que mencionábamos más arriba.

Disponemos pues de un conjunto documental. que iremos presentando en sucesivos volúmenes, cuyo análisis sin duda permitirá ampliar lo ya conocido, en otros casos modificarlo y, en otros, presentar cuestiones hasta ahora no tratadas y, en definitiva, seguir con sumo detalle las diferentes vicisitudes por las que atravesó el señorío desde su fundación hasta los albores de la Edad Moderna

Breve descripción del presente volumen

En el presente volumen se incluyen los primeros 115 documentos de la colección diplomática, cuya cronología se extiende desde el 26 de abril de 1256, fecha de la concesión de Villafranca por Alfonso X a Esteban Domingo, hasta 1389, año en que Villafranca y Las Navas se integran en un único señorío conjunto bajo Pedro González de Ávila.

Su tipología es muy variada: privilegios, cartas y cédulas reales, pleitos y sentencias judiciales, documentos de compraventa, concordias, apeos, procuraciones...; y, formalmente, cabe distinguir tres modalidades. En primer lugar, documentos ya aparecidos en publicaciones de otros autores, que hemos considerado conveniente incluir con objeto de presentar un corpus documental lo más completo posible. Son un total de 22 documentos.

En segundo lugar, en los legajos del Archivo Ducal de Medinaceli aparecen frecuentemente carpetillas de las que ha desaparecido el documento original, pero en las que aparecen escritos amplios regestos -elaborados por los archiveros de la casa desde el siglo XVI hasta comienzos del siglo XX- que dan cuenta de su contenido por lo que, aunque no ofrezcan toda la información que aportaría el documento, resultan de suma utilidad para la investigación histórica. Son un total de 13 documentos.

Los restantes 80 documentos son todos ellos inéditos y, salvo cuatro que se encuentran en la Chancillería de Valladolid, conservados en el Archivo Ducal de Medinaceli.
Además de la transcripción y del estudio histórico previo, en notas a pie de página se ofrece toda la información complementaria que ofrecen los documentos y se cierra el volumen con los imprescindibles índices de personas y lugares.
Algunas noticias sobre los orígenes del señorío de Las Navas

La primera referencia documental sobre Las Navas se remonta a enero de 1287, cuando Sancho IV relata cómo su padre, Alfonso X, había concedido el heredamiento de Las Navas “de allende Lecha” a don Mateo, miembro de una de las varias ramas de la familia Dávila, y que, al fallecer éste, él mismo se lo había concedido a Munio Mateos, su hijo, ordenando al alcalde que estuviese en Ávila que le proteja contra todos aquellos que entran en dicho heredamiento a pacer y cortar leña sin su consentimiento.

Casi cuatro años después, en diciembre de 1290, reitera la concesión del heredamiento a Munio Mateos, vuelve a ordenar que el alcalde de Ávila le proteja contra las entradas ilegales y fija sus términos:
Conmo tiene los mojones que aquí serán dichos: del lomo de la Porqueriza conmo tiene el sendero que va a Sancho María y luego a Nava el Potro, e dende al fumero de Quemada, e del fumero de Quemada a Pinosa, e dende al arroyo de Valtravieso arriba fasta la Porqueriza.

El motivo de reiterar la concesión obedece a que en un momento determinado de ese lapso de tiempo entre 1287 y 1290, Sancho IV mandó deshacer algunas de las pueblas que su padre había hecho en territorio abulense y, ahora, por petición expresa de Munio Mateo, revierte su decisión en este caso concreto. Pero en ese tiempo, los habitantes de El Helipar, lugar situado en las inmediaciones de Las Navas, actualmente despoblado, aprovecharon para obtener la autorización regia para labrar la tierra de Las Navas. Por eso Munio Mateos, en 1292, solicita de nuevo al rey que le mande guardar el término de Las Navas y no permita a los de El Helipar seguir entrando en él, a lo que el rey accede y da órdenes en ese sentido:
Monio Matheos me dijo que al tiempo que yo mandé desfazer las pueblas en Ávila que tenía un heredamiento por cartas del rrey don Alphon, mío padre, e mías. E yo, quando en Ávila mandé desfazer las pueblas, e agora él díjome que los de Felipar que levaron una carta de la mi chançillería que labrasen en aquel heredamiento que él tenía en aquel tienpo que ge lo yo mandé dejar, e Monio Matheos vino a mí e pidiomne merçed que ge lo diese así como lo él tenía antes.

En 1296 Fernando IV, todavía menor de edad, con el consentimiento de sus tutores, confirma a Munio Mateos la concesión hecha por su padre. Una concesión en la que solo se hace mención de un espacio territorial, pero en la que no hay referencias a la cesión de ninguna prerrogativa de carácter jurisdiccional, por lo que, en sentido estricto, no es posible considerar a este Munio Mateos y sus inmediatos sucesores como señores de Las Navas, que seguiría siendo jurisdicción del concejo de Ávila. Ello suponiendo que ya en este momento contase con alguna población estable pues, no demasiados años antes, en 1250, cuando el cardenal Gil Torres establece de manera detallada lo que ha de pagar cada lugar del obispado de Ávila a las mesas capitular y episcopal, aparecen lugares como El Helipar o Quemada, actualmente despoblados en su término, pero no Las Navas de “allende Lecha”.

Casi medio siglo después, en el año 1344, encontramos la primera referencia a la presencia de Esteban Domingo el Mozo en las cercanías del territorio de Las Navas. El 12 de febrero de ese año, Domingo Martín y su mujer María, vecinos de Robledo, aldea de Segovia, venden por 800 maravedís a Esteban Domingo una amplia heredad en Villaescusa, lugar limítrofe con El Helipar y Valdemaqueda:
una tierra que es en Villaescusa, término de Ávila, e se sigue en ella por Cabeça Morena las aguas corrientes fasta Villaescusa conmo da en El Chorro e como da en la Trasoyerra e da en el Asperilla las aguas vertientes fasta Villaescusa, e asý cónmo va la carrera del Barco e da en el molino e luego el Cofio arriba e parte con Helipar e con Valdemaqueda.

En septiembre de 1346, Blasco Muñoz, hermano de Esteban Domingo, toma posesión de Las Navas “las que dizen de Nuño Matheos” que había comprado poco antes aunque no conservamos el documento de venta. El documento nos proporciona el nombre de los primeros habitantes de Las Navas de los que, hasta la fecha, tenemos constancia: se trata de Nicolás Fernández y su mujer doña Teresa, en cuya casa Blasco Muñoz hace efectiva la toma de posesión; y Juan Pérez, hijo de Juan Pérez Cogorro, Miguel Pérez Ferrero y Yáñez Domingo, moradores en Las Navas, que actúan como testigos.

El verdadero destinatario de la adquisición de Las Navas era Esteban Domingo pues, apenas un mes después Blasco Muñoz se las traspasa a su hermano por veinticinco mil maravedís. En el documento quedan fijados de manera muy poco descriptiva los límites del lugar, eso sí, desaparece la referencia a la pertenencia a Nuño Mateos:
Que han por linderos de la una parte tierra de Segovia, e de la otra parte tierra del Campo de Hazálvaro, e de la otra parte tierra de Navalperal, e de la otra parte tierra del Elipar.

En su estudio sobre las ordenanzas de Villafranca y Las Navas del siglo XVI, el profesor Alfonso Franco se preguntaba por las razones que llevaron a los Dávila a interesarse por un territorio tan alejado de sus posesiones originales en Villafranca, y apuntaba la hipótesis de que ello podría obedecer a que hubiesen pertenecido a algún pariente del linaje. Nuestra opinión es que Jimena Blázquez, su mujer, debía proceder de la rama familiar de don Mateo, poseedora del espacio navero desde el siglo XIII.
Pero antes de consolidar su posición en Las Navas, Esteban Domingo todavía tuvo que atravesar por algunos desagradables avatares. Entre sus actividades en estos años le encontramos como arrendador de impuestos reales. En septiembre del año 1348, más de una veintena de caballeros abulenses, la mayoría de ellos parientes o miembros de su linaje, se constituyen en fiadores de la deuda que había contraído por el impago del importe del arrendamiento de las alcabalas del obispado de Ávila de los dos años anteriores, que ascendía a 50.000 maravedís, por cuyo motivo se encontraba preso en el alcázar de Toledo junto con su hermano Blasco Muñoz.

Además del alto valor que este documento tiene para el conocimiento de la onomástica del linaje, también es revelador en cuanto a los bienes que en ese momento ya poseía Esteban Domingo el Mozo. Los fiadores para cubrir la deuda ofrecen en prenda una serie de propiedades que le pertenecían y que constituyen un patrimonio ciertamente considerable: 60 yugadas y sesenta pares de bueyes repartidos en casi una veintena de localidades abulenses. A ello hay que añadir su condición de regidor de la ciudad de Ávila.

Unos años después Esteban Domingo alcanza un objetivo importante en su camino hacia el logro de una verdadera potestad señorial en el territorio de Las Navas. En noviembre de 1360, tras escuchar las alegaciones del propio Esteban Domingo -“que aquellos donde él viene e él de muy luengo tiempo acá que memoria de omnes no es en contrario, siempre la guardaron e la defendieron”- y las declaraciones de testigos señalando “que de quarenta años acá que ellos se acordavan que siempre sopieran el dicho Estevan Domingo... viene a él defender e amparar el dicho término ..., el alcalde de la Mesta Juan Fernández declara adehesado el término navero, lo que implica la prohibición de que en él pasten ganados ajenos o las personas entren a cortar leña o cultivar la tierra.

Por otro lado, este documento nos ofrece una descripción bastante detallada de los límites del término de Las Navas:
así como viene la carrera de Sancho Naña e sube a cima de Las Cuestas e así como bierten aguas contra Nabalperal e da en Espino Polo e así como va el camino Las Veredas a Viso e da en la marca de La Porqueriza como toma el camino que llaman de Sancho Naña e ba a la Navazuela, do se parte el camino que va a Sant Yuste, e el otro a Nava de Avellaneda e de allí fasta encima del Saltiello e como ba el camino que va a Quemada fasta la mata que llaman de la Zavatera e de aquí como parte con Quemada e con Helipar, e otrosí como sube la cuesta de Sancho Naña por la cumbre fasta Peña Parda, según bierten aguas al campo, e de Peña Parda a Valtravieso e Valtravieso ayuso fasta do da en el Cofio.

Pocos meses después, en febrero de 1361, se amplia el dominio sobre el término cercano de Valdemaqueda, que ya se había iniciado con la compra de le heredad de Villaescusa en 1344, cuando, en su nombre, su hijo Juan adquiere a varios vecinos todos los bienes que tenían en esta aldea y su comarca, así como en La Quesera y en El Hoyo, que debían ser cuantiosos, ya que pagó la elevada suma de 5.000 maravedís.

En 1367 Esteban Domingo logró de Enrique II la concesión del señorío de Villafranca, sin embargo poco después el rey la revocó concediendo el señorío a Juan Sánchez de Arévalo. Tal vez en compensación por esta pérdida, en abril de 1370, Enrique II concede a Esteban Domingo el tan ansiado señorío pleno de Las Navas, añadiéndole Valdemaqueda, por:
quanta lealtat e fiança en vos fallamos syenpre desde que sodes en nuestro serviçio, e por vos dar galardón desta lealtat e fiança ...
Por ende, damos vos que ayades e tengades de nos por juro de heredad, para sienpre jamás, para vos e vuestros herederos, todas las rrentas, pechos e derechos e otras cosas generales qualquier que nos avemos e nos pertenesçe aver en qualquier manera e por qualquier rrazón en Las Navas con Val de Maqueda, libres logares, con todos los sus términos.

Sin embargo, retendrá para la Corona los " serviçios e monedas e alcavalas e terçias" y también el ejercicio de la justicia y el nombramiento de oficios municipales.

A finales de ese mismo año fallece Esteban Domingo el Mozo. De su matrimonio con Jimena Blázquez constan documentalmente los siguientes hijos: Juan, Pedro, Gil, Alfonso, Rui, Urraca, Amuña, Teresa y Catalina.

Su hijo Pedro González Dávila le sucede al frente del señorío de Las Navas. Apenas unos meses después de la muerte de su padre, en septiembre de 1371, el rey Enrique II le confirma dicha concesión, eso sí manteniendo la misma reserva de derechos e impuestos para la Corona.
Cuando fallece Esteban Domingo, Pedro y sus hermanos son todos menores de edad, por lo que Jimena Blázquez, su madre, será la responsable de su tutela legal con capacidad para tomar decisiones y, en la práctica, administrar el patrimonio familiar. De hecho, desarrolló una muy activa política de consolidación y expansión de sus propiedades en las inmediaciones de Las Navas a lo largo de toda la década de los setenta del siglo XIV, hasta que su hijo alcanza la mayoría de edad. En la colección documental se incluyen 18 compras de tierras, casas, viñas y otros bienes raíces en las quinterías de La Cabrera y de Valtravieso, en Quemada y en El Tiemblo, efectuadas por Jimena Sánchez entre 1374 y 1379, por un importe total de 7.235 maravedís. En los deslindes de estas propiedades, se observa que muchas limitaban con tierras que ya eran propiedad de la propia Jimena, lo que demuestra que el objetivo prioritario de estas adquisiciones era la consolidación del control del territorio y sus habitantes.

Pedro González Dávila alcanza la mayoría de edad hacia 1380 y continua la labor comenzada por su madre. En este sentido, destaca sobre todo la adquisición a un vecino de Robledo de Chavela de unos molinos en el río Cofio por siete mil maravedís en 1382:
La qual heredat es en el rrío que dizen del Cofio, a la puente que es en término del dicho Pedro Gonçález que es çerca de la dicha Valdemaqueda.

Casi en coincidencia con esa mayoría de edad, las limitaciones al ejercicio de la plena jurisdicción sobre Las Navas y Valdemaqueda impuestas por Enrique II desaparecen en virtud de dos privilegios expedidos por Juan I en julio y agosto de 1379:
E, por vos fazer más bien e más merçed, do vos que ayades para syenpre jamás, para vos e vuestros herederos e para quien vos quisyéredes, la justiçia e jurediçión çivil e criminal, alta e baxa, e con el señorío real e misto mero inperio del dicho logar de Las Navas con Valdemaqueda, e que podades poner ý allcaldes e alguaziles e cadena e forca e escrivanos públicos e los otros ofiçiales que quisyéredes e vyéredes que vos cumplen.

Ya señalé cómo, en marzo de 1389, la sentencia definitiva del llamado Pleito de Villafranca instituyó como señor de dicho lugar a Pedro González. El logro de esta tan ansiada pretensión familiar se vio en cierta medida enturbiado por los esfuerzos que Pedro González de Ávila tuvo que hacer en los años siguientes para contrarrestar la pretensión de la ciudad de Segovia de anexionarse el territorio de Las Navas.
El afán expansionista del concejo de Segovia en los territorios al sur de la sierra se remonta a finales del siglo XII y hay constancia de los frecuentes conflictos con otras jurisdicciones, especialmente con Madrid. En este caso, intentaba ampliar el espacio de los sexmos segovianos cercanos: El Espinar y Casarrubios, donde se enclavaba Robledo de Chavela, limítrofe con Las Navas.
Pedro González de Ávila reaccionó rápidamente logrando la expedición de una cédula de Juan I por la que le ampara en la posesión de Las Navas y Valdemaqueda, ordenando a las justicias de Ávila y Segovia que respeten ese amparo mientras que Pedro González no fuese llamado a juicio y pudiese alegar en su defensa. Con los documentos que describen este conflicto finaliza este primer volumen de la colección documental. En el segundo -ya finalizado y de próxima publicación- se incluyen los que ponen fin a esta disputa -con la victoria de Pedro González-, el resto de los que generó hasta su muerte hacia 1407 y los que nos ilustran sobre los primeros años al frente del señorío de su hijo y sucesor Diego González de Ávila.


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