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EVA VENEROS
A UN LIBRO VIEJO
  Taller de periodismo  | 24 de mayo de 2016

No soy más que un desecho, una vida en descomposición, una suma caprichosa de compuestos orgánicos volátiles. Me he pasado la vida adaptándome al calor, la luz, la humedad o la ausencia de ellos, sin poder evitar su huella en mis huesos maltrechos y ya algo amarillentos.

Mis ajados miembros han acabado por acostumbrarse al contacto con mis semejantes, a sus manías, a sus huellas de vidas anteriores, a sus desgarros y sus olores...

El breve perfume a vainilla que destilo deja ver entre líneas los años que ya no cumpliré y compite tenaz con los otros por hacerse notar entre tintas, pegamentos, fibras y productos químicos de nombres complicados como la lignina o el acetato de etilo y etileno, EVA (Etil-Vinil Acetato).

Adictos al café, comilones de manos grasientas, fumadores, dueños de mascotas, aficionados al repollo y al chocolate ó amigos de la naftalina y el incienso son algunos de los alquimistas que han determinado mi fragancia. Física y química en estado impuro.

Incapaz de pasar página mi degradación me ha convertido en lo que hoy soy: un patrimonio de olores, una fuente inagotable de evocaciones, pensamientos y emociones. Soy una sopa de letras, un receptáculo de notas, pétalos y polvo acumulado en mis lomos tras lustros sin ver un trapo ni en pintura.

Mi deterioro se abre a un abismo de sangrías, interlineados, manchas eternas, anotaciones, años y subrayados. No soy más que una mercancía mil veces ojeada, una sucesión de capítulos que se descompone tipográficamente de mano en mano, de poro en poro, impregnada de bacterias, hongos, tiempo y aromas.

Mi decadencia es tal que al instante de nacer ya estoy muriendo un poco.
Sin embargo cuando me acerca a su nariz y recorre mi piel con la yema de sus dedos, tan despacito, tan poco a poco que parece que vaya a detenerse para siempre, entonces, todo cambia.

Cambia todo, cuando su ojos de miope se emocionan con mis líneas, cuando los escucho suspirar entre párrafos, entristecerse tras un punto y final, llorar con mis penas o reír a carcajadas...

Solo entonces olvido que me estoy pudriendo lentamente, que no puedo moverme de esa maldita estantería, que solo veo con sus ojos, que sus manos son mis alas.

Y entonces me digo a mi mismo que merece la pena vivir para seguir muriendo, morir De viejo, al menos si, como yo, eres un libro.

EVA (Etil-Vinil Acetato)Veneros.


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- Artículo realizado por Taller de periodismo
- Publicado el 24 de mayo de 2016

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