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DANIEL F. IBÁÑEZ
¡Así no se hace!
  Taller de periodismo  | 1ro de septiembre de 2016

Los primeros rayos de sol apenas habían surgido aún; sin embargo la hija menor de la familia Smith, Mary, ya estaba sentada a la mesa de la cocina. Sus hermanas Marilyn, Mar, Marian y Marion no tardaron en llegar y tomar asiento. Cuando vieron aparecer a su madre Anne se levantaron y pusieron los cubiertos y los platos para el desayuno; la mamá saco cuatro cajas de cereales. A cada niñita le gustaba un tipo diferente.

- Los de avena para Mary –dijo la madre mientras se colocaba un cigarrillo en la boca-, los de chocolate para Marion, los recubiertos de miel para Mar, los de sabor a fresa para Marilyn, y mixtos para Marian –al acabar el reparto se sirvió un café. Aprovechando que las niñas no miraban se despachó un chorro de ron y se fue al comedor dejando a sus hijas.

Mary volcó los copos en su bol hasta casi llenarlo y después vertió la leche en el recipiente hasta el borde. Sus hermanas se quedaron mirándola con gesto de desaprobación.

- ¡Así no se comen los cereales!, pedazo de asno –espetó Mar-. Observa y aprende.
Se echó medio tazón de leche y lo acabó de llenar con sus cereales de miel; además cogió un vaso de cristal de color verde y lo sobrellenó con zumo de naranja.
- ¡Te has equivocado, tú sí que eres una burra! –se burló Marion-. Todos saben que la forma correcta de comer unos cereales es llenar un recipiente con leche. Después, con una cuchara, los coges y los mojas sin que se caigan al bol. ¿Lo ves?: así es como se hace –les explicó Marion, que era la más marimandona de las cinco. No quedaron convencidas con su método.

- ¡Las dos os equivocáis, cazurras, que solo sois un par de cazurras! –saltó Mary sulfurada-. Así solo conseguiréis estropearlos.

- Ehhhh…chicas, que bobas sois, os estáis confundiendo las tres –sentenció Marilyn en tono calmado-. Todos saben, incluso a los que no les gustan los cereales, que la correcta forma de comerlos es a puñados; sin mojarlos en ningún tipo de líquido.

- Bobadas, no dices más que sandeces y mentiras –le reprochó Marian-. Es bien sabido que lo que realmente cambia la forma de prepararlos depende de qué marca sean.

- ¡Dejad de discutir! –gritó la madre desde el salón; no solo no la hicieron caso sino que además las cuatro se giraron al unísono y le enseñaron la lengua.

La discusión de las renacuajas se prolongó durante horas hasta que acabaron finalmente el desayuno. Al día siguiente volvieron a discutir y al siguiente y, por supuesto, al día siguiente también.

¿Cómo puede suceder esto día tras día?, se preguntarán. Muy sencillo: Mary no tiene ninguna hermana; su madre murió al nacer ella. Todo es producto de su imaginación. Día tras día discute consigo misma sobre cómo se preparan los cereales.
Daniel F. Ibáñez


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- Artículo realizado por Taller de periodismo
- Publicado el 1ro de septiembre de 2016

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