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LOS MARTES Y MIERCOLES, MA GALIO (2)
El caso del entoñadito en resina (a)
  José María  | 27 de marzo de 2012

"Para conseguir una producción aceptable en cantidad (del orden de los 3,5 Kg/pino), los resineros deben realizar una serie de labores durante casi 8 meses a lo largo del año. Esas labores consisten en quitar la corteza, realizar “picas” cada 14 días y luego recoger el preciado y pegajoso exudado".

Al Comandante del Puesto le viene a la memoria este párrafo. Lo aprendió cuando estuvo resolviendo el caso, que denomina, ’El caso del entoñadito en resina’. Ahora le retorna a las mientes, mientras los contertulios prosiguen su charla sobre los problemas de la extracción de la resina en Los 13 Roeles.

Por cierto, un día le preguntará a Enrique, el dueño del bar, la historia del mismo y el significado de ’roeles’.

Al joven sepultado en resina lo descubre un visitante natural de Madrid que anda por el pinar recogiendo setas. Se acerca a un caseto, en cuya entrada hay una mesa y sillas, para descansar un poco. Y eso hace disponiéndose a comer un bocadillo cuando se apercibe de que hay como una balsa llena de un liquido blancuzco con un tridente en medio; mas allá una mariposa de colores le llama la atención posada en algo que parece una mano; se sorprende, se levanta, se acerca y... si, sobresaliendo del líquido, hay una mano; de sus dedos caen como hilillos blancos. Alarmado saca el teléfono móvil y llama a la Guardia Civil.

Bueno, costó un poco extraer el cadáver del líquido pegajoso, rememora el guardia civil. Y otro poco limpiarle el rostro; pero los de La Ciéntifica, que acudieron presurosos, tienen solución a casi todo y con alcohol lavan la cara. El Comandadnte del Puesto lo reconoce enseguida.

El interfecto, que había sido albañil y entonces trabaja la resina, llega un día al cuartelillo para denunciar una agresión: le han tirado piedrecillas con un tirachinas -eso dijo- cuando cabalgaba a caballo.

No se le olvida a Ma Galio que le cabreó mucho porque al presentarse dijo:

-Señor Comandante...

- Con sargento vale. Y con respeto.

- Es curioso que siendo un simple sargento le llamen comandante -y se rió.

En días sucesivos volvería al cuartelillo a quejarse del robo de un caballo; que luego aparece cerca de Navalperal; o de tirarle las tazas con las que recogía la resina; o de ponerle zancadillas en el baile de la plaza; o...

-¡Bah, bobadas a ojo, chuminadas!

El Comandante del Puesto, Ma Galio, servidor público donde los haya -a gala lo tiene- le trató siempre correctamente sin resultarle simpático, para que negarlo.

Y es que el jefe de la Guardia Civil tiene su almita. Como cualquiera. Es decir: sus simpatías y aversiones. Y cuando asoma en el umbral, solo verlo... Un tipo así, medio lelo, un siesnoes estúpido, que, a veces, abre la boca como si mirara por ella, cual tonto del pueblo, en palabras de Machado (Don Antonio); que semejante personaje, por otra parte bien parecido -lo reconoce-, rostro aniñado, musculoso, viniera a su despacho con pantalón ajustado y exhibiendo bocadillo como el que enseña zapatos nuevos... y con muestras, patentes, de imbecilidad y mala educación...

-Solo verlo -pensaba- me echa para atrás.

Sentimiento que, cuando investiga su muerte, -tras llevarse los de La Ciéntifica el cadáver para dilucidar la causa de ella- ve reflejado en la gente del pueblo; lo piensa por lo que declaran al entrevistarlas a fin de averiguar cosas elementales: ¿quién salía beneficiado con su muerte?, ¿cuándo lo vieron por última vez?, ¿si habían visto u oido algo extraño?, o ¿quienes eran los que mas visitaban al resinero?... Todas las declaraciones coincidían: era bobo, mala persona, se comportaba como un chulo, e incluso tenía ramalazos bestiales: palizas a sus padres, maltrato a niños, intento de violación -según alguno- a una chica...

(Ma Galio aquí hace un paréntesis indicando que no todo lo que afirmaron estaba verificado; cree, su olfato policial le señala, que había, dentro de la verdad, mucha mala leche en lo que vierten sobre el mozo; ¿por qué?: muy sencillo: era odiado al no haber seguido a sus vecinos; los traiciona haciéndose cargo de los pinos, a pesar de aconsejarle, como le aconsejaron, que era mas sensato hacer una piña frente al Ayuntamiento a fin de conseguir mas pinos para un sangrado rentable, ya que el actual no lo era en absoluto, y al tiempo conseguirían mas puestos de trabajo)

Otro denominador común salía de las palabras de los vecinos: el progresivo retraimiento del bobo presuntuoso a su choza, en medio del bosque, donde tenía, amén del caseto, una balsa para el almacenamiento de la resina; y, lo que es mas sorprendente y extraño, una piscina llena de alcohol, cubierta; luego supieron -comentaban- que se metía en ella para quitarse la resina pegada a su cuerpo. De ahí el olor, difícil de soportar, que Ma Galio sufrió en su despacho.

Pero, aparte del alcohol y de otras naderías, a la conclusión que llegó nuestro sabueso particular, Ma Galio, fue categórica: el resinero había sido asesinado; todos le odiaban y con su muerte se hacían fuertes ante el Consistorio.

Solo queda que el informe de La Científica aseverara o refutara su diagnóstico.

Mientras tanto el Comandante del Puesto hace una última entrevista: a una resinera del pueblo de Navalperal; según los vecinos había sido, durante un tiempo, su íntima; hasta que, haciéndose del mismo oficio, comenzaron las desavenencias.

Y allí se fue Ma Galio en bicicleta.

(seguirá)---


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- Artículo realizado por José María
- Publicado el 27 de marzo de 2012

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