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ANDRÉS BARTOLOMÉ
DISCIPLINA
  ANDRÉS BARTOLOMÉ  | 7 de noviembre de 2016

En los informes de las diferentes columnas resulta patente el esfuerzo de los mandos para subir la moral y encuadrar a las milicias en la disciplina militar. La Orden General de la Columna Mangada del día 31 de agosto de 1936 es elocuente al respecto:
«Se advierte a los milicianos:

1º Las Compañías que bajen a descansar a Madrid tendrán en cuenta que el tiempo de permiso es de las siete de la mañana (hora de salida del tren para Madrid) hasta las 18 y 40 del día siguiente (hora de salida del tren para ésta). (...)

2º Es completamente derrotista, es hacer verdaderamente labor fascistizante toda clase de conversación y hasta de exclamaciones producidas por la presencia de la aviación enemiga que conducen a infundir la huida, el pánico (...). Tales conversaciones, tales exclamaciones, como “ya están ahí”; “corramos” etc... no son otra cosa que producto de un miedo infantil, que el miliciano no debe tener, pues en campo descubierto puede facilísimamente sortear el peligro, permanecer en su puesto y acudir donde fuese preciso con sólo observar la situación del avión, moverse rápidamente a derecha o izquierda si el aparato está completamente encima de la vertical que cae sobre el observador y, teniendo el oído atento, tumbarse al oír el silbido que la bomba produce al descender rasgando el aire. Aún debe el miliciano estar más tranquilo teniendo en cuenta que el enemigo no dispone de bombas en cantidad y calidad excelente. La envuelta de una de ellas, cogida ayer, revela lo que se dice pues era la de una lata para chorizos en conserva».


Robert Capa. Barcelona, 1936. Un miliciano republicano se despide antes de partir al frente. Fotografía: Magnum Photos


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