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CARMEN JIMÉNEZ
El Cerro del Tío Pío
  UN MUNDO PARA CURRA  | 23 de enero de 2017

He estado esta mañana en el Cerro del Tío Pío, que es un parque que hay en el sudeste de Madrid, Vallecas arriba, y que lo único que tiene de feo es el nombre. Este parque está situado en una terraza en la que antiguamente se habían ido instalando los inmigrantes que llegaban a Madrid a principios de siglo (XX). Más que un barrio marginal, era un asentamiento de chabolas e infraviviendas, que en los años 70 y 80 se fue rehabilitando y que, finalmente, se convirtió en lo que es ahora: un mirador extraordinario desde el que las vistas de Madrid son asombrosas.

También se conoce este parque como el Cerro de las Siete Tetas, o el Cerro de las Tetas, sin más. Y es que el parque tiene unos montículos enormes debajo de los cuales están los restos de las antiguas chabolas. Los urbanistas, yo creo que con buen criterio, en vez de llevarse los escombros echaron arena y plantaron césped, y ahora eso se ha convertido en unas protuberancias que parecen tetas. Bueno, que parecen tetas o que somos unos ordinarios, porque si este parque lo pones en París, entonces se llamaría le Parc des Sept Grandes Buttes, o ya puestos a evitar descripciones se hubieran inventado cualquier cursilada, y lo hubieran llamado le Parc de la Grand Vue, o le Parc de la Melancolie, o le parc de l’Amour pour la Terre, o algo así.

Creo que ya les he contado que trabajo en una undécima planta. Los cielos que veo desde mi ventana son de infarto la mayoría de los días, y en especial por las tardes. Esta semana, con el frío y la ausencia de contaminación, hemos tenido espectáculo casi todas las tardes. La muestra que les ofrezco aquí es pobre y además tiene una ventana por medio, pero creo que permite que se hagan una idea de lo que me toca penar algunas tardes:


Uno de estos días, hablando de los cielos de Madrid y de la suerte de poder verlos desde lo alto, una compañera mencionó el Cerro del Tio Pío. Me dijo que ella iba a veces con su perro y que había mucho friki con cámara por las tardes. No me digan más. Con lo que me gustan los perros a mí. ¡ Y con lo que me molan los frikis con cámara! Así es que esta mañana he montado a Curra en el coche y nos hemos ido de excursión. Según Google maps está a a un cuarto de hora en coche desde mi casa. Nosotras hemos tardado 45 minutos porque, como era previsible, nos hemos perdido. Por otra parte, el día era feote, de estos en los que el cielo no está limpio ni hay nubes, era media mañana con una luz tirando a ej, en fin, que como no lo van a quitar, yo tenía sólo el propósito de ir a ver dónde estaba, cómo se llegaba, qué se veía y qué tal iba el objetivo de la cámara. Lo que se llama una visita de prospección.

Amigos, todavía tengo la boca abierta.

Madrid a tus pies. Madrid y más allá, porque se ve Guadarrama y toda la sierra, y yo creo que con unos buenos prismáticos se ve hasta el Monasterio de Montserrat. Madrid grandioso, Madrid precioso, Madrid über alles. Un espectáculo. Les dejo unas fotos que no valen nada, pero habrá más visitas: sólo hay que esperar a que el cielo nos sea propicio.


Lo que me parece curioso es que se trata de un lugar desconocido para la mayoría de los madrileños, no digamos para la turistada. Quizá sea mejor así. Pero entre ustedes y yo, si pasan cerca y no lo conocen, dense un garbeo por allí, que me lo agradecerán.

La historia del parque, aquí.


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