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LOS MARTES Y MIERCOLES, MA GALIO
El caso del entoñadito en resina (y b)
  José María  | 17 de abril de 2012

Los dos anteriores martes Ma Galio, Comandante del Puesto de la Guardia Civil, no ha podido ponerse en contacto con los lectores de ’elnaviero’ al tomarse unos días de asueto para ir a darse una vuelta por su pueblo de Valdepeñas. Los servidores públicos también tienen derecho a vivir su intimidad. Allí se vio con antiguos compañeros y revivieron épocas pasadas. Recordando, por ejemplo, cuando se pusieron, por orden claro, a realizar una encuesta sobre los deseos de todo el colectivo de guardias, sorprendiéndoles las contestaciones de una gran mayoría sobre que deseaban ser civiles y no militares, que los mandos salieran de sus propias filas y de la posibilidad de quitar las casas cuarteles para ir a vivir y convivir con el resto de la población. Y de como de repente, por orden claro, cortaron la encuesta lo que les sorprendió aun mas.

También rememoraron... Pero se estaba enrollando en asuntos que nada tenían que ver con la terminación del caso del entoñadito en resina. Bueno, lo cierto es que ha llegado como nuevo. Y muy alegre pues con las lluvias ha visto salir al campo manchego de la UVI de la sequía. Con lo cual el vinito de su tierra seguirá fluyendo.

El caso es que, como decíamos en la anterior entrega, Ma Galio monta en bicicleta en dirección de Navalperal de Pinares con el propósito de entrevistarse con la resinera.

Encuentra a la moza revolviendo la resina de la balsa con un tridente de hierro.

-¿Qué hace el Señor Comisario? -saludó la mentada.

-Por favor, llámeme sargento. Si no le importa.

-¿Sargento?... Oiga, ¿y por qué le llaman comandante? -se rió la interpelada.

-¡Otra vez la broma de los cojones! -piensa el servidor público- Óyeme tu -dice en voz alta- ¿cuándo viste por última vez a tu maromo resinero?

-No es mi maromo. Hace tiempo que no lo veo.

¡No me vengas con hostias! Te vieron ayer con él -lanza Ma Galio a voleo y acierta.

La chica empalidece y responde titubeando:

-Bueno... la verdad... fui ayer a estar con él.

- ¿Por qué has mentido?

- Es que... no quiero que mi novio se entere...

- ¿A qué hora lo visitaste?

- Hacia las nueve de la noche.

La moza contesta y al tiempo sigue removiendo con el tridente la resina. Sus pechos se mueven en oleadas. Ma Galio no pierde detalle. Ve aparecer y esconderse los pezones cual badajos de unas suaves campanas carnales. ¿Eso se lo imagina? No. Se le ofrece gratis a la vista. Nuestro lebrel particular, bautizado Ma Galio, vástago de obrero en almacén de vinos, ya se ha dicho en varias ocasiones, todas las mañanas sale vaciado de casa; Carolina, su esposa católica, apostólica y romana, ascua ardiente, no quita una cosa con la otra, le extrae jugos cual resinera particular. Por lo que, apartando campanas y badajos, dispara a bocajarro:

-¿A esa hora es cuando lo mataste?

-¿A quién? -responde asombrada y aturdida.

- ¿A quien va a ser? A tu novio, ¡joder!. No te hagas la tonta conmigo.

- No es mi novio. Pero ojalá lo hubiera tirado a la balsa y lo hubiera entoñado en resina empujándolo con el tridente.

- ¿Cómo sabes que murió en la balsa? Yo no te lo he dicho.

- Sargento, no me líe. No he afirmado tal cosa.

-Pues está muerto. En medio de la balsa. Y bien entoñadito en resina.

La chica deja el tridente, arrima una silla a la mesa de pino y se sienta. Ma Galio hace lo propio. La resinera apesadumbrada. Las manos tapándose la cara. Se pone a hablar y hablar y hablar:

- Algo me temía... Dijo que iba a hacer algo gordo... Que me iba a arrepentir de lo que le había hecho... ¿Yo?... Estaba cada vez mas raro... Atrincherándose en su rincón resinero... Y todo, creo yo, surge en un baile... Íbamos a enlazarnos y sentí tal repulsión que me eché atrás como si una fuerza me impulsara. Entonces se vino hacia mi y me dio un empujón. ¡Qué gracia, echome en brazos del joven que hoy es mi novio! Bailé toda la noche muy a gusto. Mi antiguo novio, lo sé, fue rechazado por otras mujeres; hasta que, cabreado y borracho, se marchó del baile. Mas no se dio por vencido y vino al día siguiente. Al verlo me estremecí. Una fuerza me alejaba de él. Enfadado, se marchó insultándome, diciéndome de todo, menos guapa. Luego me contó gente amiga, riéndose, que decía por ahí que, como ambos trabajamos la resina, al quedar impregnados de ella, nos cargamos de electricidad negativa... ¡Increible!... ¡Se creyó a pies juntilla eso de ’polos del mismo signo se repelen, se rechazan, se alejan’...! Tonterías... Bobadas... Yo ya no lo quería. Y punto. Aunque no se daba cuenta de nada. Y construyó una piscina cubierta llenándola de alcohol. Allí se bañaba para disolver la resina adherida al cuerpo. Creía que librándose de eso volvería conmigo... Al salir del baño su cuerpo relucía de blancura irradiando un olor poco soportable. Todo el mundo se apartaba a su paso. Hasta sus padres tenían que taparse las narices.

La resinera se paró un momento. Luego siguió diciéndole a Ma Galio que el resinero le fue a ver varias veces. Y que se ponía violento porque no le hacía caso. Que tuvo miedo de que pudiera pegarle.

- Lo reconozco, señor Sargento. Tuve miedo. Ayer fui a verlo. Para que me dejara en paz. Y lo encontré desesperado y furioso. Exclamaba que no solo nadie lo quería, sino que se había gastado todo su dinero por mi -eso me dijo- para montar el sangrado de la resina. Que había echado cuentas y se está quedando sin un duro. Para comer -eso lo sé- vendió el caballo. ¡Pobre hombre! ¡Qué mal ha acabado! Es cierto que me insultó y me amenazó y... Pero yo no lo he matado señor Sargento. Lo juro por Dios.

El Comandante del Puesto, Ma Galio, se va de Navalperal dudando, tras su entrevista con la resinera, de que lo hayan asesinado. Podría haberse suicidado. Para atar todos los cabos vuelve a la escena del suceso. Entra en el caseto. Busca un cuaderno. Allí apuntaba sus cuentas, según la resinera. Lo encuentra debajo de un camastro. Y si, todo lo que había contado era cierto: vendido el caballo, arruinado; tenía de beneficio al mes... ¡trescientos euros! Luego, mira por todas partes hasta que encuentra un pasadizo: daba al depósito o piscina del alcohol. Todo lo que relató la resinera era verdad.

Cuando llega al despacho del cuartelillo -recuerda Ma Galio- se encuentra sobre la mesa el informe de La Ciéntifica; conclusión: lo habían asesinado; entre el papeleo ve una foto del cadáver ya limpio de resina: en la parte derecha del cuerpo aparecen tres marcas: la separación entre ellas era de la misma longitud que la de los dientes del tridente.

Paga Ma Galio su ’simple vino de Valdepeñas’ y los boqueroncitos en vinagre con sus patatas fritas, deja a los contertulios en ’Los Roeles’ y se va hasta la librería Lázaro donde había encargado una novela negra.

Avenida Principal arriba le viene a la memoria este otro párrafo: " Resina de Pináceas. Las resinas naturales constituyen mezclas de compuestos de amplia variedad e interés comercial. La extracción, transformación y usos de éstas resinas se describen desde la antigüedad, existen en la Biblia, el Ramayana, el Mahabharata y otros escritos que datan de los primeros siglos de nuestra era. Dentro de las resinas destaca la extraída de los pinos (coníferas) ".

Eso: desde la antigüedad, en la Biblia, el Ramayana, el Mahabharata...

Es cierto, antiguo como la muerte, como el asesinato, como el odio, como...


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