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TERESA, LA MILICIANA DE MANGADA
  ANDRÉS BARTOLOMÉ  | 4 de junio de 2017

“La persona que se encuentra a la izquierda del general Mangada es mi abuela, Teresa Alonso Otero”. Con estas palabras se nos desvelaba el pasado 2 de abril la identidad de la mujer que acompaña al entonces teniente coronel republicano (el ascenso a general fue otorgado por sus propios hombres) en una fotografía que publicamos hace tiempo, pero de la que no teníamos demasiada información.

La azarosa vida de Teresa Alonso se cuenta en un libro, “El recuerdo me duele”, de Victoria Cuevas (en este enlace comienza la parte de la presentación de su trayectoria en la Columna Mangada: ver aquí ).
El pasado 20 de mayo, el hijo y el nieto de Teresa nos acompañaron en la ruta que hicimos siguiendo el rastro de las huellas de la Columna Mangada en Navalperal.

Ésta es la historia de una mujer infatigable:

La noche del 18 de julio de 1936, Teresa Alonso Otero la pasa haciendo guardia junto al madrileño puente del Rey, en una zona que desde el comienzo del alzamiento queda bajo control de las milicias: Puente de Segovia, Puerta del Ángel y Casa de Campo, donde el teniente coronel Julio Mangada monta una “oficina de alistamiento”. Afiliada a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), la célula de Usera a la que Teresa pertenece se integra en el batallón Aida Lafuente de la Columna Mangada. Tras su paso por Navalperal, participará también en el frente de Talavera, donde los moros copan a los republicanos del veterano que se hizo célebre en Ávila.

Tras el decreto de Largo Caballero, las milicianas son evacuadas de primera línea siguiendo la consigna “Hombres al frente, mujeres al trabajo”. En este periodo, ya en noviembre, la emprendedora Teresa monta talleres textiles en Usera para abastecer de prendas de abrigo a las tropas en el frente. No contenta con ello, insta en las calles a alistarse en el nuevo Ejército Popular que la República está organizando. Pero la joven entusiasta va más allá e intenta ser aviadora, para lo que se presenta junto con su hermano Pablo, aunque su solicitud no es aceptada “por ser mujer”.

Evacuada junto con sus padres a Valencia, decide entonces hacerse enfermera en el hospital de sangre de las Brigadas Internacionales en Benicasim, porque “pensaba que no podía estar sin colaborar con mi esfuerzo en ganar la guerra”. Inquieta como es, la antigua miliciana se integra después, con otros miembros del PCE, en el Servicio de Información del Estado Mayor de Levante, donde con gran riesgo debe proporcionar al mando datos de la posición de las tropas para su abastecimiento. En este periodo se enamora de Florín Blanco de Lucas, con quien contrae enseguida matrimonio ante la imprevisión de lo que pueda deparar la contienda.

En marzo de 1939, cuando cae Madrid, deciden salir de España y emprenden camino del puerto de Alicante, donde formarán parte del grupo de 30.000 republicanos que se ven obligados a rendirse ante las tropas italianas de la división Littorio. Son confinados en el Campo de los Almendros, donde pasan penalidades y sufrimientos. Poco después, los hombres son conducidos al Campo de Albatera, pero Florín enferma y es trasladado a Madrid, donde se reencuentra con su mujer. Una vez en la capital, Teresa es denunciada por una tía de su madre con la que había convivido al comienzo de la guerra. La acusan de haber formado parte de la Columna Mangada y de no delatar a los anarquistas que mataron a su tío y a sus primos, “cosa que no podía hacer porque no los conocía”, según asegura. Detenida el 4 de agosto de 1939, es conducida a los calabozos de Gobernación, en la Puerta del Sol, donde se da cuenta de que está embarazada. En marzo de 1940 es condenada a 30 años de reclusión por “auxilio a la rebelión”, pena que cumple en la cárcel de Ventas, donde permanece hasta el 21 de junio de 1940.

Allí da a luz a su primer hijo. Después la trasladan a Saturrarán, prisión “para reeducar republicanas”. El niño tiene que abandonar la prisión a los tres años y medio, y es acogido por su padre. Ella le dedica unas sentidas palabras: “Me separo de él para que tú seas, dentro de lo posible, más feliz... No sé lo que me pasará pero prefiero ser yo la que se sacrifique en todo momento”. El indulto llega el 6 de agosto de 1946 pero es su marido el que entonces es encarcelado acusado de ayudar al maquis. Pocos meses después es puesto en libertad por falta de pruebas. Durante la Transición, Teresa vuelve a entregarse por completo al activismo político en el PCE.

Teresa Alonso Otero aparece también en otra imagen (es la miliciana de la derecha), facilitada por su nieto, César Blanco:
“Compañeras incorporadas valientemente a la lucha antifascista”.
Julio de 1936. Autor: Díaz Casariego
(Colección de la CNT)


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