Las Navas del Marqués a 28 de junio de 2017   

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VII-Los enemigos de la savia
  DANIEL FRAILE  | 18 de junio de 2017

Al abrir los ojos veía borroso y sentí que la gravedad tiraba de mí. Estaba colgado boca a abajo, en una viga, sobre la enorme planta. Al observar a mi alrededor comprobé que, al igual que yo, había colgadas dos personas más: el hombre con quien me había chocado y una mujer pelirroja.

Ellos aún estaban inconscientes y suspendidos en una especie de capullo formado por lianas. Aproveché que aún podía mover las manos, saqué el cuchillo que guardaba bajo la manga del abrigo y comencé a cortar las ataduras de mis tobillos. Antes de caer me agarré a la viga y comencé a desplazarme hacia un poste por el que me descolgué.

Esta vez la planta no se movió. Avancé procurando no pisar ninguna raíz ni tropezar con alguna liana. Cuando conseguí salir del laberinto comencé a buscar a Valery. Después de una hora deambulando por el jardín no conseguí hallarla. Entonces apareció una pequeña sombra que corría velozmente.

Se escondía tras las plantas y, al acercarme, oí una risa pero no había nada. Por el tono parecía una niña. La volví a escuchar a mis espaldas. Efectivamente era una niña. Tenía un vestido morado con un lazo blanco anudado a la cintura. Llevaba una larga melena rizada de color anaranjado. Cuando alzó la vista para mirarme pude ver unos ojos de color verde que brillaban de forma siniestra en la oscuridad.

No se trataba de Valery; al ver su rostro la reconocí. Era la chica de la foto que encontré en la habitación morada.

- ¿Disfrutas de mi jardín del Edén? -preguntó con una voz suave y tranquila.

- ¡¿Tuyo?! -me sorprendí-. ¿Acaso eres Dorothy?

- Chico listo. Parece que has extraviado a tu pareja de baile. Será mejor que te des prisa, seguro que se aburre ella sola en el laberinto -concluyó con una mueca malévola.

Salí corriendo hacia el laberinto. El olor que emanaba de la flor comenzó a hacerse más intenso; para cuando quise llegar a ella se había comido al hombre y estaba a punto de hacer lo mismo con la mujer pelirroja. Justo antes de que la engullese con su boca dentada -que escondía bajo unos pétalos- se detuvo y trató de aprisionarme con una de sus mortíferas liana.

La esquivé. Lo intentó de nuevo; antes de que lo consiguiera la rajé con el cuchillo. Tal vez no pudiese matar a la planta con él, pero al menos liberaría a Valery y a la mujer. La flor emitió un extraño y desagradable sonido.

Soltó a la mujer pelirroja, quien rodó dentro de su capullo hasta una pared cercana. Corrí en su busca y la liberé. Huimos del alcance de la planta.

- Gracias por salvarme, yo soy Lisbeth.

- ¿Dónde está Valery? -dije una vez que estábamos a salvo.

- ¿Quién?

- Valery, una niña rubia con un vestido blanco.

- No lo sé, no he visto a ninguna niña; puede que se encuentre con los otros.

- ¿Qué otros? -pregunté desconcertado.

- Jugadores, la planta cuelga de las vigas a quienes se va a comer; los demás esperan su turno en un sótano bajo la flor.

- ¿Cómo puedo llegar allí?

- Hay una trampilla debajo de una de las raíces, pero no será fácil llegar -hizo una pequeña pausa y continuó-. Te ayudaré a distraerla; a cambio deberás salvar a mi amiga. Su nombre es Anny.

- Haré lo que pueda por encontrarla.

Entramos de nuevo en el laberinto y llegamos adonde reposa la planta. Lisbeth le tiró un hueso para distraerla; mientras tanto me acerqué a la raíz y traté de apartarla. Pesaba mucho y estaba muy aferrada a la tierra; tras varios intentos frustrados comencé a acuchillarla. La raíz se apartó, permitiéndome abrir la trampilla e introducirme dentro antes de que bloqueara el acceso.

Dentro había grandes bombonas de gas. En el fondo del sótano hallé varios capullos; en el suelo había uno pequeño volcado. Lo abrí con precaución y me alegré al comprobar que se trataba de Valery.

- ¿Estás bien? -pregunté mientras le ayudaba a salir.

- Estaré mejor cuando nos vayamos.

- Sí, tan solo espera un segundo, tengo que sacar a alguien más.

- Será una broma, ¿no? Todos los que están aquí son nuestros enemigos, si salvas a uno tendrás que darle caza más adelante, o él acabará contigo.

- No puedo dejar morir a cinco personas de este modo -me lanzó una gélida mirada, puso los ojos en blanco y me respondió con un bufido-. Lisbeth mencionó que su amiga se llamaba Anny.

La llamé varias veces. No hubo respuesta. Probé de nuevo, y esta vez uno de los capullos se agitó. Me acerqué a él y lo abrí con el cuchillo. Dentro había una mujer joven de pelo oscuro.

- ¿Anny? -pregunté.

(continuará)

Daniel F. Ibáñez.


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