Las Navas del Marqués a 20 de agosto de 2017   

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DANIEL F. IBÁÑEZ
Capítulo IX-El rostro tras la sombra
  DANIEL FRAILE  | 3 de agosto de 2017

Mi sangre se quedó helada ante la imagen de la criatura; Valery tampoco se movía, solo miraba, como si fuera a cazarle con su aguja. La sombra se movía lentamente; su cuerpo se retorcía de forma extraña al caminar. Sacó sus garras y se abalanzó sobre mí. Esquivé el golpe y le apuñalé la espalda.

Se sentía vacío, como si estuviera hecho de aire; sin embargo podía tocar su piel e incluso agarrarle. Lo aparté de un empujón y di unos pasos hacia atrás. Su cabeza comenzó a girar hasta mirarme, entonces pude ver cómo Valery se escabullía tras una columna. La sombra comenzó a caminar hacia mí.

Me zafé de sus golpes mientras retrocedía; finalmente choqué de espaldas con una pared. Nada parecía funcionar; su cuerpo no se detenía, por más que lo apuñalase o lo golpeara. Se paró frente a mí y clavó las garras de la mano derecha junto a mi cabeza. Con la uña del dedo índice izquierdo comenzó a presionar mi garganta. La piel se rasgó y empezó a manar un hilo de sangre.

Tomé mi cuchillo y lo hundí bajo su mandíbula; tampoco parecía hacerle efecto. Abrió lo que parecía ser su boca, pero dentro no había nada, tan solo un abismo más oscuro que la noche. No se veía el filo del cuchillo, a pesar de que seguía clavado.

Valery se colocó detrás de él y le alumbró con una vela. Su piel negruzca parecía resentirse ante la luz y comenzó a deshacerse. Valery aprovechó esta circunstancia y le clavó la aguja en el corazón. Al ensartarlo un líquido negro comenzó a brotar de su pecho. La sombra de la piel comenzó a deshacerse mostrando una segunda capa de piel, esta era blanca como la nieve.

Cuando se deshizo, la criatura se había convertido en un chico joven escuálido y cubierto de vendas. Su pelo de color blanco caía sobre los hombros. Sus ojos emitían un fulgor morado y su rostro gesticulaba de forma extraña, como si intentase hablar; finalmente consiguió pronunciar algo.

- Yo..., por favor, mátame antes de que... -comenzó a gritar y cayó de rodillas al suelo.

- ¡Vámonos ahora que no nos puede atacar! -dijo Valery.

Asentí con la cabeza y la seguí hasta una puerta de madera rojiza. Salimos a un pasillo que estaba repleto de cuadros; se escuchaban voces, aunque no pude identificar su origen; el ambiente estaba impregnado de un olor a humo.

- ¡Rápido, quemadlo todo, que no quede una astilla de este lugar! -gritaba una mujer-. ¡No pienso morir aquí!

Un grupo de personas vertía gasolina por las paredes y el suelo del lugar. Eran tres hombres y dos mujeres. Parecían estar en estado de ansiedad; me pregunto a qué horrores habrán tenido que hacer frente. Me encaminé en su dirección, pero Valery me agarró del brazo.

- No vayas, han enloquecido, no puedes ayudarles; aun quemando la casa, Dorothy no les dejará salir -hizo una pausa y continuó diciendo: “Vámonos antes de que venga, la han hecho enfadar y ahora se va a encargar de ellos”.

Nos fuimos en dirección contraria y nos marchamos por una puerta que se abrió cuando pasamos por delante; me pareció algo extraño, pero Dorothy aseguró que no tenía importancia.
(Continuará)

Daniel F. Ibáñez


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