Las Navas del Marqués a 12 de diciembre de 2017   

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DANIEL F. IBÁÑEZ
Capítulo XI - Un baile de pesadilla
  DANIEL FRAILE  | 10 de octubre de 2017

La sombra no paraba de retorcerse en el suelo. Valery seguía apuñalando su corazón. Finalmente la criatura quedó inmóvil, casi sentía pena por ella; Valery guardó su aguja y le mostró el trofeo.

- ¿Quieres recuperarlo? Pues comienza a eliminar a nuestros contrincantes -dijo la niña.

La sombra se incorporó lentamente y, tras una pausa, desapareció a toda velocidad de la habitación. La joven guardó el corazón en la caja hasta que la sombra completara su tarea.

- Esto va a acabar por fin, ¿no estás contento? -celebró con voz dulce y melódica.

- No veo el momento de salir de aquí, pero me desagrada la idea de tener que matar para conseguirlo.

- Será la sombra, no tú quien los mate -hizo una pausa y farfulló-: de todos modos ya han muerto.

- ¿Cómo dices?

- Digo que tú no serás quien nos asesine, ni siquiera has dado la orden.

- No, me refiero a lo que has dicho después -se quedó mirándome con una sonrisa extraña; luego comenzó a canturrear y siguió sin contestarme.

- ¿Nos vamos? Dorothy nos está esperando en el salón de baile -agarró mi mano para que la siguiera fuera del cuarto.

Caminamos rápidamente por los pasillos de la mansión; de nuevo todo parecía haber cambiado. Las paredes eran de color granate y el suelo estaba hecho de una madera rojiza y oscura; a pesar de que había candelabros en las paredes apenas se podía ver en los pasillos.

- Ya falta menos, tienes que prepararte para la recepción con Dorothy.

- De qué estás hablando -pregunté.

- ¡Somos los ganadores, seguro que hay una ceremonia, puede que incluso un banquete! -expresó su entusiasmo.

- No creo que esto funcione así, Valery.

Continuamos en silencio. Yo me sentía algo nervioso, sin embargo la pequeña estaba tranquila; siempre parecía estar tranquila. Me pregunto cómo lo lograba. De pronto nos encontramos unas escaleras; una de subida y otra de bajada. Se escuchaban ruidos que provenían del piso inferior.

Paramos y observamos con cautela. Entonces una mano surgió entre la oscuridad y se aferró a la barandilla. Un hombre trató de subir los peldaños, estaba magullado y tenía sangre en la ropa. Justo cuando iba por la mitad de la escalera una silueta le agarró por los hombros y le arrojó de vuelta al piso inferior. Finalmente se escucharon unos gritos y, después, silencio.

Valery y yo continuamos. Tras un rato más deambulando llegamos hasta una gran puerta de madera. La abrimos y nos introducimos en la sala. Dentro, una niña, con vestido morado, bailaba en el centro de la sala. No tenía acompañante y tampoco parecía haberse dado cuenta de nuestra presencia. Nos miró y la música cesó de repente.

Era Dorothy. Se quedó observándonos y comenzó a aplaudir. Valery se encaminó hacia ella.

- Al fin llegáis. Os daría la enhorabuena, pero me temo que todavía no estáis a salvo; tres de los otros jugadores continúan en pie, y ya no tenéis el comodín.

Valery sacó el corazón de la caja y lo desenvolvió. Aún palpitaba, al menos seguíamos teniendo una oportunidad de manipular a esa cosa.

- Se están acercando, deberíais prepararos.

Dorothy se hizo a un lado y nos indicó con su mano una puerta. Se abrió y aparecieron tres personas; pude reconocer a una de ellas, era Lisbeth.

(continurá...)

Daniel F. Ibáñez


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