Las Navas del Marqués a 22 de noviembre de 2017   

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EL JUEGO DE DOROTHY
Capítulo 12. El último baile
  DANIEL FRAILE  | 8 de noviembre de 2017

- Bien, ya estáis aquí. Ahora comienza el verdadero juego -dijo Dorothy-. Debéis colaborar para pasar la última prueba. O bien mataros entre vosotros y arriesgaros.

- ¿Prueba?... ¿Qué prueba? -preguntó un hombre que acompañaba a Lisbeth-. ¡No me oyes maldita psicópata!

Dorothy giró su rostro hacia el hombre y extendió su brazo; de su manga salió una cadena negra. Zigzagueando como una serpiente se enroscó en el cuello del hombre y lo estranguló.

- Qué descortés por su parte -continuó la niña-. Aunque así está mejor, nunca me han gustado los números impares -rompió a reír; todos nos quedamos mirándola sin saber qué hacer -. ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí, la prueba final! Bueno, supongo que no es una prueba final, ya que os habéis enfrentado antes a ella, pero es hora de que os lo presente como es debido -dio unos pasos hacia atrás; frente a la pequeña pelirroja surgió un charco oscuro y opaco. Una figura se alzó del denso líquido, una figura que ya conocía-. Este es Jack. Para salir debéis eliminarlo y acabar con su tormento -tras decir esto, Dorothy desapareció.

La sombra no tardó en atacarnos; después de tantos enfrentamientos con ella era más fácil esquivarla. Lisbeth le disparaba con una vieja ballesta de madera; el otro hombre se mantenía al margen. Yo saqué mi cuchillo y traté de hundírselo en el pecho.

No acerté, pero Valery consiguió darle una certera estocada con su aguja. Finalmente el otro hombre cogió un atizador y comenzó a golpear en la cabeza a la criatura hasta que paró de moverse.

Todo quedó en calma. ¿Estará muerto, al fin?, me pregunté. Permaneció inmóvil y en silencio durante largo rato. De repente se oyó una melodía que ya había escuchado. Aunque al principio era casi imperceptible comenzó a sonar cada vez más alto. Eran las notas de la caja de música que encontré a mi llegada a la mansión, mientras huía del jabalí.

La sombra comenzó a moverse de forma frenética y tuvimos que apartarnos; enfurecida, se abalanzó sobre Lisbeth; entonces su compañero se interpuso, recibió el golpe y cayó al suelo. Después se giró hacia mí y me derribó. Cuando me incorporé vi que tenía a Valery agarrada por el cuello y a Lisbeth por el brazo.

Entonces el costurero de la niña se precipitó hacia el suelo. De él salió rodando el corazón de Jack. Corrí dispuesto a apuñalarle, pero me di cuenta de algo. La sombra no tenía nada de Jack, esto era lo único que quedaba de su cuerpo.

Lo cogí y me acerqué a la enfurecida criatura. El corazón latía con más fuerza y comenzó a brillar. La luz que desprendía disipaba las tinieblas que envolvían a Jack. Cuando desaparecieron no se veía un monstruo sino un niño escuálido y blanquecino. Le devolví su corazón; al tocarlo su piel recuperó el color rosáceo, e instantes después se desvaneció.

- ¡Bien hecho!, ahora solo nos queda ella -dijo Valery dirigiéndose hacia Lisbeth con su mortífera aguja.

- ¡No! -me interpuse entre ellas-. ¡Nadie más va a morir!

- ¡No la escuches!, te ha estado manipulando todo este tiempo -advirtió Lisbeth.

- ¿Cómo dices? -pregunté perplejo.

- ¿Por qué crees que conoce este sitio o tantas cosas sobre él? ¿Cómo imaginas que sobrevive aquí sin enloquecer? Ella no es... -antes de que pudiese acabar, Valery se abalanzó hacia Lisbeth y la apuñaló en la garganta.

- ¡Qué has hecho!

- Ella solo intentaba confundirte para después traicionarte; me he asegurado de poder salir de aquí.

Fui a reprocharle lo que había hecho, pero recapacité.

- Tienes razón -dije-. Siempre me estás sacando de apuros. ¡Al fin ha terminado esta pesadilla! -festejé.

Nos dirigimos a una puerta de color blanco con adornos dorados que antes no estaba ahí. La abrimos y nos adentramos en una enorme sala bien iluminada, limpia y habitable, como si alguien la acabase de preparar para una celebración.

En el centro estaba Dorthy; a su alrededor, una orquesta entera, solo con instrumentos, sin músicos que los usasen. Tocaban una melodía alegre y animada, aunque había algo inquietante. De pronto, la música se fue tornando más triste y decadente. Al mismo tiempo la habitación se deterioraba.

La luz perdía intensidad, el suelo y las paredes parecían más descuidados; bajo la pintura blanca de la pared surgieron nuevos pigmentos de color rojo oscuro con manchas de humedad. Dorothy comenzó a reír, y la música ahora era más propia de un funeral.

- ¡Al fin, mi invitado estrella! ¡Aquel que da sentido al juego! -me dijo entre risas.

- ¿A qué te refieres? -pregunté.

- Eso no importa; lo único que tienes que saber es que esto va a acabar con una víctima más.

- ¿De qué estás hablando?... ¡Eso no forma parte del Juego!

- El Juego lo creé yo; soy yo quien dicta las normas y digo que tú debes morir -fui a echar mano de mi cuchillo, pero antes de que me pudiese mover, algo me atravesó el pecho.

Sentí un gran dolor en el torso; al mirar hacia abajo vi una aguja de Valery atravesándome. Me desplomé en el suelo. La niña se colocó frente a mí y, antes de que perdiera el conocimiento, me pareció reconocer a mi hermana Bethany en su rostro. Traté de pronunciar su nombre, pero casi no era dueño de mi cuerpo... ¿Será ella? -ese último pensamiento cruzó mi mente.

(Continuará... Último capítulo)

Daniel F. Ibáñez


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