Las Navas del Marqués a 18 de diciembre de 2018   

30 visitas ahora

 

ANDRÉS BARTOLOMÉ
VOLUNTARIOS DE AZUL
  ANDRÉS BARTOLOMÉ  | 12 de abril de 2018

Antonino García Nieto y Konrad Kropnic nunca se conocieron, aunque tuvieron al menos dos cosas en común. Ambos formaron parte de las unidades de voluntarios creadas por la España de Franco para luchar contra Rusia en la Segunda Guerra Mundial: la División y la Escuadrilla Azul, respectivamente, y tuvieron una estrecha relación con Navalperal de Pinares, una de las localidades que antes de la Guerra Civil contaba con la Casa del Pueblo más activa de la provincia de Ávila, un enclave “rojo” por excelencia. El primero pasó largas temporadas en el pueblo, donde algunos de sus hijos siguen yendo asiduamente; el segundo vivió allí su retiro a mediados de los años 90 del pasado siglo.

ANTONINO
Fallecido el pasado mes de septiembre en Salamanca a los 95 años, dejó escrito un blog con anotaciones de vivencias cotidianas y recuerdos en el que destacan sus días como divisionario en Rusia al mando del teniente general Muñoz Grandes:
“Salí para Alemania, desde la estación del Norte de Madrid, en la primera expedición, el día 16 de julio del año 1941. Yo había cumplido 19 años el mes anterior (...). Desembarcamos en un campamento de una ciudad de Baviera llamada Grafenwöhr, donde se nos equipó y entrenó para convertirnos en una unidad completamente alemana. Se nos uniformó y juramos bandera.Yo pertenecía a la segunda batería de artillería del 250 Regimiento, mandada por el capitán Pérez Bajo.
Salimos en dirección a Rusia, si bien tuvimos serias dificultades al cruzar Polonia, pues los ferrocarriles en algunas zonas estaban destruidos.
Nuestro primer emplazamiento fue en Novgorod, gran ciudad al borde del lago Ilmen, en invierno a más de 30 grados negativos, tanto que por el lago cruzaban los vehículos blindados.
La División Azul ocupó posiciones de primera línea el día 12 de octubre del mismo 1941, sustituyendo a la 126ª División alemana, que se encontraba entre Barisovo y Spaso.
Nuestra División entabló fortísimos combates con todo tipo de fuerzas enemigas, sufriendo unas pérdidas cifradas en 4.000 muertos, 12.000 heridos, 326 desaparecidos y 40 prisioneros, mostrando en todo momento un gran espíritu combativo y protagonizando numerosos actos de heroísmo que fueron reconocidos y premiados por los propios alemanes.
Yo tuve la fortuna de recibir una herida que me valió para desaparecer de aquel infierno y descansar en un hospital de la capital de Letonia, Riga.
Al darme el alta volví al frente en Novgorod, donde me concedieron la Cruz de Hierro de 2ª clase. Pasada una temporada, los de menor edad y los casados fueron repatriados a España, por lo que permanecí en Rusia menos de un año”.

KONRAD
Allá por 1994 llamaba la atención en Navalperal un hombre ya mayor que se movía con soltura a lomos de una sencilla motocicleta. Hijo de madre española y padre alemán, miembro de una familia de centenaria tradición militar, Konrad Kropnic había seguido también el camino castrense como voluntario en la IV Escuadrilla Azul en Rusia, el equivalente aéreo a la División Azul.
Después de muchos años, tras vivir en Hannover, Madrid y recorrer medio mundo, recaló en el pueblo abulense en busca del mejor clima para sus castigados bronquios.
Un día le abordé y charlamos sobre su vida, que daba para una novela, pero un detalle hizo aún más interesante su historia: me habló de un viejo compañero de aventuras militares en la estepa rusa y, con los datos que me proporcionó –“sé que abrió una zapatería en Ávila y tuvo muchos hijos”–, conseguí localizarle al estilo del “¿Quién sabe dónde?” de Paco Lobatón, que entonces estaba tan de moda. Se trataba de Bernardo Martín, abulense, que con 14 años se había escapado de la ciudad amurallada hasta Navalperal de Pinares porque él también quería, “como mi hermano”, luchar en la guerra. Le mandaron a casa pero pudo hacer realidad su deseo cuando, haciendo la mili en Cuatro Vientos, pidieron voluntarios para la Escuadrilla Azul, donde conoció a Konrad Kropnic. Ambos se reencontraron una calurosa tarde de agosto en Ávila, 50 años después, con María, la mujer de Bernardo, como testigo.
El alemán murió en Navalperal algún tiempo más tarde. Todavía recuerdo la Cruz al Mérito con Espadas y el puñal reglamentario del Ejército alemán que Konrad guardaba en la casa de aquel pueblo al que su amigo, siendo todavía un niño, quiso ir a luchar contra la Columna Mangada.

Fotos: Antonino García, junto a algunos compañeros de la División Azul. Él es el segundo por la derecha. Todos visten el uniforme alemán con que eran equipados al llegar al frente. La imagen es cortesía de su hijo Carlos.

La página de "El Diario de Ávila" que reproducimos recuerda el reencuentro entre Konrad Kropnic y su amigo Bernardo, en 1994


COMENTAR

Comentar con tu usuario de Facebook










© ElNaviero.com 2018 - Realizado con SPIP - Administracion y Redactores - Creditos - RSS RSS - Hosting