Las Navas del Marqués a 15 de agosto de 2018   

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LA VALLA DE LA MEDIOCRIDAD
  Juanjo  | 24 de abril de 2018

Acabamos, o así lo parece, un invierno duro. Nieve y agua, hielo y mucho frío, hemos sufrido estos últimos tres meses en Las Navas. Desde la primera gran nevada de la temporada, la primera semana de enero, han pasado más de cien días, tiempo más que suficiente para arreglar los desperfectos. Pero eso, que sería lo normal en otros pueblos, no lo es en el nuestro. A las fotos me remito:

22 de abril. 107 días después.
La máquina excavadora convertida en quitanieves arrancó parte del asfalto en esta calle del barrio del Colmenar. 100 días después allí sigue, exactamente igual que la siguiente imagen, la entrada al barrio de la Zona10. No hay prisa, parece. Pasó la Semana Santa y vamos camino de las fiestas. Igual para entonces...

22 de abril. 107 días después.
Por las mismas fechas de aquella nevada, una brillante idea llevó los ventisqueros que antes se quedaban tras los muros del campo de fútbol, muros enfoscados en dos talleres de empleo distintos, con gastos de materiales pagados por nuestros impuestos, a formar parte de una escombrera perpetua, que 107 días después aún sigue a la vista en la remozada Ciudad Deportiva. Bonita imagen de turismo y deporte la que brindan nuestros responsables.

Pocos días más tarde, varias roturas, sempiternas roturas de tuberías viejas tantas veces apañadas en vano, se manifiestan en la Avenida Navalperal, entre Helios y la plaza de la Piedra Gorda. No se aprecia ya en la imagen, pero el hormigón provisional (arena en montonera) estuvo más de cinco semanas protegidas por una valla. La valla desapareció y los coches que circulamos por allí vamos haciendo de apisonadora; amortiguador más, amortiguador menos, estamos cumpliendo la tarea, ya "casi" no hay bache ni montículo.

Hablando de vallas, a la que aún sigue en pie en Conde de Valdellano, frente a la Piedra Gorda, 107 días después, una de dos: o hay que arreglar el paso canadiense que otra excavadora convertida en quitanieves levantó intentando alisar el terreno, o, ya que nos hemos acostumbrado bordearla, la ponemos nombre. La Valla de la Mediocridad, le pegaría bien. ¿Cómo se puede ser tan dejado? Levantar el tramo de hierro, darle unos golpes y dejarlo en su forma normal no puede llevar más de una hora. ¿Lo harán aposta o es que son así? ¿Nadie lo ve? Es un obstáculo en medio de una calle. ¿Se permitiría a un particular que hace una obra tener una valla 107 días cortando una calle?

Este amigo, porque ya lo podemos considerar como de la familia, un poco guarro eso sí, que no se lava nunca, no lleva 107 días con los pantalones rotos. Lleva más de 700 días. Dos años hace que unas cenizas mal apagadas lo agujerearon, en el mismo lugar, y allí sigue el pobre. Me da lástima verlo cada mañana al ir a trabajar y cada tarde al volver. Pero me da más lástima que haya solución para tanta mediocridad y los vecinos no sepan verla.

Sería interminable el artículo si a cada bache, a cada fallo, a cada esquina del pueblo, le dedicase una foto, lo dejaremos aquí no sin antes darnos una vuelta por la zona de recreo de nuestros más pequeños, ahora que el tiempo da una tregua. Ha dado tiempo este invierno tan largo a decorar la plaza del baile con una bonita jardinera; se ha podido plantar, por fin, los bonsais de la Avenida Principal, ya no faltan agujeros por rellenar; hasta se ha reconvertido de nuevo la calle Aniceto Marinas a la altura del hotel Excelsior, acortando las aceras de nuevo y trasladando los hermosos plátanos a la zona del Convento, que ojalá arraiguen y se les riegue para ello lo que necesiten.

Ha habido tiempo para muchas cosas, pero no para arreglar los parques infantiles. La figura del operario que revise puntualmente los problemas de seguridad de los niños, tarea obligada a criterio de la mayoría de los padres, no llega a cuajar.

Tornillos al aire, peldaños rotos, togobanes rajados. Evidentemente el gamberrismo es el culpable de iniciar el deterioro de los bienes públicos, pero la desidia no se puede instalar en los que con nuestros impuestos no son capaces de mantener mínimamente nuestras calles y nuestras instalaciones. Que parece que lo único que saben gobernar bien es el pote de los grandes eventos, con los que tapar todas las carencias.


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