Las Navas del Marqués a 20 de mayo de 2018   

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RECUENTOS INDIGNADOS
RECUENTO DE ABSURDOS DE LA ÉPICA FUTBOLERA
  SETE  | 14 de mayo de 2018

 Desde hace unos 5 años, el tratamiento mediático que recibe el fútbol, particularmente en la televisión, está revestido de parafernalias épicas tan insistentes como evidentes. ¿A quién demonios se le ocurrió la idea? Maldito sea por los siglos de los siglos.

 Se presenta a los futbolistas como héroes de una epopeya, super-hombres, seres titánicos con una especie de misión divina, sobrenatural; ungidos por los dioses, moradores del Olimpo; Ulises y Aquiles se les quedan chicos. Son prototipos del ideal humano, mitos vivientes, paradigmas a imitar por todos los habitantes del orbe.

 Se les sitúa en escenarios de batallas imperiales; acompañados por música de corales pretenciosas como un Requiem y pomposas como un Wagner en mitad de un ataque espasmódico de egomanía; miradas pétreas, lejanas, como de estatuas de reyes medievales, intentando reflejar la ostentosa grandiosidad, rayana en el sacrificio bíblico, de tener que decidir si regateo o si chuto a gol.

 Se contrata a los mejores cineastas del mundo para recrear y detenerse en el momento álgido en que Messi hace una chilena, enfocándolo desde los más elaborados puntos de vista, cuidando el encuadre, las luces, y hasta las gotitas de sudor que salen despedidas, como si de un conjunto escultórico se tratara, una instantánea del Nirvana, de la más gloriosa eternidad. Un claro símbolo de la Divinidad.

 Ni Cristo ni los profetas reciben semejantes distinciones. Si alguien tiene hoy día el sello de los redentores, esos son los futbolistas. Salvadores de la humanidad, sólo les falta erigirles altares y sustituirlos por los santos de las Iglesias.

 Se dirá inmediatamente que se trata de un símil jocoso, una comparativa falsa que nadie se toma en serio. Pero resulta que la tal campaña es tan persistente, tan machacona, tan unánime y tan omnipresente, que hay motivos para el mosqueo.

 Se pasa demasiado por alto el prodigioso logro tecnológico que supone la televisión, verdadera "bola mágica" de nuestros tiempos, quizás el mayor invento del Siglo XX junto con el automóvil y el avión. Y se pasa demasiado por alto las 3 horas de media diarias que todos los habitantes de la Tierra se pasan pegados al televisor, obviando el inmenso potencial pedagógico, intencionado o indirecto, de sus contenidos.

 De hecho, nadie niega que existe un debate permanentemente abierto acerca de la pertinencia de las políticas ideológicas en las programaciones, debate finalmente decantado a favor de la independencia empresarial de los canales y los mercados de audiencia, ninguna de las dos cosas coincidente exactamente con la libertad de expresión, y mucho menos, tal vez decididamente en contra, con el fomento de los valores éticos.

 Por eso, pensar que este tipo de campañas sean tan inocentes que no tengan repercusiones profundas en los televidentes es una ignorancia o una flagrante hipocresía.

 Una primera consecuencia, desde luego, consistente además con los endemismos de este país, donde no es extraño que este tipo de tratamientos se enconen casi obsesivamente, es la falta de creatividad de los que diseñan las campañas. Qué otra cosa se puede decir de unos publicistas que llevan un lustro copiándose unos a otros las mismas poses, músicas, estribillos rimbombantes, ambientes, etc, sin desmarcarse ninguno del rígido cliché dominante.

 No sé. Puestos a jugar con metáforas y alegorías, que tampoco hay por qué, se me ocurre, así a bote pronto, que se podría haber asociado quizás los equipos con tribus étnicas, con grupos de personajes literarios, con personajes concretos de la imaginería popular, del cómic, de los dibujos animados, de las especies animales o vegetales, de los extraterrestres o los duendes: la verdad es que hay mil opciones. ¿Por qué, pues, ese unánime empecinamiento con lo épico y lo grandioso? ¿Qué tiene realmente de heroico el fútbol? ¿Qué coyuntura de injusticia social solucionan los futbolistas? Más bien las agravan todas.

 Con la cantidad de problemas alarmantes que tiene la sociedad actual, y la variedad de dimensiones trascendentales que tiene la vida en sí, es bastante triste que de lo primero que se hable en cualquier cuadrilla de trabajo cuando se encuentran por la mañana no sea de la política ni de la familia ni del mismo trabajo sino del puto fútbol.

 ¿Quiénes son al fin y al cabo esos futbolistas? ¿Qué sabiduría, qué ideología, qué méritos espirituales tienen? Todos sabemos que ya desde la escuela solía haber una relación recíproca entre los que jugaban bien al fútbol y los que no sacaban buenas notas. Así que ¿a quiénes estamos ensalzando? No se conoce un solo caso en la Historia de algún futbolista que haya sido intelectual. Que haya destacado luego en las artes, la ciencia, la filosofía. Ninguno.

 Y sin embargo, solo porque juegan bien, no solo les endiosamos sino que justificamos sin rechistar que se enriquezcan económicamente a unos niveles que resultan escandalosos. Son archi-millonarios. Tanto los futbolistas como los entrenadores. Con lo que gana al mes uno de esos "galácticos" podrían comer poblaciones enteras del tercer mundo. Y tanto dinero, ¿por qué? ¿Qué servicio prestan a la humanidad? ¿Qué trascendentales decisiones justifican esos contratos, esos salarios? El caso es que nadie pone la más mínima objeción.

 Que no se lave las manos, pues, la televisión, pues ella es la verdadera culpable. Sus directivos y programadores. Sus publicistas. Han convertido un potencial educativo sin precedentes en una aberración innombrable que desfigura todos los rudimentos de las leyes morales. No olvidemos que la exacerbación del fútbol es inseparable del cáncer global de la telebasura: una vergüenza cósmica que enturbiará la cultura de muchas generaciones, y que los tratados de historia de los siglos venideros serán incapaces de perdonar y comprender.

 Pues si no guardamos respeto por una audiencia teóricamente adulta, ¿cómo es posible que no lo hagamos al menos por nuestros niños? ¿Cómo van a poder discernir ellos entre una manipulación publicitaria y una épica real de los valores? Crecerán pensando, interiorizándolo firmemente, que los futbolistas son el Camino, la Verdad y la Vida.

 Un poco de respeto, al menos, por los verdaderos héroes. Ya quisieran los Premios Nobel, los heridos de guerra, los trabajadores humanitarios, los bomberos, los activistas de causas justas, gozar de una milésima parte de las distinciones mediáticas que la televisión dispensa a los futbolistas.

 Una exageración y un despropósito que raya en el esperpento. Pues diseñan un programa de seguimiento del Mundial de Sudáfrica titulado nada menos que "La Leyenda de La Roja", como si se dispusieran a cubrir las aventuras del Rey Salomón, y, total, para ver cómo luego pierde la Selección en su primer partido contra Suiza. ¿Se podrá hacer más el ridículo? ¿A qué viene, entonces, ese perjudicial y tramposo empeño en exagerar, no solo hasta el paroxismo sino a costa incluso de quedar en evidencia, la importancia del fútbol?

 Quizás la respuesta sea la de siempre: el dinero. A las cadenas les convienen las audiencias multitudinarias. De hecho, hace poco pusieron una encuesta que ilustra muy bien el caso. No estaba premeditada. Y de ahí su valor. Un entrevistador, a pie de calle y micrófono en mano, preguntaba a la gente de un parque cercano a no se qué estadio acerca de sus expectativas ante el inminente Mundial. Y, contrariamente a lo que el mismo entrevistador se esperaba, solo uno de los viandantes expresó cierto efusivo interés ante el evento. Los demás, y fueron más de cinco, pasaban olímpicamente del fútbol, o incluso tenían posturas encendidas claramente en contra. ¿Conclusión? Nunca las manipulaciones del ente televisivo fueron más groseras y alienantes. Basta ya, por favor.

 Basta de bombardeos de contenidos tendenciosos y de condicionamientos propagandísticos. Basta de tergiversaciones y mentiras. Basta de reiteraciones hasta el colapso mental. Basta de jugar con los valores éticos al antojo del más burdo mercado de audiencias. Basta de confundir las prioridades. Basta de des-educar a la gente, especialmente a la infancia, anulando los principios que tan costosamente se han inculcado en los verdaderos centros de educación. Basta de incultura. Basta de tele-basura. Basta de la "mano de Dios" y de los "templos del balón". Acabarán cambiando la Comunión por un balonazo en la cara, y aún saldremos felices y contentos por haber recibido tan sagrado sacramento. Y el milagro se lo deberemos a la televisión... Aunque, en realidad, el cine no es mucho mejor.


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