Las Navas del Marqués a 16 de octubre de 2018   

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ANDRÉS BARTOLOMÉ
LUCES EN LA NOCHE
  ANDRÉS BARTOLOMÉ  | 9 de junio de 2018

Cada vez quedan menos testigos de lo que pasó en Navalperal en el verano de 1936. Uno de ellos es Gregorio Herranz Yuste, que hoy tiene 91 años. En esos días era sólo un niño, pero hoy tiene bien presente lo que vio. Recuerda Goyo que el 23 de julio, “la gente del campo estaba con la hierba y, cuando empezaron los tiros, a las seis, [los milicianos] no les dejaron pasar” [al pueblo]. “Al llegar la noche”, apostilla, “venga a pasar coches. ¿Qué será lo que está pasando? Toda la noche focos, uno detrás de otro”.
Gregorio regresa al fin por la mañana. “Ya decía un hombre que su casa estaba ardiendo”, recuerda. “Y en vez de entrar por la calleja del 8 de octubre (el nombre es posterior), lo hicimos por otra más reservada, y dice mi acompañante ‘ay, que están ahí, calla, calla, no digas nada’. Vimos un centinela, cada uno a un lado de la calleja. Pasamos y no nos dijeron nada. Llegamos a casa y había uno de mi tiempo, y nos pregunta: ¿queréis saber lo que ha pasado? Que han matado al cura. ¿Lo vamos a ver? Con que vamos allí y tenían al pobre hombre enfrente de su casa, con la cabeza contra la pared del ayuntamiento, tapado con la sotana y los pies al descubierto”. Goyo volvió a ver el cuerpo del sacerdote “por la tarde, en el carro de la basura, y como el carro era de mulas pues los pies iban colgando por detrás, camino del cementerio. Habían cogido prisioneros y cuentan que les hacían pasar y pisar el cadáver pero yo no lo sé, yo eso no lo he visto”. Afirma Gregorio que “había muchos milicianos en el pueblo, gente de mala catadura”.

Texto y foto: AB


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