Las Navas del Marqués a 23 de septiembre de 2018   

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MARIVÍ AMIROLA
EL DIVINO CALVO
  Taller de periodismo  | 20 de agosto de 2018

Sufría tanto con la pérdida de su cabello que hacía malabarismos con el poco que le restaba para intentar tapar su brillante calva.
Había dejado crecer una cabellera lacia y rala, que aún conservaba en los laterales y la nuca, para peinarla en todas direcciones, mientras mantenía el entramado a base de fijador con la intención de ocultar su despoblado cuero cabelludo.
Realizaba diariamente ese ritual, colocando casi cada pelo en su sitio, dibujando un sinfín de inestables líneas que recorrían de un lado a otro y de atrás hacia delante su cocorota. No permitía ni en broma ni en el amor que nadie tocara su obra, dormía con redecilla y si por algún motivo no disponía de ella, dormitaba sentado.
El efecto que causaba era todo lo contrario, en realidad llamaba más la atención sobre ella. De hecho, si en alguna ocasión un mechón se desplazaba, provocaba una atracción hipnótica. Era difícil seguir la conversación pues, aun sin querer, la vista se quedaba prendada de aquel rebelde y el interlocutor más pendiente de si se vendría abajo el endeble andamiaje que del mensaje.
Hubo algún bienintencionado, que le aconsejó dejar tal esclavitud, admitir lo inevitable y que se rasurara aquella penosa pelambrera.
Casi le costó la amistad, así que ante él nadie hacía la más mínima mención sobre el tema.
Una noche, tras varias copas con un par de amigos, estos le hicieron una propuesta : ellos se tatuaban lo que él eligiera y en contrapartida le afeitaban la cabeza; y puesto que el tatuaje es permanente, debería conservar el afeitado al menos seis meses.
Aunque en un principio no entraba por el aro, algunas bebidas mas tarde aderezadas con las típicas frases - "no tienes lo que hay que tener" " eres un cagón" y algo por el estilo- los tres se encaminaron al taller de un conocido.
Grabaron en vídeo con el móvil el acuerdo para que hubiera constancia y nadie se echara atrás y retransmitieron en directo la hazaña para todos los colegas.
En realidad hubo algo de farsa, porque si bien se tatuaron los dibujos que el ingenuo pelón eligió pensando que los aborrecerían, previamente ellos habían acordado con el artista el diseño y el emplazamiento donde querían lucir los adornos. Además sus consumiciones llevaban menos alcohol y su estado de consciencia era mayor que el del mondo amigo. Eso sí, hubieron de disimular protestando e intentando que se decidiera por otro adorno mientras le regalaban con alguna bebida más.
Se turnaron para evitar suspicacias: tatuaje, rapado, tatuaje.
Al salir le acompañaron a casa; de camino entre risas y bromas le regalaron un sombrero comprado a un vendedor callejero del barrio, de esos que llevan gafas luminosas, artefactos ruidosos y artículos de broma para noctámbulos desfasados.
El resto de la panda aplaudió la artimaña e incluso alguno tuvo que aflojarse el bolsillo porque se apostó que nunca conseguirían rasurar aquella cabeza.
Nadie sabe qué ocurrió cuando al día siguiente el espejo reflejó su nuevo aspecto, mostrando su cara incrustada en aquella bola pálida, sin el menor rastro de pelo y resplandeciendo bajo la luz del cuarto de baño.
Estuvo días sin hablar con nadie, sin salir de casa, sin abrir la puerta.
Aquello empezó a preocupar a los cómplices y andaban comentándolo en el lugar de encuentro habitual, cuando se abre la puerta y aparece el protagonista tocado con un elegante sombrero clásico.
Actuó como siempre, se interesó por la evolución de los tatuajes y ,por supuesto, como era hombre de palabra, se descubrió para demostrar que mantenía el pacto. Aceptó los halagos y contó un chiste de calvos.
El ambiente se relajó y todos disfrutaron de una agradable velada.
Hoy " el divino Calvo" es un prestigioso diseñador de sombreros, tiene éxito con las mujeres, cuenta con un asesor de imagen y ha contratado a los dos amigos como comerciales de su marca.
Ahora ríe la treta en la que se vio envuelto, agradece la liberación que le supuso y el cambio de rumbo que dio su vida.


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- Artículo realizado por Taller de periodismo
- Publicado el 20 de agosto de 2018

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