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LOS MARTES Y MIERCOLES, MA GALIO
Ma Galio en el ’Caso de los 100 eurillos’ (y 2)
  José María  | 22 de mayo de 2012

(viene del 1)

...

La respuesta de Mos Tacho y sobre todo la gráfica que la moza becaria le mostró, terminó por quitarle todas las telarañas irracionales que Ma Galio había tejido con restos de películas, fragmentos de literatura y posos religiosos de los que no puede uno verse libre del todo metidos, como estamos, en esta civilización cristiana occidental donde, el oscurantismo y la cerrazón mental, extiende su urdimbre por toda la sociedad asfixiándole el limpio, libre y claro sentido común. Pero, despejado su cerebro de razones seudocientíficas, se ve abocado a dirigir sus investigaciones por otros derroteros.

Comienza por comunicar a sus superiores los robos acaecidos en su localidad, sorprendiéndole el hecho, verdadero y contundente, de que similares curvas gráficas se están produciendo a lo largo y ancho del país. Sin que, por el momento, se tengan ideas claras del origen de semejantes delitos. ¿Prejuicios?: muchos. ¿Certidumbre?: ninguna. De modo que la orden es seguir profundizando, con cautela y no echando campanas al vuelo de la publicidad a no ser que las verificaciones sean tan tajantes que no quepa la menor duda al respecto. Lo ordenan para no quedar, si los hechos luego no lo confirman, con el culo al aire. Y eso no conviene a una institución policial llamada Guardia Civil.

Ma Galio cuelga el teléfono, abandona el despacho y sube al piso de arriba a comer. Su esposa, Carolina, lo saluda desde la cocina. Él acude ante los pucheros y la abraza. No es como la becaria, que se le va a hacer, pero es la madre de sus hijos y la quiere; quizás, no con el ardor de su primera juventud; aunque tiene que constatar que aun se le emporra al Comandante del Puesto cuando recorre la piel de su cuerpo.

Tres días después organiza un protocolo de seguimiento de grupos de potencial peligrosidad. Sin que el hecho de comenzar por los emigrantes, como lo hizo, responda a convicciones racista y menos él que tiene en su poder datos concretos, claros, rotundos, donde se demuestra que en todo los sitios cuecen habas y aquí a calderadas. Lo hace así porque hay que proceder racionalmente e ir descartando, uno por por uno, los grupos de riesgo; y además porque, al tener pocos guardias civiles para tamaña labor, tiene que restringir, acotando, el numero a vigilar. Quiere no obstante hacerse autocrítica y se pregunta:

- ¿ Qué peso ha tenido en mi decisión el que numerosos miembros de esa comunidad se les vea siempre en la calle sin dar palo al agua ?

Bueno, no sabría calibrar la carga que ello ha tenido en su decisión. Desde luego esa subjetividad siempre tiene un tanto por ciento. Pero mínimo. Sabe, claro está, que no es inmune a esa visión de gente reunida al sol todos los días.

-  De algo tendrán que vivir. Del aire no. Seguro .

Tras unos días de seguimiento vuelven sus escuchas vacíos de información. Nada.

El segundo paso lo realizan teniendo el punto de mira en los que hayan tenido algún desliz con la justicia, tanto oriundos como extranjeros. El mismo resultado: nada.

En la tercera alerta fijan su atención entre las juventud parada o trabajando, oriunda o desplaza, sin que en este grupo se haya logrado avanzar lo mas mínimo.

Como mo hay que tirar la toalla, le queda algo por hacer que se desprendía del informe de la becaria: esperar al mes próximo. El seis se cumple el plazo y en torno a ese día apostar números, chivatos y gente conocida del cuerpo en mercadillos, puertas de bancos, cajas de ahorro, supermercados. Y esperar a que el pez muerda el anzuelo.
Por esas fechas nuestro Comandante recibe información de que están llegando a los cuarteles numerosas denuncias, venidas de toda la geografía estatal, de sustracciones, extravíos, pérdidas; noticias ¡oh, sorpresa! de cantidades muy variadas de euros; es decir: los 100 eurillos han pasado a mejor vida; aunque siguen los 100, ahora se diversifica el siseo: 50, 25, 30, 110, 150, 75...

Las autoridades manejan, y Ma Galio con ellas, la posibilidad de que estemos ante unas mafias organizadas en el menudeo: Mafia Búlgara, Albanesa, Marroquí, Colombiana... Se puede colegir, además, que utilizan metodos de guerrilla, siendo difíciles de preveer, claro está, sus golpes en tiempo y en lugar; hoy actuan aquí y a esta hora del día y mañana allá y a muy altas horas de la madrugada.

Calculando por lo bajo la suma de las cantidades que se denuncian, las cifran marean. Estos criminales se están forrando. Para ello reclutan elementos de entre los parados. Seguro.

Sin embargo a Ma Galio, hijo de obrero de almacén de vinos, eso le trae sin cuidado, lo que le apena es que se lo quiten a pobres comedores de manzanas como él (la caridad bien entendida comienza por uno mismo), o como el pueblo llano. Eso si que le afecta. Y en lo que corresponda a su poder no lo va a consentir. Ese era su pensamiento y su sentimiento.

Habían pasado ya dos días de la fecha en la que podría actuar el choricillo, cuando una señora, la misma que le había llorado el robo de sus 100 eurillos hace años, aparecía en la puerta de su despacho a quejarse de la desaparición de otros 100 eurillos; que no sabría asegurar, en este caso, si era un robo o una pérdida; y lloraba porque su marido, desde la otra vez que estuvo en el cuartelillo denunciando el robo, a día de hoy ha cambiado su situación a peor: está pàrado, recibe un seguro de desempleo mínimo y la sustracción o extravío es terrible para su susistencia.

¿Qué podía hacer el Comandante del Puesto? Nada, condolerse como la vez anterior... Mas, en un rapto de generosidad, de desprendimiento, nuestro guardia particular, sacó de su cartera 100 euros y se los dio a la mujer. Y para que no pensara que era un gesto de conmiseración, de caridad cristiana, le dijo:

-  Sé que me los devolverá, señora. Eso si, si la Guardia Civil encuentra al ratero ...

Al día siguiente Mos Tacho le llamó por teléfono:

- ¿ Ma Galio ?

-  El mismo que viste y calza. Dime Mos .

-  Creo que sé quienes son los que sustraen los euros. Aquí y en el resto de España .

-  ¡No me digas! ¡La Mafia! ¿A que si? Noticia fresca: se vende hielo .

-  Una mafia, si. Pero atiende bien lo que te digo y no me vengas con hostias: anoche escuché, como todas las noches, Radio Magnolia; me entretiene el programa ’Al habla el detective popular’; entra gente muy variopinta; anoche se puso al teléfono un vecino de aquí, que no dio su nombre claro, aunque creo que sé quien es; quería que todo el mundo se enterara que había encontrado 100 euros y lo primero que hizo fue comprar carne en la carnicería; en la charla con el locutor afirmó que estaba parado y que no tenía un euro; por lo que todos los meses salía a ver si encontraba algún dinero y si no, lo birlaba; que sabía que, como él, otros hacían lo mismo; estaba contento, en esta ocasión, porque no había tenido que robar; y así trasmitió su alegría a todo el mundo radioyente .

- ¿Quién es, cómo se llama? -pregunta Ma Galio.

-  Pero no sabes el final Ma Galio ...

-  Déjate de rollos. Contesta a mi pregunta ...

-  El final es buenísimo . -prosigue Mos Tacho sin hacerle caso- El periodista le pregunta que si él, y los que salen como él por ahí, pertenecen a alguna organización mafiosa. Y el hombre dijo que si. ..

-  ¡No jodas! ¿A cual? -preguntó ávido Ma Galio.

-  A una poderosísima, a la que nada se le resiste: corrompe voluntades, asalta fincas alambradas, iglesias, palacios, traspasa fronteras, atraviesa mares y hasta invade fondos marinos con sus esqueletos. Es... la Mafia del Hambre -rió francamente Mos Tacho.

El guardia civil colgó el auricular, cabreado, dándose cuenta que su olfato, en este caso, se había perdido en un laberinto de perfumes exóticos, extravagantes, cuando el olor emanaba, penetrante, del terreno patrio.

Se avergüenza de su desorientación. Y se "alegra" (entre comillas, claro) de que su padre no sea testigo vivo: le hubiera achacado pérdida del sentido de la orientación.

-  ¡Joder Ma Galio, te estás haciendo viejo ! -exclama para sí.


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- Artículo realizado por José María
- Publicado el 22 de mayo de 2012

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