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RUTA DE LOS FORTINES
RECREACIÓN EN LA TRINCHERA
  Juanjo  | 7 de octubre de 2018

Concurrida estuvo la mañana en el pueblo. Al no poder cubrir la prueba deportiva -hay quienes trabajamos hasta en fin de semana-, y para no dejar a medias las noticias, la opción fue la misma que la de ochenta participantes en el segundo evento del fin de semana, organizado por el Ayuntamiento: la recreación de las trincheras. Tras la primera teatralización el día de la inauguración, pasada por agua, había que aprovechar el buen tiempo que nos sigue haciendo, y disfrutar del buen hacer del guía y diseñador de la ruta de los fortines, Sergio Pérez Paredes, historiador.

Con un ligero retraso por pasar lista y los últimos apuntados, Sergio comenzó a explicarnos cómo estaba el panorama varios días después de comenzar la guerra, tras el avance de los sublevados a la República. Una foto hecha justo en el lugar donde nos encontrábamos, frente al cartel de inicio de la ruta, cerca de la explanada del Castillo, y los mapas de situación, casi el mismo día de hace ya 82 años. Las tropas de voluntarios, alistados por la Columna Mangada, ya estaban en Navalperal. El entonces alcalde, Juan Pedro Herranz, amigo de Julio Mangada, llamó pidiendo auxilio y allí llegaron a desarrollarse crudas batallas. Más de cinco mil soldados republicanos se agruparon en el navero monte de La Modorrilla, que aguantaron apenas tres meses por la zona, abandonando definitivamente Las Navas el 21 de octubre del 36.

Estas y otras explicaciones nos brinda Sergio ante la Hoya del Moreno, como la comida vegetariana que hacía llegar Mangada vía aérea a Navalperal (era vegetariano, nudista y esperantista), la increíble `aparición´ de la Virgen de Sonsoles, encarnada en anciana que tras hablar con Julio Mangada le hizo rectificar el ataque a Ávila capital, y la efímera carrera militar que tenían los alféreces provisionales en aquellos tiempos: "la primera paga para el uniforme, la segunda para la mortaja". Ávila fue, además de academia de alféreces, base aérea de la Legión Cóndor (aporte nazi a Franco para bombardear Madrid, Brunete o Guernica, a cambio de horas de prácticas y materia prima estratégica para la inminente Segunda Guerra Mundial).

Otra parada frente a las fortificaciones de la curva de la Poveda, ésta vez para explicarnos los distintos uniformes de uno y otro bando, con hermosas vistas del pueblo, con el castillo al fondo. Desde allí se protegía la carretera a Peguerinos y Santa María de la Alameda. Después dos visitas a las trincheras, con la recreación histórica a cargo del Frente de Madrid. La primera, aunque no real, pues estas fortificaciones las hace la 71ª División, los `nacionales´, está habitada por soldados republicanos. Monos de trabajo con la correspondiente cartuchera de balas hecha en cuero (los dos bandos llevaban la misma), y armamento ruso, llegado a cambio de oro. "Las armas las carga el diablo y la disparan...los tontos", proclaman los `soldados´. Después de una visita por el interior de la trinchera, donde estaban haciendo café y a punto de comer, y de multitud de fotos y explicaciones, la comitiva pacífica acometemos la segunda de las trincheras, el puesto de mando de la época. El sistema de fortificaciones del bando nacional son sistemas autónomos, con visibilidad entre ellas, pero sin unión. Las trincheras republicanas -típicas las aún visitables en el Jarama- son del estilo de la primera guerra mundial, trincheras rectas, muy largas, con pequeñas ampliaciones de cuando en cuando para alojar pozos de tirador.

La segunda y última fortificación a visitar, el puesto de mando del bando nacional, con la bandera -constitucional esta vez- está en el paraje de Escuernacabras. Dos teléfonos conectados por cable, anteojos, banderas de señales y otros utensilios de la época, nos traslada en el tiempo. Cercanos, cinco abrigos ya casi invisibles. Consistian en excavaciones de poca altura, bordeados con piedra, generalmente rectangulares, y rematadas con lonas o jaras. Podían descansar de las guardias hasta 20 soldados por abrigo.


La vuelta, a la carta. O mediante autobuses hasta la Plaza Vieja o caminando volviendo por el mismo lugar. La ruta recreada no sigue el camino completo de la Ruta de los Fortines, para no demorar en exceso la vuelta, aunque es recomendable volver en otra ocasión y contemplarla.
La nota negativa es la falta total de mantenimiento de los fortines, desde su inauguración, hace ya dos años. Muchas de las fortificaciones, troneras y trincheras sufren un abandono absoluto. En muchas de estas últimas es imposible pasar por las zarzas y piedras caídas dentro de la trinchera. Si esto sigue así, más que la ruta de los fortines podremos llamarlo Ruta de los Ruinosos Fortines. Enfrente, los bien cuidados y mantenidos búnkeres de Las Herreras, ejemplo a seguir.

Todas las fotos de la ruta aquí.


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