Las Navas del Marqués a 19 de junio de 2019   

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MARIVÍ AMIROLA
Fábula del tiempo
  Taller de periodismo  | 9 de febrero de 2019

Esperaba encontrar una almoneda, pero en realidad era un trabuco acristalado dentro del zaguán de un edificio de al menos dos siglos de antigüedad; los cercos de madera llevaban décadas sin barnizar. Había una puertecita que, bajando un escalón, daba acceso al taller.
El habitáculo permanecía medio en penumbra salvo por un potente foco que iluminaba la zona donde, tras el mostrador, un hombrecillo con una lupa incrustada en el ojo derecho se afanaba manipulando algo con herramientas minúsculas. Ni siquiera levantó la cabeza cuando entré.
- Buenas tardes.
- Buenas tardes, usted dirá- contestó.
- Verá, traigo este reloj porque no funciona; unas veces se para y otras igual se adelanta que se atrasa.
- Joven- dijo sin desviar la atención de su trabajo- si es un tictac mecánico, hay que darle cuerda o se detiene; no lleva pilas. Por otro lado, si está mal ajustado puede retrasarse el minutero o adelantarse, pero nunca ambas cosas.
Un tanto molesto respondí:
- Pues este lo hace, incluso en ocasiones se oscurece el cristal y no se puede ver la hora.
Entonces posó el destornillador diminuto, retiró el monóculo y fijó su mirada en mi, observándome con detenimiento.
- ¿Me permite? -Extendió la mano y lo deposité en su palma.- ¿Dónde ha conseguido esta pieza?
- Suponía que era de aquí, es la dirección que aparece en la etiqueta; me lo han regalado por Reyes.
Lo escudriñó un buen rato fascinado
- Veamos cómo se lo explico -murmuró frotándose la calva-. Hace más de una centuria, un maestro relojero, ya de avanzada edad, quiso dejarles a sus hijos un legado especial; no quería que, como él, al final de sus días lamentaran no haber disfrutado plenamente de la vida. Ingenió un mecanismo similar a un reloj, calidómetro lo llamó.
Construyó cinco, uno por cada vástago. El artilugio indica la calidad del tiempo; se dice que para los enamorados las horas pasan volando, sin embargo unos minutos de espera se eternizan. Esa es la razón por la que se aceleran o ralentizándose las agujas. Si son periodos tristes o tediosos, el cristal se opaca. El invento pretende guiar al interesado para que aprenda a gozar de su existencia; si alcanza la armonía personal, el mecanismo se ajusta perfectamente. Uno de los nietos puso este en venta, de ahí la etiqueta.
Siendo niño, mi abuelo me contó la historia y disfrutaba mostrándome cómo mudaba. Un día desapareció y ya no supe más de él. De manera que bien es usted descendiente del artesano, si lo recuperó la familia, o bien desciende usted del comprador.
- ¿No le parece que soy un poco mayorcito para cuentos fantásticos?
- Entiendo, es mayor para cuentos, pero no para los Reyes Magos.
Ante mi perplejo silencio por su impertinencia, prosiguió:
- No debería deshacerse de esta joya. Le propongo algo, ahora que ya conoce la verdadera función del aparato :lléveselo y utilícelo adecuadamente. Pasado un plazo razonable, si no lo quiere, yo me comprometo a comprarlo a buen precio.
Lo cierto es que mientras mantuvo el reloj en sus manos, la apariencia cambió; el cristal estaba completamente nítido y el bisel adquirió un brillo tornasolado casi mágico. Salí de allí desconcertado, tenía la sensación de haber sido embaucado, pero lo había hecho tan ingeniosamente que me divertía. Él calidómetro lucía radiante.
No he conseguido averiguar quién me hizo el obsequio. Por curiosidad, comencé a consultar mi cachivache y me sorprendí al ser consciente de que se convirtió en una costumbre.
He llegado a tenerle verdadero afecto, pues me ayuda a modificar mi actitud en determinadas circunstancias y, sin darme cuenta, mis días empezaron a ser más felices.
He regresado, transcurrido un año, para contárselo al relojero y aún no salgo de mi asombro al descubrir que en ese emplazamiento se levanta un hotel. Pregunté por los alrededores. Sólo un anciano que tomaba el sol sentado en un banco, recordaba la relojería instalada en el cuchitril de una corrala que lustros atrás fue derruida. El solar se mantuvo sin construir hasta hace tres años que edificaron el hotel.
La relojería se llamaba "de Fábula"


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- Artículo realizado por Taller de periodismo
- Publicado el 9 de febrero de 2019

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