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ANDRÉS BARTOLOMÉ
LA TUMBA PERDIDA DE LEONCIO (II)
  ANDRÉS BARTOLOMÉ  | 17 de febrero de 2019

En su búsqueda de información, Andrés Díaz Prados publicó la historia del hermano de su abuela materna en una página de desaparecidos de la Guerra Civil donde explicaba su trayectoria.

El 18 de julio de 1936, Leoncio Jiménez se enrola voluntario en la Columna Mangada, en el batallón Pueblo Nuevo Ventas, que se convertiría en el 128 batallón de la 32 Brigada Mixta, protagonista en muchas de las grandes batallas de la Guerra Civil.
Como miembro de la Columna Mangada, Leoncio estuvo en el frente de Navalperal, luchó en Brunete –ya integrado en la 32 BM–, donde fue herido, trasladado al hospital y ascendido por heridas de guerra. A continuación, en el frente de Aragón tomó parte en la batalla de Belchite y cuando los retiraban hacia Madrid pasaron a ser fuerza de reserva para la batalla de Teruel, “en la que participaron con posterioridad a las fechas que a mí me interesan”, explica Díaz Prados.

Los días de Leoncio Jiménez terminaron a finales de diciembre de 1937 por “fuego amigo”. La familia cuenta que otro voluntario y vecino de su mismo pueblo –“entonces pueblo, ahora barrio de Madrid”–, le "pegó un tiro por envidia de su trayectoria durante la guerra”. Otras versiones “menos influidas por el tema familiar dicen que lo que pasó fue fortuito y debido a un disparo perdido”.

“El paso de los años y la pérdida de familiares directos hacen que los hechos pierdan su sinsentido y nos dejen únicamente con el hecho de su muerte”, escribe Andrés, cuya meta se convierte en saber qué fue de su antepasado directo.

El Ejército Popular de la República da por muerto a Leoncio y emite su certificado de baja con fecha de 27 de diciembre de 1937, cuando la 32 BM se encuentra como reserva de la 35 División para la batalla de Teruel. Según la inteligencia militar “nacional”, se ubica en una zona comprendida en el triángulo que tendría como vértices los pueblos turolenses de Jorcas, Allepuz y Villarroya de los Pinares (según consta en el Archivo de Ávila), cubriendo además la posible retirada en caso de fracaso y salvaguardando el paso natural desde Teruel hacia la provincia de Castellón.
“Dedicando las vacaciones de un par de años a investigar sobre el tema, comienzo la visita de estos pueblos, y alguno más, de la provincia de Teruel, sintiéndome observado y rechazado por los lugareños en el mismo momento de empezar a hacer preguntas sobre el tema. Ni el Ayuntamiento de Jorcas, ni el de Allepuz, tienen constancia en los libros de enterramiento de ninguna entrada con el nombre de mi tío-abuelo y, por supuesto, allí no tienen una fosa común” de esa época, explica Andrés. “Por lo tanto, me dirijo a Villarroya de los Pinares, el pueblo más alejado y geográficamente la zona más defendible (desde mi punto de vista) de los tres pueblos debido a su orografía”. Allí sus “pesquisas” le llevan al ayuntamiento, donde solicita el libro de defunciones por si la muerte se hubiera registrado en el pueblo, pero “casualidad, el funcionario que nos recibió, al abrir el archivador donde se guardan los libros de defunciones se da cuenta de que no existe” el libro que comprende las habidas entre “principios del 36 y finales del 37”. Quien le atiende se queda con su número de teléfono para avisarle en caso de encontrar algo, lo mismo que en los otros dos pueblos, “aunque me advirtieron de que sería muy difícil, pues allí apenas hubo guerra”.

Sin embargo, Andrés Díaz insiste y “haciendo indagaciones” con los mayores de Villarroya de los Pinares le indican “la existencia de un par de tumbas de esa época en un camino (en la actualidad, la carretera TE-8008) a la entrada del pueblo, en una huerta entre el Barranco de las Pavías y el río Guadalope”. Se trata de “dos sepulturas, una con dos hombres enterrados juntos y la otra, una tumba individual”.
Y hasta ahí llegó Andrés. “Con todos los datos pero ninguna prueba, siempre con el máximo temor de haber equivocado mis averiguaciones, en un punto muerto. ¿Puede alguien ayudarme a seguir?”, concluía como petición para poner un punto final al paradero de Leoncio.

Foto: la zona en la que se hallan las dos sepulturas con tres cuerpos localizadas por Andrés Díaz Prados en Teruel, última parada de Leoncio Jiménez como combatiente de la 32 Brigada Mixta.


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