Las Navas del Marqués a 21 de julio de 2019   

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ALBERTO ROJAS GÓMEZ
Por tierras de moriscos

Primera parte de un viaje por las Alpujarras.

  Taller de periodismo  | 28 de febrero de 2019

“No triunfa quien no tuvo momentos difíciles…triunfa aquél que pasó por ellos, luchó y no se rindió” (Gandhi)
Tengo 71 años y he hecho casi todo lo que quería hacer… En ocasiones escucho y veo cosas y me gustaría escribir sobre ellas, sobre todo referidas al senderismo.

Por cierto, en este momento de mi vida me encuentro con la ilusión de recorrer Las Alpujarras, viaje programado por Agencia Tierra de Fuego. Consta de dos niveles de dificultad. El nivel uno son rutas fáciles, para todas las personas con buen estado de salud, gente sedentaria que quiere iniciar un adecuado acondicionamiento físico. Los caminos no tienen grandes pendientes; la ruta está bien definida y con señalización, sin altitud y sin dificultad para respirar. El segundo de los niveles es para las personas con buen estado de salud y que llevan algún tiempo haciendo senderismo; son terrenos con algunos desafíos y cierto grado de complejidad.

El despertador ha sonado muy temprano, apenas hemos descansado, son las cinco de la mañana y hay que estar en el Templo de Debod a las 7:30 horas.

Una vez desayunados nos dispusimos a coger el Metro, desde la estación de Palos de la Frontera hasta la de Plaza de España. Hacía mucho frio, no había nada de tráfico ni andaba apenas nadie por la calle. Caminamos atravesando la plaza, nos cruzamos con algunos mendigos que dormían en portales de sucursales bancarias, ¡pobres, qué vidas!

Subimos por la calle Ferraz. A la altura de la calle Luisa Fernanda cruzamos el semáforo y nos situamos en la acera del Templo de Debod, donde se encontraba el autocar con el letrero de Tierra de Fuego (Granada) en la puerta.
Ya había un buen número de personas con sus maletas esperando a que el conductor, Pedro, abriera las puertas del maletero.

Nos presentamos al guía, quien nos apuntó en la lista que le había facilitado la agencia con los nombres de todos los que integrábamos la excursión.
Nos acercamos al grupo, que estaba en la acera charlando. Uno de ellos, el que dijo llamarse Ricardo, trabajó en Telefónica; estaba contando que ya había hecho esta excursión el año pasado y repetía porque le había gustado mucho. Marisa, médico de digestivo, quería cambiar del nivel uno al nivel dos. Ricardo le comentó que se lo dijera al guía para que la trasladara de grupo. Otra chica, que dijo llamarse Rosalía, nos consultó si nos parecía bien que le propusiese al guía que la asignara otro asiento, pues le había tocado uno del final del autocar y prefería ir sentada delante porque se mareaba. Le dijimos que se lo comentara.

Una vez que estuvimos todos, cada uno fuimos colocando su maleta y bastones en el maletero del autocar. Poco después subimos a sentarnos, cada uno a nuestro asiento.

Llevábamos dos guías, uno para cada nivel. El del primer grupo se llamaba Miguel y el del segundo Carlos.

Durante el trayecto fui observando desde mi asiento a las distintas personas que iban hacer lo mismo que nosotros. Las edades más o menos comprendidas entre los 45 y 70 años; físicamente bien conservados. Me llamó la atención que el número de mujeres era mayor que el de hombres. Me pareció estupendo. Al cabo de dos horas tuvimos la primera parada. Fue pasado el pueblo de Valdepeñas, en un área de servicio donde había un hotel-restaurante llamado La Aguzadera y una gasolinera de Repsol, situada en el km 196 de la autovía A4. Varios del grupo pedimos tapas típicas manchegas –migas ruleras, también conocidas como migas manchegas, caldereta, queso- regadas con un vino tinto joven. Este desayuno suculento estuvo buenísimo y lo completamos con café y una copita de aguardiente de hierbas. Era el primer paso para ir bien alimentados y preparados para hacer rutas de senderismo.

Una vez transcurrido el tiempo que dio el guía nos pusimos en marcha de nuevo; camino de Granada nos quedamos dormidos, algunos roncaban.

La manera de adentrarse en Las Alpujarras es por carreteras secundarias totalmente integradas en el paisaje y respetuosas con el entorno natural. Se circula sin prisas, mientras se disfruta de hermosas panorámicas. Casi sin darnos cuenta llegamos a Lanjarón. El prestigio de este pueblo reside en la variedad y calidad de sus aguas minero-medicinales, que se explotan desde hace más de 200 años. Los primeros en servirse de ellas fueron los mozárabes, que le dieron el nombre de Al-Lancharon (Lugar de manantiales), explotación que ha llegado hasta nuestros días.

En el siglo XIX comenzaron a explotarse los manantiales de forma terapéutica y continuada. A principios del siglo XX Lanjarón fue un punto de encuentro y descanso de reyes, reinas y personajes conocidos: Virginia Woolf, Manuel de Falla, Federico García Lorca, etc… El edificio emblemático, construido en 1928, cuenta con un centro termal en el que destaca un circuito de Termas Al Lanchar y el Jardín Secreto, espacio abierto donde se ofertan tratamientos como masaje con caña o ducha en cascada.

Un poeta dijo una vez: Miles de personas han sobrevivido sin amor … ninguna sin agua”.

Pues bien, en esta localidad alpujarreña recogimos a una senderista que procedía de Murcia, se llamaba Marta. Iba a ser la alegría de la excursión.
(Continuará)

Alberto Rojas Gómez


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