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CARMEN GUERRERO
El peor sentimiento
  Taller de periodismo  | 26 de marzo de 2019

Gélida como la melancolía que se expande por el salón los domingos en invierno. Esas tardes en las que observo cómo llueve al otro lado del cristal y lloro como una niña.

Desconcertante como los puntos suspensivos de frases sin sentido. Disparatada como las mentiras que finjo que me creo y a las que contesto con medias sonrisas.

Triste como un adiós definitivo en un aeropuerto y dolorosa como una infidelidad insospechada.

Implacable como el odio que quisiera tenerte, pero del que soy incapaz.

Desquiciante como cuando tengo hambre y alguien comienza a cocinar, incluyendo toda clase de especies e ingredientes, mientras yo salivo y mis tripas se quejan.

Vacía y oscura como la muerte.

Así es la frustración que padezco y que me absorbe como la peor de las enfermedades.

Me miro al espejo y lo veo: la frustración araña mis rasgos y se incrusta en mi rostro en forma de arrugas, que me recuerdan que la vida pasa sin piedad y sin oportunidad para rebobinar.

Te preguntarás cómo puedo comparar la frustración con todas estas agonías.

Y yo te contesto:

Es fría como la melancolía dominguera porque me recuerda que a la mañana siguiente volveré a la oficina a gastar mi vida en una labor detestable que pudre mi alma y que me aburre.

Es confusa como esas medias verdades que incluso yo me repito para no terminar desquiciada. Esas mentiras que llaman benignas, con las que intento aplacar la rabia que arde y que me recuerdan que solo he tomado malas decisiones.

Es desoladora como todas las despedidas que he vivido: esas en las que siempre los demás partían y yo me quedaba inmóvil e indefensa, por miedo a dejar todo atrás y por temor a encontrar todo delante.

Es locura porque siento hambre y sed y no puedo hacer nada para deleitarme con el plato del otro, ese alimento que ansío y necesito.
Es tenebrosa como la muerte a la que me acerco sin haber disfrutado plenamente de la vida.

Lo único que no siento, a pesar de mis deseos, es la sed de venganza por dejarme sola. No odiarte me da rabia.

La frustración es peor que cualquier sentimiento. Te hace imaginar otros mundos con otras opciones y sueños cumplidos, convirtiéndote en un muerto en vida. La frustración nunca viene sola, siempre está acompañada de la ira, la rabia, la envidia o el dolor.

La frustración es el sello del fracaso. ¿Tiene sentido la existencia así?

Carmen Guerrero


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- Artículo realizado por Taller de periodismo
- Publicado el 26 de marzo de 2019

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