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VICTORIA VILLAESCUSA
El sueño
  Juanjo  | 13 de junio de 2019

El microrrelato ’El sueño’, de Victoria Villaescusa, se alzó con el primer premio del II Concurso de Microrrelatos ’Libros para un mundo mejor’. El segundo lugar quedó ’Mi madre’, de Esperanza Crespo; el tercer puesto fue para ’El fotógrafo interior’, de Luis García.
La ganadora se llevó de recompensa 150 € en libros, canjeables en la librería ’Libros para un mundo mejor’, situada en el madrileño barrio de Malasaña y organizadora del certamen. La finalista recibió 75 € en libros.
A la convocatoria de presentaron 27 concursantes, todos ellos alumnos de los talleres de escritura creativa que imparte Tomás García Yebra. El jurado lo formaron los propios alumnos, quienes con sus votos decidieron el resultado de este certamen literario.

EL SUEÑO
Asomado desde la puerta, quedó fascinado por la joven que dormía en el banco de mármol blanco de la terraza. Arremolinada sobre sí misma, en una postura felina imposible, apoyaba el rostro tranquilo sobre su brazo izquierdo. El cabello castaño y ensortijado se perdía bajo la fina tela con la que había intentado protegerse del sol abrasador. Pero sin duda, lo que le había hechizado era la vaporosa túnica anaranjada, como un ascua ardiendo en los restos de una hoguera; a través de ella podía adivinar las formas del cuerpo de la mujer: sus delicados pies, sus largas piernas, sus caderas redondeadas, y… ¿era aquello un tímido seno que asomaba sobre su brazo derecho?

Sintió primero el rubor encendiendo sus mejillas; seguidamente, se extendió por todo su cuerpo. Abrumado, apartó la vista de la onírica muchacha. Sin embargo, el sol reflejado en la superficie del mar que se extendía tras la terraza le cegaba y tornó de nuevo a mirarla.

Sólo le importaba el sueño de la joven. Estaba seguro de que, si se concentraba, vería su pecho hincharse con cada respiración profunda. Sentía incluso que podía percibir el aroma de la adelfa situada a su izquierda.

– Es hermosa, digna de admirar –la voz de la vigilante de sala perturbó el hechizo en el que se había sumido–. No obstante, el museo va a cerrar en breves instantes. Debe dirigirse a la salida.

La vigilante le indicó con la mano el camino, mas se resistía a abandonar a la mujer que Frederic Leighton había retratado entregándose a los brazos de Morfeo en Sol ardiente de junio. Totalmente embelesado, echó a correr hacia el cuadro y, antes de que nadie pudiera reaccionar, se desvaneció.

Había pasado a formar parte de los sueños de la hermosa venus durmiente.

Victoria Villaescusa


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- Artículo realizado por Juanjo
- Publicado el 13 de junio de 2019

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