Las Navas del Marqués a 18 de febrero de 2020   

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EDIFICIOS RUINOSOS I
  Juanjo  | 28 de diciembre de 2019

26 de octubre, sábado, cambio al horario de invierno. Quedo con un vecino que me va a enseñar en qué estado se encuentra la promesa electoral del PP en 2015, el Vivero de Empresas, en el torreón de la antigua guardería, adosado al Casino Municipal. Su inquietud, buscar recuerdos de la Asociación Trece Roeles, la mía, saber qué me voy a encontrar.

Tras pasar la puerta, un mueble desvencijado y un montón de cajas. Aparentemente son nuevas la mayoría. Días después haremos recuento. 2.187 juguetes encargados por los Reyes Magos, que se guardan para el día de la Cabalgata.¡Por fin una buena herencia recibida! Dos meses después los mentideros ya habrán dicho que no existen tales regalos y que los “hemos comprado en Amazon”.

Subiendo las escaleras, escombros y suciedad por doquier. Se han quitado los tabiques divisorios. Los cristales de las ventanas no existen. La mayoría de las ventanas tampoco. Arrancadas, desvencijadas.

Primera planta, escombros y más escombros, facturas en bolsas de basura, sin control ni colocación. Una habitación al fondo y una puerta cerrada con llave. En la habitación algunas mesas de escritorio, papeles por los suelos, más ventanas arrancadas. De aquí saldrían fácil tres contenedores. Falta otra planta que subir, pero es más de lo mismo. Animales muertos, palomas y gatos, parecen. Escaleras abajo a buscar la única puerta, cerrada.

“Te vas a asombrar, te aviso”. Desechar la llave y venirse al recuerdo una etapa gloriosa de nuestro pueblo, la A.D. Las Navas, pero a la vez una tristeza inmensa. Copas y más copas, ganadas con esfuerzo por nuestros jugadores, entre basura y escombros, apilados sin concierto. Por los suelos fotografías de la plantilla de cada año. Otras, con más suerte, encima de una mesa, pero la mayoría con el cristal roto. Ha caído una bovedilla del techo y varias copas están llenas de ladrillo y yeso. Dantesco.

Subido entre las sillas, consigo acercarme a unos libros, dentro de una mohosa caja de cartón. Son los boletines de la asociación Pedro Dávila, pegados entre ellos las hojas por la humedad. Más allá más libros que no me atrevo a coger, probablemente se deshagan al hacerlo. Una década de desidia habita entre estos muros, está impregnado en aquella copa que de niño admiraba en las vitrinas de la Caja de Ávila. Cien mil pesetas costaba el trofeo, hablaba mi acompañante. Pues sí lo cuidaban con cariño, sí. Como todo. Vamos a cerrar, que te enseñaré la antigua biblioteca. Te asombrará aún más, te lo aseguro.

No hay distancia más larga que la falta de interés.

Continuará…


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