Las Navas del Marqués a 28 de marzo de 2020   

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Lola L. D.
La casa de las palabras
  Taller de periodismo  | 25 de enero de 2020

A la casa de las palabras -soñó Helena Villagra- acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieron, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la nariz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido.
En la casa de las palabras había una mesa de los colores. En grandes fuentes se ofrecían los colores y cada poeta se servía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vino.

Uno de estos días de vacaciones tropecé, casi por casualidad, con este texto del Libro de los abrazos, de Eduardo Galeano.
Me gustó bastante. Me hizo además desear que existiera esa casa de las palabras y que pudiéramos ir a buscarlas, a elegirlas, a recuperarlas. Después del aluvión de felicitaciones recibidas estos días, prefabricadas, estereotipadas y, sobre todo, vacías de palabras, no estaría de más acudir allí.
Solo he recibido de los cienes y cienes, como diría Sabina, de mensajes, dos personalizados. En los que las palabras estaban elegidas exclusivamente para mí, buscadas por su belleza o por su precisión. Echo de menos esos mensajes escritos -si puede ser a mano- al menos una vez al año. No creo que sea mucho pedir.
El texto de Galeano va, por supuesto, dedicado a vosotros amigos y amigas que compartís conmigo el gusto por las palabras.

Lola L. D.


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