Las Navas del Marqués a 4 de abril de 2020   

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MARIA BLANCO
La venganza
  Taller de periodismo  | 24 de marzo de 2020

Corría el año 1937, era un frío mes de marzo, como todos los marzos en aquel pueblo toledano. Aquella mañana Maximiliana, una mujer de grandes ojos marrones, pelo negro y pequeña de estatura, se levantó temprano, hizo el desayuno y puso rumbo a su horno de pan. Mientras iba en su burrito, recorriendo los caminos que separaban un pueblo de otro, canturreaba una canción que hacía más corto el recorrido. Al llegar cogió el mandil, se embadurnó las manos en harina y comenzó a dar forma a aquellos panes deliciosos que salían de su tahona. Ella adoraba amasar pan. Mientras lo hacía su cabeza viajaba a otra parte, podía imaginarse con sus hijos disfrutando en medio del prado, aunque hiciese frío, tomándose un suizo o regañando al mayor de ellos, que no sabía cómo pero siempre conseguía sacarla de quicio, era una forma de salir de aquella guerra.
Estaba tan ensimismada en sus pensamientos, que cuando se abrió la puerta se le cayó una hogaza; era la señora Solita, una ricachona del pueblo con un carácter complicado y de una ética dudosa.
-Buenos días, Maxi -la sobresaltó sacándola de sus pensamientos.
-Buenos días, Solita, aquí tienes preparada tú ración -envolvió su hogaza de pan y se la dio.
-Estoy harta de que me digan cuándo y cuánto tengo que comer -salió refunfuñando.
A Maxi le hubiera encantado vender más pan, como en los viejos tiempos, pero debido a la escasez de alimentos el Frente Popular había decidido racionar los suministros; los comerciantes se vieron obligados a obedecer.
Entre panes y charlas la tarde se había echado encima. Maxi estaba a punto de cerrar cuando una voz gritó a lo lejos.
-¡Espera, espera! -apenas se distinguía una sombra; al acercarse reconoció a Solita, le pareció extraño puesto que ya había pasado a recoger su ración.
-Dime, estoy cerrando, va a anochecer y tengo que volver a casa.
-Necesito más pan, esta noche tengo invitados a cenar y no hay suficiente con el que me he llevado esta mañana
-Ya has recibido tu ración, conoces las normas; lo siento, vuelve pasado mañana y te daré lo que te corresponda.
Solita era una persona prepotente y no se conformaba, ella tenía que tener lo que quería a pesar de que eso complicase la vida a los demás.
-Maxi, no seas así y dame el pan que te he pedido -la espetó visiblemente disgustada.
-Lo siento, tendrás que esperar, no puedo.
Solita se marchó muy contrariada. Sin imaginarse lo que vendría después, Maxi cerró el horno y se fue a casa. Cuando llegó contó lo ocurrido a su marido con preocupación, ambos conocían el carácter de aquella mujer, sin embargo él pensó que había hecho lo correcto, no había otras opciones; si los milicianos se enteraban podían tener graves problemas.
A la mañana siguiente, apenas había amanecido, aporrearon la puerta, los niños asustados se pusieron en un rincón. Julio, su marido, abrió, dio unos pasos atrás y palideció del susto; frente a él, un grupo de milicianos.
-¡Maximiliana, Julio!, deben acompañarnos -gritó el soldado.
Ellos se miraron, no habían hecho nada, dieron un paso atrás intentando acercarse a sus pequeños sin éxito porque dos milicianos entraron atropelladamente, atrapándoles como si fueran bestias.
-¡Un momento, por favor!, ¿mis hijos, qué pasa con ellos? -dijo Maxi asustada. Los milicianos sacaron al matrimonio de su casa, “¡volveremos pronto!”, se dirigieron a sus hijos. Los soldados se llevaron a Maxi y a Julio a empujones.
Fueron directos a parar al calabozo sin ninguna razón aparente, una mezcla de desesperación y rabia les invadía. “¿Qué hemos hecho?, ¿por qué estamos aquí?”, preguntaban sin obtener respuesta alguna, la noche pasaba lenta, ambos estaban asustados. “¿Qué pasara si nos ocurre algo, Julio? ¿qué pasara con los niños?”, preguntaba llena de desesperación, pero sus preguntas no tenían respuesta, el destino había decidido por ellos.
Al día siguiente, en el salón del Ayuntamiento, la señora Soledad como acusación, Julio y Maximiliana, dueños de un horno de pan en Campillo, como acusados. Veredicto: culpables de vender más raciones de las estipuladas. Sentencia: tres años de cárcel por desobediencia al Frente Popular. No hubo defensa posible. Doña Solita obtuvo su venganza.

María Blanco


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- Artículo realizado por Taller de periodismo
- Publicado el 24 de marzo de 2020

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