Las Navas del Marqués a 29 de octubre de 2020   

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DESESCALADA GRADUAL ASIMÉTRICA
TODOS A LA CALLE, LLEGA LA FASE 0
  Juanjo  | 2 de mayo de 2020

El dos de mayo siempre es un día festivo en Las Navas, aunque no toque en el calendario. Abarrotado el pueblo de naveros adoptados, la mayoría de Madrid, las terrazas de los bares rebosan vida, en forma de cerveza y pinchos, niños corriendo, bullicio, colas en los supermercados, un día de los grandes para los hosteleros.

Este dos de mayo en este año bisiesto, año siniestro, ha sido también de alegría controlada, medida y reglada. Por primera vez en mes y medio los abuelos y abuelas pudieron salir a la calle esta mañana, tempranito, una caminata, la primera, desentumeciendo las rodillas, anquilosadas del tiempo en casa, recibiendo el sol y el olor de la primavera. Algunos han madrugado hoy como quien estrena zapatos nuevos el día de la fiesta grande. Desde el lejano 15 de marzo algunos de nuestros mayores no habían pisado la calle, otros se habían aventurado poco más que a la compra, rápida, y vuelta a casa. Después ha sido el turno de los niños acompañados, ya llevaban una semana en la calle, nos hemos acostumbrado a verlos, pero siempre da alegría, hasta ganas de llorar, darnos cuenta de lo responsables que son, cerquita de papá o mamá, con su bici o caminando, volviendo a descubrir las flores, los pájaros, hasta un simple matorral les parece nuevo a la vista y a los sentidos. Esta semana una de las más bonitas fotos que pudiera haber hecho, una madre grabando a su hija, en la hierba alta, con una enorme sonrisa de ambas.

La tarde ha sido de los de la edad intermedia. Jamás he visto tanta gente andando por la fuente de la Tortuga, el Saúco o el Huerto del Gallo. Hola, fulano, qué tal, mengano. ¡Cuánto tiempo, ya era hora! Un grupo detrás de otro, respetando las medidas y las distancias, saludando a amigos que otrora abrazaríamos sin contemplaciones, a 20 pies castellanos, como poco. Echas la vista atrás, y te sigue más gente que si fueras de procesión al lado de la banda de música, miras hacia adelante y una serpiente multicolor recorre el camino desde el instituto al convento. No te pares, que pierdes turno y si lo haces, como un servidor, en cuanto ve oportunidad de hacer una foto, esperas pacientemente volver a tener distancia de seguridad con el de delante, y procuras no arrimarte mucho, sosegando el paso, sopesando la posibilidad de que el paisano tenga ese bicho que cada vez tenemos más controlado, embista y nos contagie.

En una semana el ansia de salir a pasear bajará, menguará, y cada tarde, los que vivimos cerca del Saúco, poco antes de la caída del sol, podremos volver a adentrarnos en nuestro paraíso navero, notar nada más pasar la portera y dejar atrás el asfalto, al comenzar a pisar tierra y hierba, ese aire acondicionado navero que supone trasegar entre robles, con la vista al frente hacia los molinos, solos, o prácticamente solos, llegando a casa después de un buen trecho, y cargando las pilas que tanto bien nos hace. Apelo a la responsabilidad de este primer día, de la mayoría de los vecinos, la prudencia y los pasos cortos nos harán llegar lejos. Si no podemos volver a abrazar a los amigos, parar con los familiares, arrimarnos a nuestros vecinos como siempre hemos hecho, en un mes, será en mes y medio, pero el camino comienza con un simple paso, y hoy el paso me ha parecido coherente y responsable. Nos jugamos mucho, para volar hay tiempo.


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