Las Navas del Marqués a 31 de octubre de 2020   

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CADA LOCO CON SU LOCURA
Maneras de estar solo
  TOMÁS G.Y.  | 31 de mayo de 2020

Cambridge, 1928. El confinamiento que padecemos (o reclusión, término más exacto según Álex Grijelmo) está sirviendo para reencontrarnos con nuestros hogares. Una señora comentó en la radio que nunca había dado tanto valor a su terraza como en estos días. Otra habló del placer de sumergirse en la bañera. Una tercera se congratuló de conocer mejor a sus vecinos. Una cuarta aseguró que las ventanas de su dormitorio le están enseñando a mirar las hojas de los árboles. El turno de intervenciones concluyó con un señor de Totana (Murcia), quien dijo relamerse de gusto por lo mucho que estaba experimentando en la cocina.
En otoño de 1928 la escritora Virginia Woolf impartió varias conferencias en Cambridge. A raíz de esas charlas nació uno de sus libros más famoso, ’Una habitación propia’.
“¿Qué mujer tiene media hora libre al cabo del día, media hora donde nadie la mire ni la juzgue?”. Virginia Woolf llegó a la conclusión de que como mejor se está en este mundo es con independencia económica y en una habitación propia. “No debemos depender de nadie, no tenemos que someternos a nadie; esta actitud molesta al género humano, pero es a lo que debemos de aspirar, aunque sea a costa de alejarte del género humano”.
Años después, el poeta Juan Ramón Jiménez llevó al extremo las enseñanzas de la autora británica. En el despacho de su casa tenía escondido un biombo. Cuando alguna visita llamaba al timbre, salía su mujer y la hacía pasar al salón. Si la visita no era del agrado del poeta, éste aparecía detrás del biombo. “Juan Ramón no está”, decía, y camuflado por el parapeto regresaba a su despacho. Solo así -en una habitación propia y con un biombo salvador- se puede llegar a premio Nobel.

Monasterio de Leyre (Navarra), siglo IX. El abad Virila sale a dar un paseo por los alrededores. Medita sobre la trascendencia; piensa cómo será Dios y qué se sentirá en el cielo. “La infinitud tiene que producir hastío”. De repente oye el canto de un ruiseñor y se queda extasiado, mas no se queda extasiado un rato, permanece en trance durante trescientos años. Al despertar se encuentra con muchas mejoras en el monasterio y con unos monjes a los que no conoce. El Señor había dado respuesta a sus desvelos: si el simple canto de un ruiseñor le deleitó durante trescientos años, ¿qué no le deleitará Él? El abad, a través de aquel ruiseñor, había comprendido el concepto de eternidad.

París, 1844. Uno de los confinados más célebres de la historia responde al nombre de Edmundo Dantés, protagonista de ’El conde de Montecristo’, novela que hay que leer por placer, no por obligación.
Se dice que su autor, Alejandro Dumas, tuvo más de sesenta negros. Es posible. Un día le preguntó a su hijo Alejandro (autor de ’La dama de las Camelias’): “¿Has leído mi última obra?”. El hijo -con la cara sonriente- respondió: “Sí la he leído, ¿y tú?”.
Su negro más famoso fue Auguste Maquet. Profesor de historia, Maquet organizaba la trama, pensaba los personajes, planeaba las peripecias. Una vez reunido el material entraba en acción Dumas. Maquet -trabajador infatigable- poseía muchas virtudes, pero era un narrador plomizo. Dumas, por contra, resultaba ágil y divertido, Al final de su vida, el profesor demandó al prolífico novelista con la esperanza de repartir los beneficios que había conseguido con la pluma. Un juez dicto sentencia: “”El alma de todas esas obras pertenece en exclusiva a Alejandro Dumas”. ’El conde de Montecristo’ fue moldeada (en gran parte) por Auguste Maquet, pero si el lector se la bebe (a pesar de su extensión) es por la amenidad de Dumas.
La novela relata la historia de una venganza. El joven marinero Edmundo Dantés -tan honrado como ingenuo- se enamora de una señorita llamada Mercedes. La señorita le corresponde. Dantés es ascendido en su carrera profesional. Todo parece sonreírle, pero los éxitos -tanto los amorosos como los profesionales- tienen sus envidiosos, siempre al acecho. El día de su boda es detenido, le acusan de ser espía de Napoleón. Falsa acusación. Trece años en el castillo de If. El abate Faria -con el que coincide entre rejas- le iniciará en muchos saberes, entre ellos el modo de interpretar al ser humano. Con esos nuevos saberes, Edmundo Dantés sale renovado del calabozo e iniciará el bonito camino de la venganza.

Tomás García Yebra

(continuará)


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