Las Navas del Marqués a 29 de septiembre de 2020   

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MARIVÍ AMÍROLA
El lápiz
  Taller de periodismo  | 19 de julio de 2020

Se dispuso a escribir. Sabía que esa afición necesitaba disciplina. La inconstancia provocaba herrumbre mental, falta de agilidad y dificultaba que nuevas ideas surgieran, pues la inspiración deja de visitarte.
Colocó un taco de folios, un par de buenos lápices y se sirvió un café amargo y humeante. Siempre se enfrentaba a la página en blanco con un lapicero; luego trasladaba la obra al ordenador para pulir el escrito.
Aspiró el aroma sujetando el vaso con ambas manos. No le gustaban las tazas.
Con los ojos cerrados dio el primer sorbo invocando una idea que plasmar, un inicio; después dejaría que fluyera y se desarrollara.
Percibió un movimiento aún con los párpados cerrados -será alguno de los pájaros que revolotean de una ventana a otra- pensó.
Roto ya el momento de recogimiento, empezó a afilar el lápiz. Observó la voluta de madera surgir por la cuchilla, como sangre sólida que emana de la herida infringida a la madera -sacudió la cabeza desechando esa idea un tanto macabra.
Un golpe la hizo dar un respingo. Una paloma se había estrellado contra el cristal y desvanecida caía dejando un fino rastro rojo; aún aturdida, sacudió las alas y remontó un vuelo torpe y errático.
Un timbrazo la sobresaltó; tardó unos segundos en comprender que llamaban a la puerta.
Acudió a abrir preguntándose quién sería.
- Buenas tardes, soy el vecino. Acabo de mudarme y mi gato se ha escapado, creo que está en su terraza.
¿Está usted bien? Parece alterada y está muy pálida.
- Sí, lo siento. Me he sobresaltado un poco, no esperaba a nadie.
Ah, por eso se estampó la paloma contra el cristal- pensó - Sígame, es por aquí.
Inició el estrecho pasillo dándole la espalda
- Creía que ese piso permanecía vacío- comentó llegando a la sala.
Súbitamente un empujón la volcó sobre la mesa, se golpeó la frente. Todo el peso del otro cuerpo la inmovilizaba; un brazo le aplastaba la nuca, la otra mano la manoseaba buscando introducirse bajo la falda. Respiraba con dificultad por la presión que ejercía en su cuello, era incapaz de chillar. Tanteó a la desesperada hasta que asió el lápiz y, al borde del desmayo, lo dirigió hacia atrás con toda la fuerza que pudo reunir. Atinó en un ojo de su atacante que, después de un alarido y un par de estertores, se derrumbó.
Cuando recuperó el aliento se incorporó aterrada, escupió sangre, comprobó que él permanecía en el suelo. Temblorosa, dando tumbos en su alocada carrera, salió de allí chillando; bajó las escaleras desbocada, sin ser consciente de cuántos peldaños descendía con cada paso.
Una vez en la calle pidió auxilio en un estado de nervios incontrolado.
Tuvieron que llevarla al hospital. Tras un reconocimiento completo y administrarle un tranquilizante se enfrentó a las preguntas de la patrulla.
- Ha sido usted muy valiente, es una chica con suerte. Probablemente se trata del violador en serie que llevamos meses buscando.
Convence a la víctima para acceder a la vivienda, la asfixia hasta que desfallece y después lleva a cabo la violación.
- ¿Ha muerto?
- No, pero tiene una lesión grave. No saben cuáles serán las secuelas.
- ¿Y ahora?
- Pasados uno días tendrá que declarar y habrá un juicio. Es un proceso lento; le dará tiempo a descansar y recuperarse. Dispone de varios equipos especializados de ayuda para mujeres asaltadas. Se ocuparán de usted.
¿Quiere que avisemos a alguien?
- ¿Seré capaz de remontar el vuelo?
- ¿Perdón?
- Nada cosas mías- casi murmuró mientras las lágrimas volvían a brotar y se esforzaba por regular la respiración.


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