Las Navas del Marqués a 29 de septiembre de 2020   

38 visitas ahora

 

ANDRÉS BARTOLOMÉ
EN LA LLANURA DE LOS PERALES (II)

* En memoria de Mari Ángeles Bartolomé Herranz, que compartió la primera parte de esta historia y desgraciadamente no pudo hacerlo con la segunda y última.
Que la tierra le haya sido leve.

  ANDRÉS BARTOLOMÉ  | 11 de agosto de 2020

El 23 de julio de 1937 comparece ante el juez en la cárcel provincial de Salamanca “el detenido David Gómez Varela, de estatura regular, color natural y pelo moreno rizado".

Delegado de la CNT en los talleres de la revista “Ahora”, refiere que el 20 de julio de 1936 fue asesinado un compañero linotipista y que, “sintiendo temores” se lo comunicó a otro colega, Plácido Huerta, y “decidieron ingresar en el cuartel general del coronel Mangada, en el frente de Navalperal”.

Ambos se enrolaron en el “cuartel general” establecido en la madrileña Casa de Campo. Ese mismo día se le procuró al compareciente –y suponemos a su compañero– “un salvoconducto para marchar a Navalperal y un fusil mauser con su dotación de municiones”.

Una vez en el pueblo “habló en el cuartel general que estaba establecido en una casa inmediata a la estación" –La Pila, que tantas veces hemos citado aquí– “con el teniente Fernández y posteriormente con el coronel Mangada”, sin explicar “cómo sin conocer a ninguno” de los jefes “fue recibido por ellos”, y “lo que es aún más extraño”, les fuese ordenado “que quedasen en el cuartel general”.

Respecto a sus cometidos allí, David Gómez explica que “solo hacía de centinela” y se encargaba del “acarreo de agua”. Cuenta además que la fuerza que prestaba vigilancia “era de unos ochenta hombres” y que había “rumores en relación con un atentado que se preparaba contra el coronel Mangada”. Le extraña a los interrogadores que el acusado entrara a formar parte de ese círculo de protectores en torno al jefe republicano sin haber merecido antes su “completa confianza”, a lo que el prisionero indica que “a él no le habían preguntado nada para su ingreso, ni podía presentar tampoco ningún mérito”.

Aporta un dato interesante David Gómez, y es que con motivo de la alarma sobre un posible atentado, la vigilancia fue reforzada “con unos diez o doce guardias de asalto llamados Los Linces, y otro grupo de milicianos que llamaban Los Malditos, de la misma cuantía aproximadamente”. Se trata de dos grupos que constituyen lo peor entre las filas republicanas en ese momento en Navalperal, y a los que cabe achacar no pocas muertes en la retaguardia.

Acerca de si en el cuartel general presenció “alguna violencia” con prisioneros dijo que “no porque los encargados eran la patrulla de Los Malditos”, si bien “se enteró de que algún detenido o detenidos eran asesinados” por este grupo “en la carretera”, y dijo recordar Cebreros como uno de sus lugares de macabra acción.

Sigue el prisionero sobre el manejo del arma que le procuraron, y relata que su aprendizaje lo emprendía “por las tardes en la misma huerta de la casa” [de La Pila] donde hacían “ejercicios de fuego tomando como blanco un bote vacío” y que incluso “alguna vez disparó contra los aviones nacionales que pasaban por allí”.
Las últimas explicaciones respecto a lo que a nosotros nos interesa las ofrece el reo acerca de los desplazamientos de Mangada a Madrid. Detalla David Gómez que le que acompañó “dos veces” a la capital y que viajaron en tren, aunque al llegar a la Estación del Norte “le esperaban los coches que ordinariamente” utilizaba el militar, que se acomodó en el primero de ellos en unión de varios oficiales, mientras que el segundo lo ocuparon el detenido y otros hombres, todos con “arma larga”, relato que demuestra “incuestionablemente” al tribunal que Gómez formaba parte de la escolta personal del veterano republicano.

El informante “permaneció tres días en Madrid, regresando nuevamente a Navalperal, donde siguió hasta que, enterado de la convocatoria del curso de pilotos, hizo instancia al mismo”.

Hasta aquí las andanzas abulenses de David Gómez, que no convenció al tribunal que le juzgaba por la causa 1505 del Juzgado Militar de la Jefatura del Aire. Su destino se selló con las primeras luces del alba el 7 de noviembre de 1937 en Campo del Marín (Salamanca), donde cayó acribillado por un pelotón de ejecución a las 07:40 horas.

Para conocer el desenlace de lo acontecido a Harold Dahl y al resto de protagonistas de “Con plomo en las alas” es preciso leer a Pedro Corral. Merece la pena.

Foto: Prisión provincial de Salamanca, en la actualidad. Allí estuvo preso David Gómez Varela
Nota: agradecemos a Pedro Corral que nos facilitara una copia del sumario del juicio


COMENTAR

Comentar con tu usuario de Facebook










© ElNaviero.com 2020 - Realizado con SPIP - Administracion y Redactores - Creditos - RSS RSS - Hosting