Las Navas del Marqués a 3 de diciembre de 2020   

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AL PASAR LA FRONTERA
  Juanjo  | 22 de noviembre de 2020

Once de la mañana, sábado, ajetreo de coches, motos y bicicletas desde Las Navas hasta Colmenar Viejo. A pesar de las prohibiciones y recomendaciones, caravanas de coches y motos aprovechan el sol inusual de noviembre para hacerse una escapadita. El bar de la Cruz Verde, con treinta motos aparcadas, coches hasta en la parada del bus, contrasta con el restaurante Magalia, lleno de hojas sus escaleras, a la espera de que quién sabe quién decida cuándo abrir los bares, ahora que la incidencia sigue bajando en Las Navas, ya en zona verde con un positivo en los últimos siete días.

Al paso de la Herrería, dos autobuses dejan senderistas para subir a la Silla de Felipe II, mientras otros dos ya están haciendo maniobras, entre los treinta coches aparcados.

Sigo camino, atravieso El Escorial y cerca de cuarenta coches aparcados en El Tomillar, los primeros clientes disfrutan de la cerveza mientras otros tiran camino de Abantos con mochilas y bastones. Guadarrama, más de lo mismo, terrazas hasta arriba, igual que en Cerceda o Colmenar Viejo.

Visita rápida a una posible clienta y, ¿cómo ir a Colmenar sin llevarte algo dulce en los Manolitos? Casi imposible aparcar, me peleo con un espabilao que me quiere quitar el único sitio. La terraza repleta, cervezas en mesa y pasteles de ensueño que volverán a casa. En la puerta dos vecinas se quejan del confinamiento y sus consecuencias: “todos sabemos que son cuatro tontos, pero lo pagamos todos”. Cuatrocientos casos oficiales por cien mil habitantes y los bares llenos.

De vuelta para casa, en el puente medieval del Manzanares cerca de cuarenta coches, atravesando el camino cerca de veinte personas bien juntas haciendo la ruta. Vuelta por Guadarrama, dos de la tarde, misma tónica, terrazas llenas, ya abarrotada la del Tomillar, y más de doscientas personas en la Lonja del Monasterio, las colas en Floridablanca esperando entrar a comer a los restaurantes se antojan eternas. En la Cruz Verde menos motos pero más comensales, mesas con aforo completo.

Cruzo la frontera y todavía los últimos niscaleros, casi a las tres de la tarde, no se han cansado de buscar. Preparo los justificantes por si sigue el control de entrada de acceso a la comunidad en Magalia. La guardia civil ya no está, pero allí siguen las hojas en la escalinata, quizás esperando a que alguien, desde Valladolid, considere que uno de los sectores más castigados de esta pandemia, donde más se extreman las medidas de seguridad, la hostelería, pueda volver a abrir sus puertas.

Tasa de incidencia en Castilla y León, también cuatrocientos nueve casos por cien mil habitantes en los últimos siete días, como en la ciudad de los "Manolitos".


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