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DOCE CUADROS/DOCE POEMAS (EXPOSICIÓN)
Un cuadro / un poema de Urbano Blanco Cea
  José María  | 25 de junio de 2012

El viernes se inauguró la exposición de pinturas de Fernando García De Juan “Nano”. Tiene la particularidad, no sé si originalísima pero si singular de acompañar cada cuadro con un poema de Urbano Blanco Cea relativo al lienzo. Del acto en sí dará cumplida información Juanjo pues allí estaba con su cámara.

Yo, aquí, me referiré a un cuadro en concreto, el titulado ’Taller Fallero’. ¿Por qué? ¿Por qué ese en particular? Todos se lo merecen, pero veamos: la pintura... bueno... una determinada clase de pintura, nos muestra un instante que tiene voluntad de eternidad. En este aspecto es parecido a la fotografía que congela el momento para que no se vaya nunca. Pintura y fotografía son, en este sentido, antinaturales. Antinatural, pues la naturaleza es movimiento perenne que no espera al observador y sigue transformándose continuamente sin que los instantes, los momentos sucesivos se repitan como clones. Una variedad infinita de factores impiden esa clonación. Para potenciales observadores futuros los pintores y fotógrafos plasman unos remedos de periquetes, a los que la imaginación y la inteligencia del espectador les ayudarán a intuir lo que sucedió.

Esta misión -muchas veces sin ninguna voluntariedad del autor- puede ocupar, y de hecho lo ocupa muchas veces, el lugar de resto arqueológico. A saber: supongamos que con el paso del tiempo los gustos de los valencianos cambian y abandonan las fallas y sus monumentos falleros con sus ninots. Puede ocurrir. La vida sigue y lo mismo que la naturaleza no congela sus periquetes, así las costumbres evolucionan, sin cesar, de manera que pocos centenares de años después no las conocen ni la madre que las parió. Para saber de momentos pasados, de periquetes, de instantes, están la pintura y la fotografía que hacen ese segundo particular, concreto, se transforme en eterno.

El cuadro al que yo me refiero representa unos ninots de un monumento fallero que el pintor Fernando García De Juan, ’Nano’, conoce muy bien. El acto de pintarlo es, como en literatura el relato dentro del relato, un acto dentro de otro acto. Cervantes lo ultilizó en El Quijote intercalando novelitas dentro de la novela del Quijote. Un poco forzadas a veces. Como pegadas. Pero utilizó esa arma artística. Otros la perfeccionaron después. Recuerdo ahora a Conrad en ’El corazón de las tinieblas’ una narración dentro de la narración a propósito de un personaje. De una manera natural. Este cuadro que citamos es un ejemplo: el pintor, al actuar sobre la tela con sus pinceles va montando una historia dentro del acto creador de los artistas falleros. Conserva el cuento que estaba hecho para ser quemado por el fuego. Lo eterniza. Lo arqueologiza. Las figuras del momento fallero cobran una dimensión fraudulenta, una vida perenne, una belleza de bobalicona vaciedad. Como los tontos de Machado que parece que miran con la boca, estos ninots parecen miran con la nada. Como asombrados, alelados, de que su belleza hueca no pueda permanecer ni siquiera como muñecos. Estupefactos de que sus formas no comiencen a latir y sentir y reir. Con rabia interior, interiorizada porque no sale al exterior teniendo, como tienen al lado, por ejemplo, fofos y estúpidos figurines que se creen algo sin serlo. Pasmados de que no haya alguien que venga y les diga:

-¡Levantaos y andad! Y libraos del incendio, de la muerte, de la nada.

Como esperamos que alguien vengan a rescatarnos de esta crisis que nos tiene en vilo sin poder hacer nada. Estupefactos y atónitos ante la posibilidad, cierta, de que desde arriba chisquen la barraca y todos nos veamos abrasados por la miseria.

Pero he aquí a un pintor que comete una traición a la fugacidad, el ultraje de la permanencia. Y las vemos, los vemos, ahí, con sus asombros y estupefacciones, libres para la eternidad de ser condenados al fuego.

Eso es lo que destaco de la exposición de Fernando García de Juan ’Nano’, de sus cuadros. Algo hay que destacar. No se puede hablar de todos. Y lo hice constar en un cuaderno. Por poner un ejemplo.

Para terminar lean el poema de Urbano Blanco Cea que viene a decir algo parecido con pocas y hermosísimas palabras.

Taller fallero (destino el fuego)

Inmortalidad otorgada,
dilatación de la belleza de un instante.
Plasmar la consistencia, la maleabilidad de sustancias
que pueden ser desmenuzadas con las manos,
cartón piedra desnudo que vestirá de tintes,
que puede alumbrarse en los dedos del mago:
de la nada a la vida.
He aquí una imagen de inminencia
metáfora de lo efímero
fría existencia material,
así los humanos que no intentan contemplar
que miran si ver
que esperan que el río termine de pasar,
la razón varada, el cerebro inútil,
la pereza de pensar, cuando somos por ello.
Sea la sensibilidad
avenecia y armonía de razón y sentimiento,
vibre en cada célula
como vibra en el pincel que seduce a la belleza
nos eleva como alfombra de aire
y nos conmina a reflexionar
desde la contemplación de una estampa sublime
profunda como los afectos nobles
diáfana como el horizonte
para que no nos derrumbemos
en la constancia inexorable de purificación, combustión y desaparición
tan parecida a la muerte.
En el proceso fallero la propia vida
concepción, nacimiento, vida y espera
tal vez esperanza.
La tristeza, la amenaza de la muerte
que afila, templa y blande la guadaña
en la fragua del destino
invisible por argucia del autor.


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