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LOS MARTES O MIÉRCOLES MA GALIO
Ma Galio pone un ejemplo
  José María  | 11 de septiembre de 2012
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Bien puede decir Ma Galio: llegué, vi y me hundí en la realidad objetiva del mundo exterior. Nada mas llegar de vacaciones. ¡Fuera telarañas!: La crisis sigue. Aquí, como en Valdepeñas y en el resto de España. Las empresas siguen presentando ERES Y los trabajadores al paro o al paro temporal; u horas extras sin que las abonen. Se cierran locales, la construcción desaparece, el paro avanza, las familias se arruinan. El miedo agarrota los espíritus, paraliza acciones. Se resignan las gentes ante muestras del mas descarado favoritismo de los instalados en el poder. Muchos parados no son empleados en trabajos comunitarios porque a los caciques de turno no les caen bien. Las listas negras deben de estar encima de las mesas de despachos: este no trabaja y este si porque es mi amigo y me vota. Y no hay mas que hablar. En las próximas elecciones vuelta a votar lo mismo. Es la inercia social que es el mas firme sostén del orden establecido.

Pero la pasividad, piensa nuestro sabueso particular, se manifiesta hasta en pequeños detalles. Por ejemplo: un vecino le comenta que ha visto talar árboles en la vía pública. Corte que, supone, clandestino porque el tronco aparece escondido por tierra y hojas. Y se lo muestra. El guardia civil le dice:

-¿Y por qué no lo has denunciado?

-¿Yo? ¡Anda allá! ¿Para que me fichen? Que protesten los forestales o que haga algo el concejal de Medio Ambiente.Si hay o si pinta algo.

-Tu deber como ciudadano es poner el hecho en conocimiento de las autoridades.

-¿Qué crees? ¿Que no lo saben? Pues te diré: hace pocos años, enfrente de lo que hoy es biblioteca, justo en la acera de enfrente, había un árbol centenario, un abeto y lo cortaron para hacer unas casas. Yo creo, no lo sé, que ese hecho es punible. Es como si cortaran un bien comunal porque a una persona le molesta. Allí los pájaros tenían sus nidos y alegraban los oídos de las gentes. Y lo cortaron. Y las autoridades lo sabían. Claro que lo sabían. Como esta tala que te he mostrado. ¿Voy a ser yo el que de la cara? ¿Para que me la partan? No, ni hablar.

Así son las cosas, piensa Ma Galio. Y no hay que enfadarse por ello. Se necesita otra clase de seres para cambiarlas. Seres arrojados, valientes, libres de prejuicios, que no se dejen engañar o amedrentar y que digan eso de:

-Si nada tengo, nada puedo perder, excepto las cadenas que me aprisionan.

Así solía decir uno que él bien conoció. Y que quiere ponerlo de ejemplo hoy, aquí, Ma Galio, miembro de la muy digna y benemérita Guardia Civil. Lo hace porque fue un Hombre sin tacha, de los pies a la cabeza. Que, por cierto, se libró de milagro morir malamente.

Fue así su aventura y se la contó muchas veces: corría el año 35 o 36 del siglo pasado, en el pueblo las autoridades tenían un cupo de obreros a los que tenían que contratar en cumplimento de la legislación republicana. Para entorpecer la labor de la República los caciques reprimían de muchas formas; si podían les negaban trabajo a los obreros diciéndoles: ¡Comed República!; o si por el contrario no tenían mas remedio, los contrataban pero teniéndolos sin hacer nada. Ante esto los sindicalistas de la CNT o de UGT les decían:

-Bueno, pues nosotros como obreros no nos moveremos del curro. Nada de lamerle el culo al cacique. Que no nos da trabajo, pues nos sentamos y luego que se joda y nos pague.

Y uno de los mas firmes hasta se enfrentó a los fachas. Y de ese es de quien está hablando Ma Galio.

La Historia nos dice que en julio de 1936 comienzo la Sublevación Militar Fascista (así la denominaba él) Y a este jornalero sindicalista le avisan de que un grupo de falangistas lo busca para matarlo. ¿Por qué? Pues por defender las leyes republicanas. De modo que muerto de miedo -el miedo es libre de estar muerto- huye... ¿dónde?: a Ciudad Real. Allí tenía un primo que, siendo de derechas, podía

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refugiarlo en su casa. Muchos kilómetros. Mas peor es que lo maten a uno de mala manera. Agazapado por el día entre las cepas o entre los olivos, avanza de noche; come uvas o raíces o lo que pilla. Siempre alerta. Oído y ojo avizores. Cuidando de no encontrarse con perros que, por doquier, andan sueltos. Y están hambrientos como él. Por fin Ciudad Real. Sucio, desgreñado, desarrapado, llama a la puerta del primo. Este se asusta al verlo. No lo conocía. Luego le manda pasar. Le explica su situación. El pariente le dice que él no puede tenerlo mucho tiempo. Reflexiona y halla una solución:

-Inscríbete en la CEDA. Como yo. Te ayudaré.

-¡No jodas primo! ¿Cómo me voy a meter en una organización de derechas? Si soy comunista.

-No hay otra solución. Es lo que puedo darte.

Y al día siguiente se va con su primo y se apunta en la CEDA. Lo aleccionan y le dan un fusil. Ya es uno mas de esa organización.

Días después un grupo de falangistas lo va a buscar a la sede de la CEDA. Pero se encuentran con un militante de derechas quien, fusil en mano, junto a otros les dice:

-Yo soy el que buscais. Venid aquí si tenéis c....

Y se fueron.

Luego acabó la guerra. Volvió a Valdepeñas. Se colocó de obrero en una empresa de vinos. Por los años 50 lo detuvieron en una redada contra militantes del PCE. Dos años de cárcel. Vuelta al trabajo. Y vuelta a luchar contra la dictadura. Luego la jubilación y la muerte. Empero antes de esto se enfadó muchísimo con Ma Galio porque se hizo Guardia Civil.

Se entiende: ha homenajeado a Martiniano, su padre. Al que ha puesto como ejemplo. Se ve que aun le duran los vapores etílicos de sus vacaciones en Valdepeñas.


Fotos: a la izquierda, campos de amapolas entre Valdepeñas y Ciudad Real; a la derecha: viñedos en Valdepeñas.


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- Artículo realizado por José María
- Publicado el 11 de septiembre de 2012

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