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LOS MARTES O MIÉRCOLES MA GALIO
Ma Galio se tropieza
  José María  | 1ro de octubre de 2012

Están sentados en el sofá del salón después de comer. Marido y mujer. La hija ha

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salido a jugar con las amigas. Encienden la tele pero Ma Galio al poco la apaga. Esta harto de que a sus compañeros los policías nacionales los pongan como ogros y que a la gente la tilden de golpistas para arriba. Mira a su mujer y le cuenta un sueño extraño que ha tenido la noche pasada: estaba en un tren y en distintos compartimentos iban altos dignatarios de la Iglesia Católica. Él entraba y salía de las distintas salas y les hablaba a cada jefe religioso de hechos protagonizados por la institución eclesiástica: guerras, matanzas, violaciones, lujurias, robos, esclavitudes... Recuerda que a Rouco Varela le citó a los Borgias y la escena de la novela de Pío BarojaCesar o nada’ en la que un fraile enseñaba las catacumbas a turistas y con un látigo pegaba a las calaveras sin ninguna consideración diciendo ’este es el santo tal y el beato cual’. Y al salir de ellas voceaba bien alto para que se comprara las estampas, crucifijos, velas y otros objetos que había expuestos en diferentes chiringuitos. Y no se le olvida que el cardenal español sonreía diciendo:

-Muchacho, la vida es así.

Carolina, su esposa, lo mira atentamente, lo escucha con serena condescendencia y le habla de esta manera:

- En todas partes cuecen habas. Mas por uno no se puede condenar al conjunto. Mira las manis: hay polis o guardias que les gusta pegar, son sádicos, ¿pero todas las fuerzas del orden son así? Olvídate del sueño y de tu anticlericalismo y vámonos a dar un paseo.

El Comandante del Puesto piensa que a su mujer, como a la mayoría del pueblo, les falta leer esa literatura que pone a la iglesia como debe de ponerse: en su objetividad; por ejemplo: El Decamerón, El Libro del Buen Amor, Voltaire, Diderot y buena parte de los escritores enciclopedistas; en España Pío Baroja, Blasco Ibañez, el Sender visionando a Teresa de Ahumada, o algunas explicaciones que andan por ahí en la dirección de su ateismo o descreimiento, aunque parezca mentira; y otros menos conocidos, recientemente editados, como Eduardo López Bago, con la novela ’El Cura’ o Luis Gutierrez con su ’Cornelia Bororquia’; incluso tendrían que tener mas publicidad autores que viven y comen ahora mismo como José Esteban con su ’Refranero anticlerical o el ’Curso acelerado de ateismo’ de Antonio López Campillo y Juan Ignacio Ferreras y un largo etcétera. Pero, en fin no ha cuajado tan sana literatura. De momento. Que se le hacer.

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Acepta la sugerencia de su esposa pues hoy tiene varias horas libre de deberes y salen a la puerta del cuartelillo. Pero no bajan al pueblo, tuercen a la izquierda y se encaminan cuesta arriba hasta la Fuente del Risco. El día templado, sol sin nubes, anima a la pareja. En la fuente y alrededores no hay nadie. El varón se pone románticco. Las lluvias de días pasados han verdecido la tierra. La otoñada luce sus florecillas como una incipiente primavera. Rodean el parque y deciden seguir adelante. La abraza por la cintura. La besa. Continúan por un sendero que pasa rozando la esquina del convento de San Pablo. Los grajos levantan el vuelo chillando cuando Ma Galio hunde sus labios en el cuello de la hembra. Tan encendido está que no ha visto una piedra y se tropieza deshaciendo su arrebato pasional. Su esposa se ríe. Cabreado le pega una patada a la piedra. Furioso, salido de si, la emprende a patadas con toda piedra que ve. De repente se para, mira en derredor. Su instinto policial se pone en vanguardia alejando su mala leche. Dice a su mujer:

-¿Ves?

- ¿El qué?

- Las piedras.

- Si. ¿Y...?

- ¿No te das cuenta? Están colocadas intencionadamente...

- ¿Para que te caigas?

- Forman figuras... Un círculo... Un rectángulo...

Se fijan atentamente. Ven árboles y arbustos poco corrientes en la flora navera. Ejemplo que resalta: un árbol de hojas morado amarronadas casi negras. Abren mas los ojos. Efectivamente hay una hilera de arbustos y gomas negras de las que sale a trechos agua. De modo que, concluyen, antaño, cuando fuere y casi seguro que no hace mucho tiempo, se habría trazado un jardín. Y por lo que fuese fue abandonado.

- Será la crisis -reflexiona en voz alta nuestro sabueso particular.

- ¿La crisis? ¡Ya! Ese es el comodín de la dejadez y el abandono -replica Carolina.

A Ma Galio le gusta lo que ha dicho su esposa. Dejadez y abandono que se nota en todo: el sendero en si, la hierba semiseca con algunos brotes verdes de las lluvias otoñales, las piedras enterradas o semienterradas o esparcidas, árboles rotos o tronchados o secos, enredaderas abandonadas, diminutos abetos, encinas inclinadas o astilladas. Por doquier vegetación agostada. Curiosamente, se derrama agua por las gomas sin ningún fin. El absurdo. El reino de la desidia que casi da en tierra con su cuerpo serrano. Por culpa de esa piedra que le sale al encuentro. Precisamente cuando se le encendía el romancicismo otoñal al Comandante del Puesto Ma Galio. Eximio miembro de la Benemérita, hijo de un obrero de almacén de vinos. Se cabrea. Otra vez. Jura en ese instante que se la van a pagar los culpables de ese abandono, dejadez, desidia, irresponsabilidad... Un rapto autoritario. Cabreo fugaz. Porque... vamos a ver... ¿cómo?... ¿cómo gatear hasta los mármoles consistoriales?... ¿Cómo plantarles cara si una buena parte del pueblo les ha votado?...

No. no podía destronarlos.

Lo sensato es archivar el caso y seguir el paseo. Con cuidado. Mirando bien donde pisa para no tener que ver, otra vez, descompuesta su marcial figura... Eso que le ha ocurrido hoy, hace poco rato, cuando se prometía unas felices horas de asueto, lleno de gozo, con su Carolina querida, tan católica, apostólica y romana.

Conclusión: no podía descargar su ira y tenía que joderse y aguantarse. ¡Mierda de país!


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- Artículo realizado por José María
- Publicado el 1ro de octubre de 2012

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