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Taller de Periodismo
LARRA Y LOS BANCOS (I)

Mariano José de Larra (1809-1837) fue un escritor romántico a la altura de Espronceda o Rosalía de Castro.Aunque la especialidad en la que nos fijaremos en esta serie de articulos es su faceta periodística. Más de doscientos artículos llenos de sátira y crítica a la situación social y política de aquella época. Curioso cómo algunos de aquellos artículos aún estarían en vigor.
Como si no se hubiese suicidado a los 27 años, el diputado por Ávila - aunque no llegó a recoger su escaño-, aterriza en pleno 2012 y con la visión crítica que siempre tuvo en sus escritos nos examinará a `su manera´.

  Taller de periodismo  | 12 de noviembre de 2012

Caminó Larra hasta la plaza de Ramales. Tenía que realizar una gestión en su banco.
Dejó la chistera y el bastón en la entrada, se acercó hasta la ventanilla y preguntó por su plan de pensiones. Quería incrementar la aportación mensual.
La señorita se acercó al buró, cogió la ficha y estuvieron comprobando las cuentas.
-¿Sabe usted que el capital de su plan de pensiones no está garantizado?
-¿Cómo que no está garantizado? Es un dinero que yo entrego a ustedes mensualmente para que ustedes lo inviertan y, cuando me jubile, me lo devuelvan con los correspondientes intereses. Firmamos el contrato. Ustedes, además, fueron quienes me lo ofrecieron.
-Sí, el contrato está firmado, pero eso no significa que el capital esté garantizado.
-¿Qué quiere decir? ¿Que existe la posibilidad de que después de abonarles a ustedes durante treinta años una determina cantidad, esa cantidad se volatilice?
-Tal como está configurado este contrato, así es.
-Entonces lo retiro ahora mismo.
-No puede. El plan de pensiones sólo lo puede retirar cuando se jubile o si se queda en el paro.
Larra se atusó ligeramente el tupé.
-¿Qué puedo hacer? –preguntó con ansiedad.
-Podemos acordar otro plan de pensiones. Un plan donde el capital sí esté garantizado.
La señorita le acercó los impresos.
Se ajustó Larra las antiparras. La letra era microscópica. La señorita le entregó una lupa. Ahora sí los leía:
“Esta entidad se compromete irrevocablemente y sin perjuicio de lo expuesto en los apartados ‘f’ y ‘h’ sobre ‘efectividad de la garantía’ y ‘duración’ respectivamente, a abonar a los partícipes la cantidad bruta necesaria para que, sumada ésta al valor liquidativo de las participaciones a la fecha de vencimiento de la garantía, según se detalla tal fecha en el apartado siguiente ‘d’, sea igual al valor liquidativo final garantizado si aquél fuera inferior, tal como se indica a continuación”.
Caviló Larra durante unos segundos. Aproximó de nuevo la lupa y continuó leyendo:
“Para las aportaciones y traspasos que se realicen durante el periodo de comercialización, el Valor Liquidativo Final Garantizado se define:
“VLFG = Máx (Vlm, Vlc), siendo Vlm el valor liquidativo mensual, entendido éste como el valor liquidativo del último día hábil del mes en que se realice la aportación o en que se haga efectivo el traspaso, excluyéndose el sábado como día hábil.
“Siendo Vlc el valor liquidativo consolidado, entendido éste como el máximo valor liquidativo de las participaciones del último día hábil de cada trimestre natural, comprendido entre la fecha de las aportaciones y/o traspasos recibidos y el vencimiento de la garantía”.
Se despojó Larra de las antiparras.
-¡Ahora, sí! ¡Ahora sí está todo comprendido! ¿Quién ha redactado esta carta de garantía?
-Nos viene de dirección.
-Felicite a la dirección. Es una pieza de orfebrería financiera absolutamente magistral.
La señorita sonrió satisfecha.
-¿Qué aportación mensual va a efectuar a partir de ahora?
-Lo voy a doblar.
-Firme usted ahí –le dio una hoja-, y ahí, y ahí, y también ahí. Le acercó siete hojas más, con muchos párrafos cada una de ellos.
-¿Ya está?
-Ya.
-Este banco ganó el año pasado 18.000 millones de euros, ¿no es así? –preguntó Larra.
-Algo así –respondió la señorita.
-Y se anuncian nuevas inversiones en la fabricación de bombas de racimo.
-Así es.
-¿No es fabuloso?
-Fabuloso del todo –respondió la señorita con una sonrisa de oreja a oreja.
-VLFG = Máx (Vlm, VIc) ¡Cómo no me di cuenta antes!
-Adiós –dio un chisterazo al aire desde la entrada-. Y no se le olvide felicitar a la dirección. El castellano que maneja este banco sería la envidia de don Luis de Góngora y Argote.
-No; no se me olvida –se despidió la eficiente empleada desde el otro lado de la cristalera.

El Caballero Audaz. (continuará…)


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 1 comentario
  •  LARRA Y LOS BANCOS (I)  17 de noviembre de 2012 20:32, por Juanjo

    Precursor del artículo de opinión, Larra publicó cerca de doscientos artículos en una época -casi doscientos años atrás- en que la comunicación no iba más allá del boca a boca, fuera de los libros que poco hablaban de lo cotidiano. Si publicaramos alguno de esos artículos en un periódico actual - obviando el lenguaje - podríamos estar describiendo problemas de 2012. O no aprendemos o no interesa la solución a esos problemas.

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- Artículo realizado por Taller de periodismo
- Publicado el 12 de noviembre de 2012

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