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REFLEXIONES
Transparencia y buen gobierno, ¿sí o sí?
  Santos  | 22 de enero de 2013

Mientras repaso la prensa del día, estoy preguntándome por qué no hemos sido capaces de hallar los cauces acertados para, (a la vuelta de treinta años de democracia), sabernos situar dentro de una Europa en crisis económica. Durante el gobierno del PSOE escuchamos muchas veces al presidente explicar que no podríamos salir por delante del resto de la UE porque se trataba de una “reacción en cadena”."La crisis no se ha generado en España, por lo tanto, no saldremos solos, sino cuando toda la UE sea capaz de encontrar el rumbo adecuado", afirmaba. Y eso le costó las elecciones de 2011, entre otras cosas, no quisiera ser malinterpretado como radical o parcial en mis argumentos. Pero ustedes ya me entienden.

Y el mapa de España se tiñó de azul. Parecería que iba a durar para siempre. La euforia de los populares y de los millones de votantes que les dieron luz verde para gobernar, me recuerda esos sistemas populistas que no salen de su asombro afirmando ¡ahora sí!, y dan todo el crédito por adelantado.
A poco menos de dos años de gobierno se suceden las noticias sobre descrédito, falta de programa –y de soluciones, obviamente-, corrupción, silencios que sospechosamente hacen pensar en alianzas con nacionalistas, leyes que no terminan nunca de aprobarse por impopulares y se escudan tras prórrogas que duran años, análisis cuyos resultados se dan a conocer parcialmente… No acaba de verse perspectiva más o menos coherente para una salida, más o menos acertada, de una crisis que nos tiene al borde del rescate hace ya tanto, que ha dejado de preocuparnos si la prima de riesgo sube o baja de los 400 puntos básicos, cuando, en otros tiempos, acercarse a los 250 nos hacía temblar ante la debacle que se intuía o se vaticinaba.

Que la cifra de parados pueda llegar a los siete millones con el gobierno del PP tampoco es ya la noticia más decepcionante, por dramática que es (no es una cifra, sino millones de familias); ni siquiera los desahucios aparecen en los titulares de los diarios de circulación nacional (cuidado con la interpretación del término, quiero decir los que circulan por todo el país). Pero cada día nos despertamos con un nuevo dato que se expresa en cifras, estas sí –millones de euros– de corrupción: un hijo de político aquí, un millonario ex alto cargo de otro partido allí, alguien que “presuntamente” ha prevaricado, aquellos que llevaron las cajas de ahorro a la bancarrota, pero no renunciaron a sus sueldos por haber `aconsejado’ de aquella manera, otro que sale indemne de un juicio tras una escandalosa trama de corrupción de venta y compraventa de terrenos para urbanizaciones…
¿Cómo puede regenerarse la democracia si hasta los “cerebros” más celebrados (perdónenme la cacofonía, también es intencional), ahora proponen un “supervisor”, una especie de fiscal dentro de los partidos políticos que “controle” y “evite” los casos de corrupción?
En mi opinión semejante idea está declarando la incompetencia de la justicia, de los jueces y fiscales para hacer cumplir la ley y sancionar debidamente a los responsables de infringirlas.
El Partido Popular aprobó un Proyecto de ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno que debería de bastar para que, de cumplirse tal y como expresa en cada uno de sus títulos, capítulos, artículos e incisos, no haría falta ni siquiera la intervención de los tribunales, de tan bien que marcharían las instituciones democráticas. Pero, aunque los argumentos de alcaldes altruistas y concejales que hacen de fontaneros –y cualquier clase de oficio, siempre que sus vecinos lo necesiten– en los pueblos, que trabajan literalmente por amor al arte, porque no perciben remuneración alguna, sigan siendo esgrimidos cada vez que se alude a la corrupción, los ciudadanos cada vez están más decepcionados de la clase política; cada vez creen menos en el “altruismo” de quienes hacen su trabajo “por el bien del conjunto de los ciudadanos”, como tanto gusta decir el Presidente del Gobierno.
No hace falta crear nuevas leyes que se superpongan a las existentes, no hace falta “colocar” figuras incorruptibles que “fiscalicen” el trabajo de los políticos, no es preciso seguir abultando con cargos profesionales que sigan cobrando del dinero de todos los ciudadanos para garantizar la transparencia. Hace falta tener sentido común, capacidad de discernimiento y exigencia, mucha exigencia de los ciudadanos a quienes los representan: cuando no cumplan la responsabilidad que las urnas les confiaron y ellos juraron, a la p… calle. Eso es vivir en democracia. Eso es comenzar de una buena vez a regenerar la democracia.


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